“Desquicios”, de Perla Muñoz, en la colección Avispero, es el primer libro de una narradora total, que puede escribir sin que se espante el mundo sobre el mundo espantado.

Ciudad de México, 2 de septiembre (SinEmbargo).- “Si algo sorprende y perturba en un primer libro, compuesto además por una jovencísima escritora, es la falta de ingenuidad. En Desquicios, Perla Muñoz rechaza todo efecto retórico, condensa el relato, se compromete a no girar la cabeza hacia otro lado. Entre baba, vísceras, trozos de lengua, existencias atravesadas por la rabia o el abandono, estos relatos brutales, negros como los grabados de Goya, nos arrojan a una pesadilla reincidente: el canibalismo social de un lugar (un país, quizá) (todavía) llamado México. Pocas cosas parecen salvables en un lugar así. La escritura de Perla Muñoz, que confronta esa violencia desde la escritura sin tranquilizarnos, es una de ellas”, dice la conocida escritora Vivian Abenshushan.

Desquicios, publicada por Avispero, no sólo tiene el aval de Leonardo Da Jandra y Agar García –a quienes está dedicado el libro-, sino que consuman el pudor de una niña encendida, cansada de ver el mundo espantado y que nadie se dé cuenta de ello.

No sólo están los fantasmas de Perla Muñoz, sino todos los fantasmas que dominan un país, México, perdido en la sinrazón de lo que no puede nombrarse ni decirse.

La cabeza de una india en una fuente llena de perlas es la portada de un libro (obra de Daniel Lezama) que tiene a un anciano que quería dar besos a las ancianas, Jacinto “el pobre niño de la pierna chueca y la frente grande que nunca ha visto la noche”, la madre como un helecho esponjado, un Jaime que ya no tiene ojos a causa de las aves negras.

Perla Muñoz, joven autora nacida en Oaxaca. Foto: SinEmbargo

Esos son algunos de los temas de Perla, nacida en Ocotlán de Morelos en 1992, quien estudió Letras Hispánicas y que vive como cuenta cuentos.

“Publicar estos cuentos ha sido una gran sorpresa para mí. Estaba como alejada, no pensaba en publicar tan pronto, pero estuvimos trabajando el libro y Leo y Agar me dijeron que ya era hora de que saliera y yo comenzara a tomarme en serio esta disciplina”, confiesa la autora en la librería Rosario Castellanos.

“Convivir en soledad conmigo, con estas cosas que a veces me perturban, de repente es incorporar a otra gente. El lector debe despreciar todo este ambiente de violencia que nos puebla, estos personajes tan inhumanos, luchando contra esa oscuridad, debe salirse el lector de su lugar tranquilo”, afirma.

Perla comenzó a trabajar en estos cuentos hace aproximadamente dos años. Son 19 relatos, basadas en principio en una frase que ella escuchó de una amiga: “La escritura es el espejo de uno mismo”, dijo.

“¿Yo soy esto? Tengo miedo de lo que tengo adentro, si soy un monstruo, la escritura es lo que me permite sacar esos fantasmas”, dice la autora en un reflejo de que la escritura puede ser espejo y también bisel de uno mismo.

“Estos personajes quedaron en muchas posibilidades y yo sigo escribiendo, eso es una rutina que me impuse por consejo de Leonardo, quien dice que un escritor es con esfuerzo y disciplina”, expresa.

“Todos esos personajes quisiera detenerlos, pero no puedo. ¿Eso que está pasando allá afuera por qué habría de escribir estas historias con personajes normales? Lo que está pasando en México es de terror. Por un lado quisiera abandonarlo, porque me consume, a mí también y como a todos me pone mal, pero sí me gustaría que la literatura diera cuenta de la realidad bastante caótica, complicada”, afirma.

“Mi generación está demasiado narcisista. Todo es yo, pero la verdad es que hay otras personas en la realidad y deberíamos verlas. Mis personajes son completamente casi inhumanos, sólo quedan vestigios de lo que alguna vez fuimos y es eso lo que quiero contar”, concluyó.