México, 17 jun (EFE).- México desarrolló su arqueología a partir de la búsqueda de un pasado propio con profundas raíces y una enorme riqueza cultural, asentada en Mesoamérica, una de las seis grandes culturas originarias del mundo, dijo a Efe el arqueólogo Eduardo Matos.

“En México tenemos una enorme tradición arqueológica que se remonta al interés que existía en el mundo prehispánico por conocer las culturas anteriores”, explicó en entrevista el especialista que desde 1978 dirige el Proyecto Templo Mayor.

Al comentar su más reciente libro, “Arqueología del México antiguo” (INAH-CONACULTA, Jaca Book, 2010), Matos destacó que Mesoamérica forma parte de las culturas originarias junto a Egipto, Mesopotamia, China, el Valle del Indo y la zona andina.

Allí surgieron las primeras ciudades “con su división social, escritura y especialistas de tiempo completo”, aseveró.

En el libro, Matos ofrece un recorrido cronológico de los avances de la arqueología mexicana desde sus orígenes en la época prehispánica, el interés de los frailes novohispanos, la reivindicación independentista del pasado indígena como parte integral de lo mexicano, hasta el desarrollo de esta disciplina como ciencia en el siglo XX.

El arqueólogo, uno de los más prestigiados del país por sus descubrimientos en el Templo Mayor, dijo que los conquistadores españoles, “por un lado, admiraron los vestigios del pasado y, por el otro, los destruyeron porque consideraban que era obra del demonio”.

Los frailes buscaban penetrar en el pensamiento y las costumbres de esos pueblos para extender la evangelización de pueblos considerados paganos, y la historia de este proceso fue contada por los cronistas como frailes Bernardino de Sahagún, Diego de Landa y Diego Durán.

La destrucción abarcó desde ídolos hasta templos, entre estos el Templo Mayor, donde la última etapa de construcción fue arrasada hasta sus cimientos, como parte de la lucha ideológica para cambiar la forma ancestral de pensamiento de todos los pueblos e imponer una nueva religión, afirmó Matos.

“La destrucción fue terrible y los frailes cronistas la comparan con las plagas de Egipto, y esto va a provocar una resistencia del indígena que trata de mantener sus creencias”, dijo.

Por este motivo, añadió, cuando los indígenas construían iglesias cristianas se las ingeniaban para colocar alguno de sus ídolos ocultos en los muros, y cuando acudían al templo “en realidad le estaban rindiendo culto al que estaba escondido”.

El experto también recordó que las primeras expediciones en Palenque, en el sureño estado de Chiapas, fueron organizadas en el siglo XVIII por orden del gobernador de Guatemala, la última a cargo del capitán Antonio del Rio, quien da un informe sobre lo que encuentran en el lugar.

En 1790 se registró un hallazgo fundamental de dos grandes monolitos: la Coatlicue y la Piedra del Sol, conocida como Calendario Azteca, en la plaza central de México, capital de Nueva España, debido a las obras de construcción del sistema de drenaje.

“Estas esculturas monumentales ya no fueron destruidas, ya los tiempos habían cambiado”, aclaró.

El Calendario fue empotrado en la torre poniente de la Catedral metropolitana, donde se mantuvo durante un siglo, y su exhibición buscaba rechazar las críticas en Europa de que España había conquistado pueblos bárbaros.

La Coatlicue fue enviada a los patios de la Universidad Nacional, debido a que no se entendió su significado, pero después fue enterrada, ya que los indígenas acudían a colocarle cirios a la diosa de la tierra, lo que fue considerado una amenaza a la religión católica.

Matos señaló que una historia interesante fue la recuperación de diversos símbolos aztecas en la etapa del México independiente, en particular el del águila y la serpiente en el nopal, que fue incorporado como elemento central de la identidad de la nación.

“Incluso el país adopta el nombre de México, que es un término de origen náhuatl”, indicó el especialista.

También destacó que desde el siglo XIX llegan a México numerosos exploradores que visitan sitios como Xochicalco, en Morelos, Montealbán, en Oaxaca, “pero lo más atractivo para ellos es la zona maya”.

Finalmente, en el siglo XX se desarrolla la arqueología mexicana con el apoyo de la creación de la Escuela Internacional de Arqueología y Etnología, que fue respaldada por México, Francia y Prusia, así como por las universidades estadounidenses de Columbia, Harvard y Pensilvania.

El desarrollo fundamental de la arqueología lo hace Manuel Gamio, quien impulsó el primer proyecto antropológico integral con la inclusión de geólogos, biólogos, geógrafos, entre otros, y que se conoció con el nombre de La Población del Valle de Teotihuacan.

“En 1939 se creó el Instituto de Antropología e Historia (INAH) que se encargó de la investigación, preservación y difusión de todo el patrimonio arqueológico y colonial hasta nuestro días”, explicó Matos. EFE