Nueva Delhi, 24 jun (EFE).- Las huelgas de hambre que el “mahatma” Gandhi utilizó para conseguir la independencia de la India es hoy, más de seis décadas después de su muerte, el principal instrumento reivindicativo en este país asiático.

Protestas recientes como las del activista gandhiano Anna Hazare y el gurú del yoga Baba Ramdev, que ayunaron en contra de la corrupción rampante en el país, han vuelto a poner en la palestra un método que el “mahatma” empleó en 17 ocasiones durante su vida.

En uno de los últimos casos, 50 periodistas de la metrópoli de Bombay (oeste) reclamaron la semana pasada mediante una huelga de hambre colectiva más protección tras el asesinato del reportero Jyotirmoy Dey, que estaba en la mirilla de grupos mafiosos.

“En nuestra república de cero tolerancia hacia los disidentes políticos, los gobernantes ven la huelga de hambre como un arma de trastorno masivo, de redención masiva”, sostuvo el ensayista S. Prasannarajan en un artículo en la revista “India Today”.

“Para Gandhi, el ayuno significaba desobediencia civil en su modo más puro: ‘satyagraha’ o el poder de la verdad. Sufrimiento y sacrificio, palabras fundamentales en la narrativa del ayuno”, explicó Prasannarajan.

El septuagenario activista Anna Hazare, que negocia con el Gobierno un proyecto de ley que confiera un papel más importante a la sociedad civil en la persecución de la corrupción, ya hizo una demostración de fuerza en abril con una huelga de hambre.

Ahora, descontento con los resultados de las conversaciones, amenaza con volver al ruedo el próximo agosto.

“No existe otra vía más que el ayuno para protestar contra” la corrupción, declaró esta semana Hazare, fiel seguidor de la filosofía no violenta de Gandhi y de su táctica favorita, que cuenta con gran arraigo en la religión hindú, mayoritaria en la India.

“Anna no tiene miedo a la muerte. Puede que nos disparen (…) para reprimir nuestras protestas, pero así la gente de este país podrá descubrir si los gobierna una democracia o una dictadura”, dijo Hazare sobre su lucha, según el rotativo indio “The Hindu”.

Su ayuno de abril obtuvo un espectacular respaldo de las masas, algo que animó al controvertido gurú Baba Ramdev, que cuenta con millones de seguidores, a lanzar una protesta similar a principios de junio en la que llegó a pedir la horca para los corruptos.

Primero lo hizo en Nueva Delhi junto a miles de fieles, pero fue desalojado por la fuerza por la Policía al cabo de un día y luego continuó varios días más en la localidad norteña de Haridwar, hasta que fue hospitalizado por el deterioro de su salud.

“Puede que adoren a los mismos dioses y mencionen las mismas escrituras, pero no todos (los gurús) -y sus ayunos- son iguales”, denunció recientemente “The Hindu”, en alusión a la búsqueda de popularidad de algunos de los que recurren a la huelga de hambre.

El diario -uno de los más influyentes entre la clase educada de la India- contrapuso el caso de Ramdev al del gurú Nigamanad quien, de manera más inadvertida, acabó el pasado día 13 llevando su ayuno hasta el final: la muerte.

Nigamanand, de 36 años, protestaba desde febrero contra la contaminación del río Ganges provocada por las actividades mineras ilegales y falleció 114 días después de iniciar el ayuno.

Pese a que la huelga de hambre es un arma reivindicativa común en el país asiático, su práctica está penalizada en tanto que es considerada un “intento de cometer suicidio” que puede acarrear hasta un año de prisión, según el Código Penal.

Esta es la razón por la que se halla encarcelada la activista y poeta Irom Sharmila Chanu, en huelga de hambre desde noviembre de 2000 contra la violencia de las fuerzas de seguridad e insurgentes en el noreste tribal del país.

Sharmila sigue sin desviarse de su objetivo pero ha sido obligada por las autoridades a alimentarse a través de una sonda vía nasal.

“Mi ayuno es un medio. No tengo otro”, defendió en una entrevista. EFE