EL PRI, VIEJO; LA SOCIEDAD, NO

26/07/2012 - 12:00 am
Foto: Cuartoscuro

A punto de romper en llanto, Francisco Labastida aceptaba su derrota. Por primera vez un candidato priista perdía una elección presidencial. Era la noche del 2 de julio de 2000. El Partido Revolucionario Institucional (PRI), a un paso de la desintegración. El domingo 27 de noviembre de 2011, dos sexenios panistas después, Enrique Peña Nieto se convertía en candidato único de su partido a la Presidencia. Más que un PRI renovado, se mostraba un PRI revivido; viejos priistas en primera fila: los ex presidentes del partido Jorge de la Vega Domínguez e Ignacio Pichardo Pagaza; Emilio Gamboa, ex secretario particular de Miguel de la Madrid; Joaquín Gamboa Pascoe, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM); Arturo Montiel, ex gobernador del Estado de México; Jesús Murillo Karam, subsecretario de Seguridad Pública con Ernesto Zedillo; Beatriz Paredes, subsecretaria de la Reforma Agraria con De la Madrid y secretaria general del PRI durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, entre otros.

Peña Nieto, a menos que las autoridades electorales invaliden la elección del pasado 1 de julio, se convertirá en Presidente de la República a partir del primero de diciembre. Según los observadores, el nuevo mandatario representará a ese viejo PRI redimido, pero la sociedad será muy diferente a la que dejó hace doce años.

CUÁNTO HEMOS CAMBIADO

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Luis Rubio, presidente del Centro de Investigación para el Desarrollo A.C. (CIDAC), dice no ser pesimista, sino que más bien le preocupa que se tenga la idea de que “ya la hicimos”. Explica que han ocurrido múltiples cambios desde que el PRI dejó la Presidencia, pero no los suficientes como para hablar de una sociedad democrática o de una ciudadanía pujante.

“Ante todo, no tengo duda de que la sociedad mexicana es hoy más libre de lo que era bajo el régimen priista. Sin embargo, tampoco tengo duda de que la democracia no avanzó mayor cosa en el país en estos años. El viejo sistema continuó su curso y, excepción hecha de un malogrado mecanismo de transparencia, no hay ningún vehículo o institución que represente a la ciudadanía, una estructura que haya creado la ciudadanía para manifestarse de manera institucional, etcétera. El viejo sistema continuó –sin duda debilitado– pero continuó”, sostiene.

Agrega: “Anticipo que, en los próximos meses, veremos reacomodos políticos, vencidas entre el gobierno central y los gobernadores: el viejo corporativismo intentando retomar control. No es que lo hubiera perdido, es sólo que ahora tendrá un nuevo impulso con un gobierno mucho más competente en la operación política y con un agudo sentido del poder. Puesto en otros términos, lo terrible del momento es que todo muestra que la sociedad no rompió con la ideología autoritaria de antaño. Si bien no es posible reconstruir o restaurar al viejo sistema en su integridad, toda la disputa postelectoral muestra a una sociedad que nunca dejó de ser priista de corazón, así lo exprese en un voto corporativizado en el Distrito Federal o en uno equivalente en el Estado de México”.

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Para Rubio, la derrota en el 2000 significó que el PRI se “divorciara” de la Presidencia, lo que trajo como consecuencia que se eliminaran o desaparecieran “todos los subsistemas de control que el PRI tenía a su disposición para subordinar a la sociedad de diversas maneras”. Argumenta que actualmente los poderes fácticos ya no tienen la misma interconexión con la Presidencia o con el partido oficial, pues los mecanismos que permitían controlarlos se han debilitado drásticamente.

“También hay muchas más restricciones, para ponerlo en positivo, a lo que puede hacer el gobierno simplemente para imponer. Una expropiación de los bancos, por ejemplo, hoy en día sería una absoluta locura, no sería posible”, advierte.

Considera que la sociedad mexicana ha cambiado en los últimos 12 años –“por supuesto que ha cambiado dramáticamente, hay muchos menos controles por todos lados”–, pero no en la medida que sería deseable: “Lo que ha resultado de eso no es un crecimiento de una sociedad democrática, ciudadana, pujante”.

Doctor en ciencia política por la Universidad de Brandeis, Rubio no niega que una parte de la sociedad es cada vez más activa, más consciente y más libre. Pero pone como ejemplo la actual discusión sobre la compra y coacción del voto para mostrar la imposibilidad de generalizar. “Eso nos delata una sociedad que sigue teniendo o patas demasiado enclenques en lo económico que no le dan solidez y libertad a toda la población o que simplemente está demasiado dependiente todavía de las dádivas gubernamentales o electorales para poder funcionar. Eso nos revela una sociedad que sigue teniendo instintos o formas de vida que son más parecidos a una sociedad controlada semiautoritaria como la que teníamos”, plantea.

“No estoy sugiriendo, por ningún motivo, que el país no ha cambiado, lo único que estoy diciendo es que no ha crecido una sociedad democrática, participativa como las que nos gusta ver en otros países como España o como Chile”, asevera.

 NUEVA TECNOLOGÍA, PERO MEDIOS VIEJOS

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De asumir la Presidencia, Peña Nieto se va a encontrar con medios autoritarios, con viejas formas de hacer periodismo, como es el caso de Televisa y TV Azteca, pero también con medios emergentes que han logrado posicionarse como una alternativa informativa, opina el analista de medios Gabriel Sosa Plata.

“Se va a encontrar con una industria de medios políticamente muy poderosa que ha podido incluso colocar a personas de su confianza en el Congreso para la defensa de sus propios intereses. Pero también se va a encontrar con grupos e instituciones que hacen radiodifusión que antes del año 2000 estaban sometidas al poder político, pero que ahora ejercen una mayor autonomía, una mayor libertad editorial y un periodismo mucho más serio, mucho más comprometido con la sociedad; en este rubro podemos hablar de grupos radiofónicos como MVS Radio. Se va a encontrar con grupos o estaciones que siempre han mantenido una independencia editorial como es Radio Educación”, plantea.

“Se va a encontrar también, y éste es uno de los aspectos más interesantes de lo ocurrido en los últimos años, con diferentes portales en Internet que están haciendo una competencia muy interesante en contra de los medios tradicionales de comunicación que venían ejerciendo el monopolio de la información en nuestro país”, destaca Sosa Plata.

Estima que la industria de la comunicación se ha fortalecido, que los medios se encuentran mucho más empoderados ahora que antes de que el PRI perdiera la Presidencia. “En estos 12 años se ha consolidado una industria de los medios cada vez más fuerte por los recursos económicos, con una presencia también muy importante a nivel nacional, es decir, se han consolidado prácticamente en todos los rincones de la geografía nacional, pero también con una enorme presencia a nivel internacional”, asegura.

El también profesor de la UAM Xochimilco señala que Peña Nieto tendrá que hacer frente a una participación muy activa de la sociedad, particularmente de las clases medias urbanas, que son críticas, poseen un elevado nivel académico y que además ahora ven facilitado su activismo con el uso de las redes sociales. “Las redes sociales potencializan lo que finalmente ya existía en la sociedad, es decir, siempre ha habido grupos u organizaciones que han tenido un activismo muy importante, pero las redes sociales les facilitan la comunicación, la interacción, la posibilidad de llegar a objetivos muy específicos de su lucha y de su propia agenda política”, explica.

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“El gran problema que hemos visto es que muchos políticos tratan de revertir la protesta social o la crítica en las redes sociales de una manera artificial, como se venía haciendo ya no digamos antes del 2000, sino casi desde el siglo XIX o principios del siglo XX, utilizando prácticas como el acarreo, que ahora es el acarreo digital, utilizando instrumentos tecnológicos que facilitan la creación de identidades ficticias o falsas en las redes sociales”, añade.

El número de usuarios de Internet en México ha aumentado de 20.2 millones en 2006 a 40.6 millones en 2011; también se ha incrementado el tiempo promedio que permanecen conectados a diario: en 2012 es de cuatro horas y nueve  minutos, 47 minutos más que en 2011, esto conforme a un estudio de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), publicado en mayo pasado. La investigación revela además que la búsqueda de información es una de las tres principales actividades en línea (junto con enviar y recibir correos electrónicos y acceder a redes sociales), que 61 por ciento de los internautas mexicanos visita sitios de noticias y que nueve de cada diez utiliza redes sociales como la principal actividad de entretenimiento.

Un estudio de Consulta Mitofsky dado a conocer en diciembre del año pasado muestra que de los usuarios de Twitter 60 por ciento tiene entre 18 y 29 años, 95 por ciento habita en zonas urbanas y 31.6 por ciento tiene estudios universitarios o más. En el caso de Facebook, la red social más usada por los mexicanos, 56.6 por ciento de sus usuarios va de 18 a 29 años, 92 por ciento vive en zonas urbanas y 24.4 por ciento ha realizado estudios universitarios o superiores.

Pese al aumento en el número de internautas y la relevancia que han cobrado, las redes sociales están muy lejos de convertirse en el medio principal por el que la mayoría de los mexicanos se informe de política.

Sosa Plata critica que las reformas políticas no hayan sido hasta ahora acompañadas de una reforma de medios que permita transformar el actual modelo, el cual favorece la hegemonía de medios autoritarios, es decir, poco sensibles a las demandas y críticas de sus audiencias: “Son autoritarios porque no necesariamente responden a las expectativas de sus radioescuchas o televidentes, porque siguen manejando su periodismo ligado a ciertos intereses políticos y económicos, en la mayoría de los casos, y porque en general no respetan a sus audiencias”.

El PRI no se renovó, como tampoco lo hicieron muchos medios que mantienen una vieja estructura. “La sociedad cambió pero muchos medios siguen rezagados, muchos medios siguen siendo tan priistas como antes del año 2000 y no han modernizado su periodismo, muchos de estos medios siguen siendo autoritarios, arbitrarios y prepotentes como lo era el PRI y como lo sigue siendo aún después del cambio político que tuvo México a partir del año 2000”, expone el analista.

“Sí, un PRI viejo, sí todavía con muchos medios que siguen siendo igual de viejos aunque estén modernizados tecnológicamente, pero sí, a diferencia de lo que teníamos antes del 2000, medios más libres, con todas estas alternativas que ya existen en Internet y por supuesto en las redes sociales”, subraya.

Y 12 AÑOS DESPUÉS: MENOS CONFIANZA

La sociedad que volverá a gobernar el viejo PRI, 12 años después, ha cambiado. En el 2000, 34.8 por ciento de los mexicanos justificaba un gobierno autoritario, una década después sólo lo hace el 11.4 por ciento. Por otro lado, el interés en la política continúa disminuyendo. De acuerdo con datos de Latinobarómetro, cuando el panista Vicente Fox asumió la Presidencia el 41por ciento de los mexicanos se mostraba muy o algo interesado en política, cifra que cayó a 24 por ciento en el 2010, en los últimos años de gobierno del presidente Felipe Calderón.

En julio de 2000 los conflictos sociales tenían como protagonistas a las bases de apoyo del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), al Consejo General de Huelga (CGH) –órgano de representación estudiantil durante el paro de labores que se inició en la UNAM el 20 de abril de 1999– e integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), que atacaban por aquellos días una garita de la Policía Federal Preventiva (PFP) ubicada en la carretera México-Toluca.


Hoy en día, el movimiento #YoSoy132, que reúne a estudiantes de distintas universidades, se ha convertido en un actor notorio. Por lo pronto, ha convocado a tomar simbólica y pacíficamente las instalaciones de Televisa Chapultepec mañana viernes 27. De manera paralela, diversas organizaciones han mostrado su descontento por el resultado de la reciente elección, a la que califican de fraudulenta. El domingo miles de personas marcharon en varias ciudades para mostrar su inconformidad ante el inminente arribo de Peña Nieto a la Presidencia.

Sin embargo, más allá de la coyuntura electoral, en 2012 el de la seguridad es el tema que más preocupa a los mexicanos. De acuerdo con el documento de Latinobarómetro “La seguridad ciudadana: el problema principal de América Latina”, presentado el pasado 9 de mayo en Lima, Perú, “la seguridad es el tema de la década 2010-2020 para América Latina, así como el tema del desempleo fue el tema de la década 2000-2010”.

Según las cifras, en 2000 y 2001 el 18 por ciento y el 12 por ciento de los mexicanos, respectivamente, consideraba la delincuencia como el principal problema del país, en 2011 lo hacía el 39 por ciento. Lo anterior pese a que actualmente menos personas han sido víctimas de algún delito: en 2000 y 2001 lo fueron 79 por ciento y 76 por ciento de los mexicanos; en 2011 sólo 41 por ciento.

El 67 por ciento de los habitantes del país opina que el próximo Presidente debe continuar la guerra contra el narcotráfico y 27 por ciento que debe negociar o pactar con los narcotraficantes, de acuerdo con la encuesta Ciudadanía, Democracia y Narcoviolencia presentada por el Colectivo de Análisis de la Seguridad con Democracia (CASEDE) en septiembre de 2011.

El estudio también arroja que 25 por ciento de los mexicanos considera que se debe votar por candidatos relacionados con el narco para restablecer la paz y la seguridad; en Jalisco esta cifra alcanza 32 por ciento.

Según la Décima Encuesta Nacional sobre Percepción de Inseguridad Ciudadana en México, presentada por México Unido contra la Delincuencia A.C. en marzo, 52 por ciento de los mexicanos cree que es el crimen organizado quien va ganando la guerra contra la delincuencia; además, 28 por ciento aprueba que se permita la presencia de agentes estadounidenses, 85 por ciento está de acuerdo en establecer retenes para la revisión de vehículos y 74 por ciento apoya la pena de muerte en delitos graves.

Uno de los aspectos que no pudo revertirse durante los sexenios de Fox y Calderón es la creciente desconfianza de la sociedad en las instituciones. En 2001, 35 por ciento de los mexicanos no confiaba nada en la policía, esa misma opinión la tenía el 28 por ciento respecto a los partidos políticos. Por el contrario, sólo nueve por ciento no confiaba nada en el IFE, ocho por ciento en los medios y cinco por ciento en las iglesias. En 2008, 45 por ciento no le tenía nada de confianza a la policía, 35.6 por ciento a los partidos, 12.4 por ciento a los medios, 9.3 por ciento al IFE y 8.5 por ciento a la Iglesia, esto de acuerdo con la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas de la Secretaría de Gobernación.

Más recientemente, en agosto de 2011, Consulta Mitofsky reportó una baja generalizada en la confianza en las instituciones. Ubicó cinco como de alta confianza, con una calificación por arriba de siete, en una escala de uno a diez: universidades, Iglesia, Ejército, medios de comunicación y Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Las cinco instituciones peor calificadas fueron el Senado, los sindicatos, los partidos políticos, la Cámara de Diputados y la policía. El IFE fue el que más cayó en el nivel de confianza: de 25 por ciento de los mexicanos que decían tener en él mucha confianza en 2008, pasó a que solamente se la tuviera 13 por ciento, tres años después.

 

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