El padre Córdova en una fofo de hace tres décadas, cuando habrían iniciado los abusos. Foto anexada a expediente

El padre Córdova en una fofo de hace tres décadas, cuando habrían iniciado los abusos. Foto anexada a expediente

San Luis Potosí, 26 de mayo (SinEmbargo).– “Ya no anden viniendo por aquí. Ya se quejaron. ¿Qué más quieren? El padre [Eduardo] Córdova [Bautista] está enfermo. Compréndanlo. Ya no traigan más mamás. Yo les avisaré del avance del caso”, dijo el sacerdote Tomás Ramírez, encargado de investigar las múltiples denuncias de las madres de la colonia El Paseo, cuyos hijos habían sido abusados por el religioso hace diez años.

Las madres siguen esperando esa respuesta que el Arzobispado jamás les dio. Siguen esperando justicia y reparación.

Ahora, tres arzobispos de la Arquidiócesis de San Luis Potosí –Arturo Antonio Symanski Ramírez, Luis Morales Reyes y Jesús Carlos Cabrero Romero– son acusados de encubrimiento: por primera vez, y en un hecho inédito en México, se prepara una demanda judicial no sólo contra Córdova Bautista, sino contra sus presuntos encubridores: arzobispos, vicarios, voceros, sacerdotes y quien resulte responsable.

Un equipo de 15 abogados recaba en este momento los testimonios de las víctimas para la integración de la denuncia penal ante la Procuraduría de Justicia de San Luis Potosí (PGJE). Se trata de una estrategia que permitirá sentar en el banquillo a todos: no solamente al autor de los presuntos crímenes sexuales, sino también a quienes le permitieron continuar con su investidura sacerdotal, “ignorando de manera sistemática a los denunciantes y sus familiares”, dicen documentos en poder de SinEmbargo.

Estas nuevas denuncias toman relevancia porque se trata de otro grupo social muy distinto al de las primeras querellas, ventiladas en las últimas semanas. Aquellas eran de gente con una posición social alta; éstas, de familias desprotegidas económicamente, cuyos hijos habrían sufrido también abusos sexuales por parte de Córdova.

Una de las principales declarantes con nombre y apellidos, cuya identidad se reserva aquí para proteger a la víctima, es la madre de un joven abusado de El Paseo, que escribió una serie de cartas denunciando los hechos y recibió evasivas por escrito de distintos sacerdotes del Arzobispado.

En entrevista con SinEmbargo, cuenta que durante 5 años ayudó a las labores de la Parroquia de Nuestra Señora de la Anunciación, hasta que absolutamente desolada ante la falta de respuesta del Arzobispado, decidió abandonar su puesto de trabajo en la iglesia dirigida por el sacerdote Eduardo Córdova Bautista.

“Puse a mis hijos en las manos de Dios, y después en las del padre Córdova”, dice al iniciar su carta dirigida al arzobispo Morales Reyes con fecha de abril de 2004, integrada en el expediente judicial.

“Un día el padre me pidió autorización para que mi hijo lo acompañara a la Ciudad de México y yo accedí confiadamente, pero mi hijo al salir de casa tuvo una fuerte crisis emocional porque no quería acompañarlo y me dijo que no quería por ningún motivo ir con él y mucho menos estar donde él estuviera”, agrega.

El cura, con alumnos. Foto:

El cura, con alumnos. Foto anexada a expediente

La vida de su hijo de 16 años iba cambiando conforme pasaba más tiempo con el padre Córdova, dice ella, sin que identificara la razón: “Pasó el tiempo aparentemente normal, cuando mi hija descubre por mi propio hijo todas las vejaciones de que era objeto por el Padre Córdova. Así mismo descubre que hay otros menores también lastimados en la misma situación”.

En su primera carta, explica que toda su familia se vio afectada por los abusos del padre Córdova: “Mi hija también entró en crisis, no salía, no comía, lloraba sin decir una sola palabra, por consecuencia ella mostraba una muy grande tristeza, nosotros como padres observamos como se consumía poco a poco, yo sabía que ella estaba soportando un gran dolor, tratando de respetar el que ella no quería comentar nada, hasta que decidió hablar contando todo lo sucedido”.

Poco a poco, va explicando en este documento –vital para la defensa de las víctimas–, cómo en el Arzobispado fueron ignorados sus reclamos: “Al momento en que nosotros nos dimos cuenta nuestro dolor e impotencia fue grandísimo, ¿como un sacerdote podría llegar a hacer tanto daño?, ¿cómo pudo burlarse de nuestra confianza?, ¿de nuestra fe? Como puede él hablar de dignificación, de respeto, si él no nos respetó, ni a toda la comunidad. Vio en nosotros piezas de ajedrez, nos movió por dónde él quería, utilizando la psicología en cada uno de nosotros, dándonos cuenta y conscientes que mi hijo fue víctima de las malas inclinaciones y vejaciones”.

El documento alcanza un tono desgarrador: “No menciono con detalle lo que en una palabra puedo explicarle [como] ‘violación’, mi hijo fue violado en su persona, violado en su vida, violado en su respeto, violado en su integridad, en su libertad y sobre todo en su fe y por sobre todas las cosas en su vida. Todo esto mi hijo lo calló, todo su sufrimiento lo fue guardando hasta caer en una crisis grande, de dolor, de impotencia, una crisis de la que el padre se fue aprovechando”.

Los abogados defensores de las víctimas utilizaran este documento para mostrar la complicidad de los arzobispos. En este caso, en particular de los menores de la colonia El Paseo se trata del arzobispo Luis Morales Reyes, quien no solamente estuvo al tanto de los supuestos delitos del sacerdote, sino instruyó a un encargado para el asunto y a un psiquiatra para atender a las víctimas.

En la misiva fechada hace 10 años, dice: “El presbítero Eduardo Córdova necesita ayuda urgente porque algo esta mal en su mente, siendo un hombre exageradamente inteligente, fríamente calculador hizo lo que quiso en la casa de Dios, sin temor algunos hizo cuanto daño quiso y sin remordimiento. Cubriéndolo con falsa piedad, demostrando un sacerdocio lleno de fervor y amor al prójimo de humanidad. Él se cubría como una paloma, siendo por dentro un lobo”.

Y añade: “Pedimos señor Obispo sea ayudado y atendido el padre Córdova en su situación mental y rogamos a usted, que no sea reubicado en ninguna otra comunidad mientras no reciba tratamiento y por el momento sea suspendido como sacerdote, de lo contrario seguiremos insistiendo hasta la justicia eclesiástica determine su estado mental sea sano, pues no nos podemos permitir que siga dañando seres inocentes y pedimos ayuda psicológica para nuestros hijos y todas aquellos niños y jóvenes afectados”.

La testigo, espero durante varios años, la respuesta de las autoridades eclesiásticas a los abusos sexuales cometidos por el padre Córdova. Nunca llegó ni siquiera una explicación de lo sucedido. Ante su insistencia, solamente el arzobispo Morales Reyes le contestó un año y medio después para decirle que no se preocupara, que el padre Córdova ya había sido removido de sus labores como párroco de El Paseo.

Morales Reyes definió los abusos sexuales cometidos por el sacerdote contra menores, como “delitos contra las buenas costumbres”. Y dispuso que los atendiera el psiquiatra Carlos González Hernández, quien recibió a los afectados una sola vez.

EN ESPERA DE RESPUESTA

Entre los documentos integrados al expediente judicial, destaca una carta de esta madre, junto a otras, enviada el 26 de agosto de 2005 al obispo Morales Reyes, pidiéndole una respuesta a las denuncias de abusos, ya que el sacerdote, seguía cometiendo delitos contra menores.

“Yo y un numero grande de personas de esta comunidad nos dirigimos a usted esperando una respuesta personal en relación a nuestras denuncias realizadas en el mes de abril de 2004 ya que aún estamos sufriendo las consecuencias y el enojo de los hechos reprobables del padre Eduardo Córdova a los cuáles no se le ha dado ningún seguimiento”, dice.

Las madres ofendidas, cuestionan al arzobispo: “¿Cuál psicólogo fue suficiente para la ayuda emocional que nuestro hijo y los demás niños y jóvenes necesitan? Si solo hubo una entrevista, cree usted que esa es la ayuda suficiente de su parte para mantenernos callados y en espera de resultados para nuestros hijos”.

La falta de actuación de la Arquidiócesis de San Luis Potosí generó que el número de víctimas en El Paseo se fuera incrementando: “El padre Córdova continúa utilizando su astucia, sabemos que sigue teniendo contacto con niños y jóvenes en los diversos eventos donde él colabora ¿o qué para ustedes ya son muy comunes estos actos reprobables? ¿O podemos pensar que estamos ante un anticristo?”, dice el documento.

Las madres estaban angustiadas porque 14 meses después de las denuncias presentadas por escrito ante el Arzobispado, el obispo no hacía nada para detener al presunto pederasta: “Esta comunidad completa está sufriendo las consecuencias del daño que se nos hizo, lo que se puede constatar con la poca colaboración con el actual sacerdote. Se le pide a usted, como autoridad mayor que tome cartas en el asunto de esta violación de la cual nosotros hemos visto una total apatía de su parte. Sabiendo el daño tan grande que puede seguir haciendo a niños y jóvenes no puede permitir que siga adelante una persona tan enferma”.

Los ruegos de las madres no fueron escuchados: “Apelamos a su integridad moral que como pastor de la iglesia potosina ha mostrado en los diferentes casos que ha tenido que afrontar, para que le de una pronta respuesta a lo que exigimos y tenemos derecho. De no tener una respuesta positiva hacia nuestra causa nos veremos obligados a ir con los medios de comunicación social afrontando las consecuencias hacia la comunidad y la Arquidiócesis”, dice el documento con todas firmas de las vecinas al reverso.

Las madres denunciantes estaban desesperadas. Una le envió otra carta al arzobispo: “Conociendo el temperamento, la manera de proceder e influencias del padre Eduardo Córdova lo hago totalmente responsable de cualquier cosa que suceda a mi familia puesto que siento que puede tomar alguna represalia en contra”.

TESTIGO CLAVE

Uno de los elementos importantes del caso de El Paseo será presentación de un testigo fundamental de los hechos presuntamente delictivos de Eduardo Córdova Bautista.

Se trata del testimonio de una de sus trabajadoras. Laboró a sus órdenes de julio de 1999 hasta el 16 de diciembre de 2003. Además de cuestiones administrativas, también se encargo de la coordinación de las llamadas Pascuas Juveniles de la parroquia y de los campamentos de verano de los menores. También se hacía cargo de la oficina, hacía labores de secretaria, y estaba a cargo de los libros parroquiales. Además elaboraba formatos para las operaciones de la notaría y casi todo el material que se ocupara en otras actividades de la parroquia. Estaba al pendiente de la sacristía, de checar que hubiera agua en los jarrones, que se lavara la ropa, la limpieza de la casa parroquial e incluso en ocasiones de la comida.

Fue testigo privilegiado de las andanzas de Córdova Bautista. Y es una pieza fundamental en el proceso judicial, para demostrar la complicidad de las autoridades ecelsiásticas en los delitos sexuales del sacerdote.

La trabajadora, tenía tenía en la parroquia a un hermano de 16 años ayudando al sacerdote. En su primera carta, dirigida al arzobispo Morales Reyes fechada en abril de 2004, le cuenta como fue descubriendo lo sucedido: “Mi hermano comenzó a trabajar ahí hace poco más de dos años, se hacía cargo de la sacristía y otras labores de mantenimiento, de repente ya no quería seguir yendo sin dar una razón, simplemente se negó y ya no fue”.

Continúa con su relato: “El día 16 de diciembre (2003) alrededor del medio día una persona me dijo que el padre Eduardo Córdova le gusta tocar a los niños, obviamente mi sorpresa fue muy grande más aún cuando me dijo que también había lastimado a mi hermano”.

Cuenta que entro en shock y que inmediatamente lo platicó con otros miembros de la iglesia, en especial con una religiosa a quien solicitó un consejo: “Pensé que no me creería, pero apenas le comencé a contar lo sucedido, ella me dijo que eso ya lo sabía por los problemas que el padre había tenido anteriormente por causas similares. Eso me desanimó aún más ¿cómo es posible que si esto ya había ocurrido no se hizo? También ella me aconsejó que dejara pasar las fiestas navideñas para hablar con mis papás”.

El sacerdote intentó comprar su silencio: “Yo no se lo quise recibir, en ese momento pensé que de verdad estaba muy dañado de su cabeza porque como era posible que después de lo que había hecho pensara que yo le iba a recibir ese dinero, aparte me enteré de que las semanas siguientes, no se hasta cuando, me seguía tomando en cuenta para la nomina”, dice cuando en realidad ella ya había renunciado.

Su decisión fue tajante, pero primero fue investigando lo que hacía y a quienes y luego atando cabos para denunciarlo ante el Arzobispado: “Poco a poco me fui enterando de más cosas, la forma en como el padre envolvía a los niños para lograr su fin, los encerraba con el pretexto de confesarlos, les empezaba a hablar de la masturbación, y les decía que los tenía que tocar para ver si no se masturbaban. Por eso era común que los niños huyeran cuando el padre comenzaba a confesar, pero aún así los mandaba llamar, esto ocurría según se, los días que les pagaba porque la mayoría de ellos trabajaba ahí por lo general barriendo o haciendo el aseo. Hubo un tiempo en que los muchachos y los niños se quedaban a dormir y llegue a oír comentarios de que el padre en la noche los molestaba pero nunca imaginé de que forma… Hubo otras cosas pero no las escribo porque no me constan, de lo anterior puedo decir que es verdad porque tuve la oportunidad de hablar con dos de los niños afectados”.

El documento que será fundamental en el proceso judicial porque fue recibido por el Arzobispo señala los detalles de los abusos: “Paso un mes y en ese tiempo yo pensaba que las cosas no se podían quedar así, en primer lugar porque el padre aún estaba allí y podía seguir dañando y en segunda porque los niños ya estaban afectados y necesitarían de alguna ayuda para entender lo que les sucedió”.

Cuenta que habló con los menores: “Les dije que ya sabía lo que les había hecho el padre y traté de convencerlos para que hablaran con sus papás, le pregunté a uno de ellos si le tenía miedo al padre y me dijo que solo cuando estaban en la casa y me dijo también que desde el último camping ya no lo había molestado; le pedí que me diera los nombres de los demás a quienes también les había hecho algo y me mencionó que a todos los que habían estado trabajando ahí. Sin embargo, no pude convencerlo de que hablara con sus papás porque él cree que no le iban a creer porque sus papás son de las personas que quieren mucho al padre. El segundo niño es hermano de una de las muchachas que trabajan en la oficina, ella ya sabía también que el padre molestaba a los niños”.

Su testimonio es vital para reconstruir el mapa del abuso e identificar a las víctimas: “Sé que no es la primera vez que tiene problemas por estas causas y me da mucho dolor que no se le haya puesto la atención debida, tal vez, las personas que se afectaron en otras ocasiones prefirieron guardarse su dolor y no hacer nada pero no me parece justo ahora nosotros también suframos lo mismo si esto se pudo haber evitado, no queremos que en futuro suceda otra vez, es tan dañino para las comunidades como para la misma iglesia. Después de todo esto lo único que queremos es que el padre Eduardo Córdova sea tratado psicológicamente y que no sea asignado a otra parroquia o cualquier otro lugar done se pueda encontrar con jóvenes y niños”.

Las súplicas de esta colaboradora del sacerdote, no fueron escuchadas por el Arzobispado que permitió que el sacerdote siguiera ostentando su investidura. Debido a esto, Córdova Bautista siguió cometiendo delitos y violó a un joven de 15 años, el 17 de agosto de 2011. Los hechos constan en el documento emitido por la propia Arquidiócesis fechado el 7 de junio de 2012 bajo el número 26/12.

En ese documento, en poder de SinEmbargo.mx, firmado por el Vicario Episcopal Para la Vida Consagrada, Gilberto Amaya Martínez como “promotor de justicia Tribunal Eclesiástico”.

El arzobispado recibió varias denuncias más de menores violados, como el de una madre de un chico que fungía como sacristán: “El padre Córdova abusó de mi hijo físcamente, moralmente y espiritualmente al grado que cayó en una depresión tan grande que dejó la escuela y su autoestima estaba aniquilada, su personalidad se quebrantó y su fe desapareció, en la parroquia existía violencia emocional y verbal del que fue objeto mi hijo, yo me enteré de estos delitos tiempo después por labios de mi propio hijo, no quiero entrar en detalles pues es algo muy personal de él, pero quedó muy afectado, por lo mismo solicito apoyo psicológico y le ruego de la manera más humilde que el padre Córdova no tenga otra parroquia para que no se repita este penoso asunto con su imagen de sacerdote nuevamente lo volvería hacer”.

El documento está firmado de recibido por Antonio Torres Herrera, Vicario General de la Arquidiócesis con fecha del 19 de agosto de 2004, quien fue nombrado por el arzobispo Morales Reyes el encargo del caso. Es el mismo sacerdote, que ahora siendo encargado de la catedral de San Luis Potosí ha dicho que desconocía las denuncias contra Córdova Bautista. El pasado 23 de mayo dijo: “para acusar hay que probar”.