Durante todo el mes de agosto, etnias de las zonas andinas celebran todavía el culto a la “Pachamama”, la diosa madre, la protectora que nutre a la tierra, y posibilita la vida en el planeta.

Ciertamente, ella no fue nunca una deidad mexicana. Sin embargo, su concepto ha sido tomado por un grupo de jóvenes que han creado un colectivo social en Tlalnepantla, Estado de México, para recrear su poder “generador de vida” en una zona de alta marginación, ubicada apenas unos kilómetros al noroeste de la Ciudad de México.

En el contexto actual de hambre que padece el país, el Instituto de Investigaciones Económicas de México (IIEc), dependiente de la Universidad Nacional Autónoma de México, destacó recientemente que más de 2 millones 500 mil mexicanos correrían el riesgo de sufrir hambruna, en caso de que el gobierno federal incumpla con las medidas económicas decretadas para contrarrestar las pérdidas ocasionadas por la sequía que azota a 19 estados y, al menos, a 50% de los municipios del país.

Por ello es importante destacar los esfuerzos de los jóvenes no sólo en comunidades alejadas de las grandes urbes, sino también en las zonas metropolitanas; en este caso, en una de las más grandes manchas urbanas del mundo: la del Valle de México.

“Pachamama” es un proyecto creado por Juan Carlos Luna, quien a sus 23 años es ya todo un experto en proyectos de carácter social, pues comenzó desde los 19 a impartir clases de alfabetización entre adultos y personas de la tercera edad en la colonia Lomas de Tepeolulco, un lugar habitado principalmente por migrantes de Hidalgo, Veracruz y Michoacán, y golpeado por la pobreza y la escasez de todo tipo.

“Pachamama nació en julio de 2008. Nos decidimos a crearla después de hacer una encuesta donde vimos que la población gastaba 80% de su salario en transporte, energéticos y sobre todo en alimentación, así que quisimos hacer algo que tuviera un impacto real entre los pobladores de la zona, porque casi todos los habitantes de esta colonia tienen trabajos temporales y mal remunerados”, afirma en entrevista Juan Carlos Luna, coordinador del proyecto.

LA NATURALEZA VUELVE A CASA

Por increíble que parezca, un proyecto ecológico resultó ser la llave para solucionar varios problemas de fondo: escasez alimentaria, economía familiar, educación, ocupación y reducción de la delincuencia juvenil.

Puesto que la colonia es todavía un terreno ejidal que carece de pavimento, Juan Carlos Luna se propuso transformar las desventajas en ventajas. El proyecto “Pachamama” se divide en dos programas base: “Tierra adentro” y “Banconejo”, y que están íntimamente relacionados entre sí.

Tierra adentro se dedica a los cultivos orgánicos e hidropónicos, mientras que Banconejo se enfoca en la cunicultura; es decir, en la crianza casera de conejos para la obtención de fertilizantes naturales.

Actualmente, el colectivo de jóvenes ya ha logrado la instalación de un vivero popular donde trabajan y se benefician los mismos habitantes de la colonia Lomas de Tepeolulco; pero no son los únicos, porque con apenas un año de existencia, Pachamama ya ha comenzado a extender su influencia a los municipios vecinos.

“El impacto es real y visible –dice Juan Carlos Luna– porque por ejemplo, cultivar una lechuga hidropónica es más rápido y eficaz, y te cuesta alrededor de 25 centavos, y puede venderse  en el mercado por más de 25 pesos. Son productos controlados perfectamente en su proceso y en sus nutrientes y para cultivarlos no hace falta más que dedicación y un pequeño espacio con agua potable”.

En esta zona de Tlalnepantla, las familias que han recibido la instrucción y ayuda de Pachamama han podido, sin duda, mejorar su alimentación con productos cultivados por ellos mismos, y han reducido sus gasto familiar en este rubro, que era uno de los principales objetivos del proyecto social.

Pero esos no son los únicos beneficios, pues los habitantes de esta colonia, en la periferia del Distrito Federal, también han encontrado algo distinto en qué ocupar el tiempo, un efecto positivo colateral que este proyecto ofrece para esta comunidad de migrantes que añoraban su vida en el campo, y para los jóvenes y niños que se entregaban con facilidad a delincuencia en las calles.

LA CRUZADA DE CINCO JÓVENES EN LA SIERRA DE GUADALUPE

El colectivo liderado por Juan Carlos Luna está conformado por cinco jóvenes que son quienes se encargan de mantener vivo el proyecto social de “Pachamama”, lo que incluye –además de las acciones en Tlalnepantla– salir a dar cursos sobre cultivos orgánicos e hidropónicos a otros lugares. “Estos cursos sí los cobramos, como una forma de ser autosustentables económicamente”, dice el creador del proyecto.

La manutención de “Pachamama” se eleva a unos 9 mil pesos mensuales, un costo relativamente bajo para una labor que está beneficiando directamente la economía familiar de una zona donde viven casi 10 mil personas, pero que podría extenderse a las colonias colindantes, donde residen en la actualidad más de 700 mil ciudadanos.

Sin embargo, “Pachamama” está todavía en busca de soluciones para mantener vivo el proyecto social en la colonia Lomas de Tepeolulco, puesto que para implementar cada nuevo programa de cultivos hidropónicos se necesita por lo menos una inversión adicional de unos 10 mil pesos.

“En México todavía es bastante complicado obtener los insumos para la hidroponia: los sustratos, las soluciones nutritivas, las semillas, los equipos de bombeo y todo el equipamiento necesario, es bastante costoso (…) por eso nosotros estamos aplicando “soluciones caseras”, adaptaciones que sirven para los fines que queremos, pero que no son las idóneas, porque aún no tenemos los recursos económicos para poder aplicar la hidroponia con todas las de la ley”,

Y aún con el viento en contra, este colectivo de jóvenes, preocupados por la ecología, las condiciones sociales y la carencia económica de su barrio, no se detiene en sus esfuerzos.

Actualmente están explorando la posibilidad de crear y comercializar un “kit de cultivos hidropónicos”, para que lo usuarios que se decidan a implementar este sistema sólo tengan que agregar agua en un espacio no mayor a 60 centímetros, lo que hace viable tener cultivos saludables en casa, o incluso hasta en la oficina.

UNA SIEMBRA QUE COSECHA RECONOCIMIENTO

El colectivo Pachamama obtuvo el primer lugar en la Competencia Global para Jóvenes Emprendedores, que organiza conjuntamente la Fundación Ashoka y la compañía Staples Inc, y que incluyó a cientos de proyectos sociales de diversas latitudes.

Este concurso mundial identifica a jóvenes entre los 14 y los 24 años de edad que están creando cambios positivos en sus comunidades y les brinda una serie de apoyos para la continuación de su proyecto. Fue así que “Pachamama” se lanzó a las grandes ligas de emprendedores y recibió un estipendio de 5 mil dólares.

“Para nosotros fue una gran oportunidad, nos presentamos a través del programa Avancemos de Ashoka, y como finalistas nos llevaron a Boston, (Massachusetts) y ahí ganamos el primer premio, que además de la ayuda económica nos da también la asesoría para Youth Ventures”.

Esta ayuda económica, Juan Carlos Luna piensa utilizarla –entre otras cosas– para conformarse de forma legal en una entidad que pueda recibir otros apoyos financieros o inversiones, y que le permita continuar con su trabajo social, pues aunque “Pachamama” es una propuesta ecológica, lo cierto es que sus acciones se extienden a muchos otros ámbitos comunitarios, incluyendo la alimentación por supuesto, y sus beneficios son de carácter integral: comienzan con el buen cultivo de la tierra, para nutrir la vida de sus habitantes: precisamente como lo hace esa deidad inca de quien este proyecto ha tomado su nombre.

Más información:

http://organizacion-pachamama.jimdo.com

Los cultivos de este tipo reciben una solución nutritiva equilibrada disuelta en agua, con todos los elementos químicos esenciales para el desarrollo de la planta.

La hidroponia es una forma sencilla, limpia y de bajo costo, para producir vegetales de rápido crecimiento y generalmente ricos en elementos nutritivos.

Con esta técnica de agricultura a pequeña escala, se utilizan los recursos que las personas tienen a la mano, como materiales de desecho, espacios sin utilizar y tiempo libre.

Estudios recientes han demostrado que las civilizaciones antiguas ya la realizaban y en el Valle de México, la cultura Azteca podría haber sido la pionera en este tipo de cultivo en agua.

Sin aditivos químicos, materiales sintéticos o manipulación genética.

Este tipo de alimentos resultan ser de doble beneficio, tanto para los consumidores como para el medio ambiente en general, porque se mantienen a salvo de la contaminación y permite la regeneración del suelo utilizado.

Los cultivos orgánicos son enriquecidos mediante la elaboración de compostas o fertilizantes naturales, con la finalidad de volver a dar al suelo los nutrientes.

Actualmente, este tipo de agricultura ha tomado un especial auge en el mercado, y muchas grandes ciudades del mundo han comenzado a incentivar a sus habitantes a producir sus propios alimentos en hortalizas caseras, debido en gran parte a la grave situación que se vive en los campos de todo el mundo.

Está mucho más regulada y controlada en países de Europa Central, donde el consumo de carne de este animal es más frecuente. En México, sin embargo, hay actualmente un aumento de esta actividad para mantener en buena salud natural los cultivos orgánicos.

El sistema familiar o de traspatio es el más utilizado (80% de la población animal) y el número de animales oscila entre los 10 y 20 reproductores.  El excremento de estos animales produce un tipo de estiércol que se utiliza como un fertilizante rico en nutrientes.

A partir del guano del conejo es posible producir el llamado “Biol”, un fertilizante líquido que se elabora a partir de la fermentación de estiércol, rico en húmicos, vitaminas y minerales beneficiosos para el suelo y el medio ambiente.