En el origen del PAN hay una mala semilla. La historia está escrita y como bien dicen, estamos condenados a repetirla, si no somos capaces de corregir.

En la fundación del Partido Acción Nacional participó la Unión Nacional Sinarquista, muy cercana a la Iglesia católica y a la Falange Española de las JONS.

Ese principio ideológico fascista está presente en el PAN. Así nos lo han recordado el grupo de neonazis panistas de Jalisco. Esos chicos encabezados por Juan Barrera Espinosa, quien era consejero estatal estudiantil del blanquiazul y ostentaba nada menos que el puesto de “diputado de mayoría relativa” del Parlamento Juvenil Alonso Lujambio, donde supuestamente se capacitan los jóvenes que aspiran a ser panistas.

Los morenazis como les llamaban desde el pasado mes de noviembre en las redes sociales, exhibían orgullosos su nacionalsocialismo, aunque rebautizado como “nacionalhumanismo”. Según ellos buscaban “proteger a las familias tradicionales a la religión católica-cristiana, a los micro, pequeños y medianos empresarios” de los homosexuales y los matrimonios entre parejas del mismo sexo.

Además de su declarada homofobia, el grupito proponía “reescribir la historia por medio del revisionismo”, es decir, negar el holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial.

Sinceramente uno piensa que estas cosas han quedado superadas por el tiempo, por la modernidad, por el avance indiscutible de la humanidad, pero nos equivocamos.

El PAN y su dirigencia, no han tenido la suficiente autocritica para erradicar este tipo de ideología. Y lo digo con conocimiento de causa. El caso de Juan Barrera Espinosa y sus amigos Sebastián Sánchez Armas, Antonio Esparza Vázquez y Gabriel Navarro Flores, no es la única expresión fascista dentro del blanquiazul.

Desde que en 1941 la Marina de Estados Unidos desclasificara documentos sobre la relación entre el PAN y los nazis, las expresiones de este tipo de corriente ideológica se han manifestado en muy distintos momentos históricos.

Incluso en la actualidad tenemos claros ejemplos, como la agrupación clandestina “México Despierta” fundada por el panista nazi casinero de Felipe Calderón, Juan Iván Peña Neder, ex coordinador de Asesores de Abraham González, subsecretario de Gobernación y cercano al senador Roberto Gil Zuarth.

En esta organización filofascista panista, estaba incluido Carlos Villar Erives, ex funcionario en la Secretaría de la Función Pública y Rafael Mendoza, ambos de Chihuahua. Peña Neder era el encargado de reactivar las células nazis, vinculadas al PAN en Jalisco, Nuevo León, Distrito Federal, Baja California, Estado de México…

Utilizaba su oficina para establecer las relaciones con otras organizaciones fascistas como los Tecos operada desde la Universidad Autónoma de Guadalajara con miembros destacados como el ex gobernador y ex secretario de Gobernación de Calderón, Francisco Ramírez Acuña.

No son los únicos panistas vinculados con esta corriente de pensamiento ideológico. Allí está la imagen e Omar Barona haciendo el saludo hitleriano, quien se desempeñó como secretario particular del ya fallecido secretario de Asuntos Jurídicos y Derechos Humanos, de la Secretaria de Gobernación, del panista Felipe Zamora. Allí están las declaraciones de Oscar Sánchez Juárez, dirigente del Partido Acción Nacional en el Estado de México quien declaró públicamente que era simpatizante de Hitler a quien elogió de manera abierta por su “liderazgo” y dijo que comprendía que miles de personas estuvieran dispuestas a dar la vida por él”.

Tampoco es el único panista en activo que expresa claramente su simpatía por el nacionalsocialismo. En Nuevo León hay grandes ejemplos de este tipo de vínculo, particularmente en el municipio de San Nicolás de los Garza, uno de los bastiones del PAN, donde la mezcla de la corriente fascista con los nuevos postulados del partido les ha permitido desarrollar un modelo político basado en el llamado “control de masas” impulsado por el llamado “Grupo San Nicolás” conformado por Zeferino Salgado, su actual alcalde Pedro Salgado y el exalcalde Carlos de la Fuente Flores.

De hecho, a Zeferino Salgado, quien fuera alcalde panista, le apodan el “Führer” y nunca ha ocultado su ideología ultraderechista, mostrada a través del impulso de medidas de segregación como la construcción de barreras para separar las colonias de media clase y las más pobres aledañas al municipio de Guadalupe.

La simpatía de algunos empresarios regiomontanos con este tipo de corriente ideológica ha quedado de manifiesto a lo largo de la historia. Luis Echeverría les llamaba “los panistas encapuchados del Chipinque”, capaces de perseguir obreros que organizaban sindicatos y huelgas laborales o de justificar otro tipo de justicia o “limpieza” para exterminar enemigos.

Por tanto, la aparición de este nuevo grupo neonazi no debe extrañarnos, lo que nos sorprende es la capacidad para “deslindarse” de las dirigencias panistas. No es esa la solución. Al PAN le urge revisar sus principios ideológicos y formas de comportamiento, especialmente luego del espectáculo bochornoso en Brasil de los panistas de la Benito Juárez, Sergio Eguren y Rafael Medina, ambos encarcelados por tocarle el trasero a una mujer y golpear salvajemente a su esposo. Los dos ya tienen un poderoso despacho de abogados encabezado por Xavier Olea Peláez, quien argumenta que no están comprobados los tocamientos. Se olvida, el letrado, de los testigos de los hechos. Si eso hubiera pasado en México, seguramente ambos panistas estarían libres y a la mujer la hubieran acusado de ir vestida provocativamente.

Presuroso, el líder nacional del PAN, Gustavo Madero, se deslinda inmediatamente y de manera sucesiva de estos hechos vergonzosos protagonizados por sus afiliados, pero estas acciones requieren de una verdadera autocritica y cambio de timón. ¿O acaso en el fondo, la presencia del nazismo está aún tan enraizada en el Partido Acción Nacional?.

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