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Gustavo de Hoyos Walther

07/11/2023 - 12:04 am

Acapulco merece más

“Rescatar a Acapulco debe considerarse un mandato moral, no sólo para el gobierno, sino para todos los mexicanos”.

“Decir que todos somos Acapulco es apenas exacto”. Foto: Carlos Alberto Carbajal, Cuartoscuro.

Acapulco no es sólo un puerto mexicano. Se trata de un lugar con graves resonancias globales, reconocido en todo el mundo por su belleza e historia. Así que la reciente catástrofe, ya de proporciones humanitarias, es seguida por miles de millones de personas en el globo. Pero pareciera que ni el Presidente ni su administración entienden la gravedad de la situación.

Y aquí se puede hacer una comparación directa con la forma en que respondió el presidente Ernesto Zedillo a un caso similar. En efecto, en 1997 el huracán Paulina causó graves estragos en la población e infraestructura de Acapulco. En ese momento el Presidente estaba en Alemania. Después de enterarse de la llegada del huracán, el Presidente tomó un avión desde Fráncfort con el fin de estar presente en Acapulco lo más pronto posible. Una vez en el puerto, tuvo una reunión con su gabinete y despachó un tiempo desde ahí, dirigiendo las operaciones.

El contraste con esto, el Presidente López Obrador no podía ser más agudo. Sabemos que él no ha estado cerca de los acapulqueños en su hora más oscura y, en cambio, sigue despachando desde su mañanera, como si no hubiera una emergencia humanitaria en su propio país. Muchos acapulqueños se han dado cuenta de ello y decidieron viajar a la Ciudad de México, donde el Presidente no ahorró palabras de censura y les impidió el ingreso al Zócalo capitalino.

Aunque su administración ha tomado algunas medidas para enfrentar la adversidad, estás no parecen ser del tamaño que se necesitan. El Presidente ha dicho que se requerirán entre dos y cinco años para rescatar Acapulco. Es cierto que ha hablado con empresarios y que ha estado en conversaciones con autoridades federales y locales, pero también es cierto que ha tratado de impedir acciones de ayuda por parte de la sociedad civil.

En la parte positiva ha anunciado un plan de alivio fiscal para los contribuyentes que viven en la zona de desastre y por medio de un decreto presidencial ha establecido medidas para auxiliar en particular al sector turístico más afectado. Pero son políticas de corto plazo y no están tomando en cuenta el horizonte largo de tiempo. Tampoco parece reconocer el grave problema de inseguridad que tiene que ver con la presencia de bandas criminales ligadas al narcotráfico.

Respecto a cómo lidiar con el gran desafío que enfrentan los sectores más depauperados, no parece haber un plan estratégico para llevar a Acapulco, en particular, y a Guerrero, en general, hacia un futuro promisorio para todos. Una vez más queda claro que la retórica de primero los pobres nunca ha sido una realidad y siempre ha sido sólo un eslógan. Los 60 mil millones de pesos que se anunciaron se invertirían en Acapulco representan apenas un 10% del sobrecosto del tren Maya, la refinería de Dos Bocas y el AIFA, de acuerdo con lo presupuestado en 2024.

Rescatar a Acapulco debe considerarse un mandato moral, no sólo para el gobierno, sino para todos los mexicanos. Decir que todos somos Acapulco es apenas exacto.

Gustavo de Hoyos Walther
Abogado y empresario. Ha encabezado diversas organizaciones empresariales, comunitarias, educativas y filantrópicas. Concentra su agenda pública en el desarrollo de líderes sociales (Alternativas por México), la participación ciudadana en política (Sí por México) y el fortalecimiento del estado de derecho (Consejo Nacional de Litigio Estratégico).
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