A 23 días del operativo fallido en Culiacán, Sinaloa, el cineasta y escritor, Diego Enrique Osorno, habla acerca de la reedición (una década después de su primera publicación) de El Cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco, libro que fue cuestionado en su momento por plantear una idea provocadora entonces: el narcotráfico en México es hijo de la política.

El autor busca alejarse del “glamour morboso” que tiene en la actualidad lo relativo al narco, para darle una perspectiva política al tema. En sus páginas desarrolla, con testimonios y archivos, la historia de esta organización criminal; lo que no se dijo en el juicio de El Chapo y relata la vida de Ismael Zambada García, “El Mayo”, un capo de 72 años que en medio siglo nunca ha pisado la cárcel.

Ciudad de México, 8 de noviembre (SinEmbargo).- El jueves 17 de octubre, Culiacán, Sinaloa, se congeló: los habitantes se resguardaron en sus casas y la actividad laboral y comercial cesó por la incertidumbre y el miedo. Durante varias horas, hombres armados, presuntamente integrantes de El Cártel de Sinaloa, bloquearon la ciudad tras la captura de Ovidio Guzmán, uno de los hijos de Joaquín Guzmán Loera, “El Chapo”. El Gobierno intentó bosquejar una explicación sobre el operativo (un video de la captura, el minuto a minuto y tres conferencias completas) en el que se “detuvo” y luego se “liberó” al narcotraficante, pero esto sólo ha sembrado más dudas entre especialistas, organizaciones civiles y la población, además de la pregunta fundamental: ¿Existe una estrategia concreta en materia de seguridad?

“Para mí es loable que se haya preferido evitar una masacre dejando ir a Ovidio, pero sigo sin entender por qué se realizó ese operativo. Pese a la información en las conferencias, no queda claro. El Gobierno proclamó que iba a actuar de forma distinta contra los grupos criminales”, se cuestiona Diego Enrique Osorno, autor de El Cártel de Sinaloa, y agrega que más que estrategia, hay una voluntad clara del Gobierno por no verse corrompido en la “dinámica perversa del combate al narcotráfico”.

“Pero no es fácil, sobre todo si se tratara de una propuesta más arriesgada e inteligente, con golpes financieros y al paralelo de la legalización”, insiste el escritor, a quien le parece un tema urgente el tema de la legalización de las drogas, pues la prohibición y el combate “produce más muertes que la adicción”.

Osorno señala también las razones del relanzamiento de su libro, que fue atacado en su momento por plantear una idea disruptiva y provocadora entonces: la hipocresía de la política antidrogas que abanderó Calderón para legitimizarse. El narcotráfico en México es pues, “hijo de la política”, sentencia.

“Ahora el tema del narco tiene un glamour morboso y el libro está alejado de eso, no busca el sensacionalismo. Más allá de lo criminológico o policiaco, aborda el tema desde una perspectiva política”, asegura el autor que ve al Cártel como una empresa que no depende del liderazgo de una sola persona.

El cineasta, reportero y autor de nueve libros, habló para Puntos y Comas acerca de la reedición (se agregaron 100 páginas) de El Cártel de Sinaloa. Una historia del uso político del narco (Grijalbo), a diez años de su primera publicación. En sus páginas desarrolla, con testimonios y archivos desclasificados, la historia de la organización más importante del tráfico de drogas a nivel internacional; documenta lo que no se dijo en el juicio de El Chapo; relata la vida de Ismael Zambada García, “El Mayo“, un capo de 72 años que lleva medio siglo sin haber pisado nunca la cárcel y que se volvió, gracias a sus conexiones en los últimos cinco sexenios, el narcotraficante más antiguo y poderoso de México.

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–¿Tras el operativo fallido del 17 de octubre en Culiacán, las fuerzas de Andrés Manuel López Obrador quedaron en entredicho ante la opinión pública por denotar debilidad…

–Creo que más que verlo en términos de disputa entre el Presidente y la oposición, para mí lo crítico es que se abrió la posibilidad de que comencemos a ejercer una política antidrogas distinta, soberana; que dé un giro radical a lo que se ha venido haciendo por los gobiernos anteriores, con los que fue un desastre.  El Gobierno dio señales interesantes en ese sentido: el discurso de no ir por los capos y buscar actuar de manera inteligente y financiera.

Esto se rompe el 17 de octubre en Culiacán cuando se da este operativo. Para mí es loable que haya preferido evitar una masacre y haya dejado ir a Ovidio, pero sigo sin entender por qué se realizó ese operativo. Pese a la información en las conferencias recientes, no queda claro; el Gobierno proclamó que iba a actuar de forma distinta contra los grupos criminales.

Osorno formó parte de la Comisión de la Verdad de Oaxaca, que documentó crímenes de lesa humanidad, y ha encabezado iniciativas de regeneración del tejido social a partir del periodismo narrativo. Foto: Crisanto Rodríguez, SinEmbargo

Estamos en un momento decisivo. México tiene que hacer su propia política antidrogas más allá de los intereses de Estados Unidos. No lo pudimos lograr con el tema migratorio, pues Donald Trump nos impuso otra vez sus políticas y nosotros estamos haciendo un trabajo vergonzoso en este tema. No quisiera que pasara lo mismo con el tema antidrogas y que nos convirtamos en una instancia que le hace el trabajo sucio a las agencias norteamericanas.

Ojalá en los próximos días el Gobierno actual, en su afán de transparencia y así como abrió la información sobre el operativo, abra también la información sobre la cooperación que existe con EU para conocer los acuerdos y saber hasta qué punto comprometen la soberanía de nuestro país.

–En sexenios anteriores se presumía que los cárteles estaban protegidos por el Presidente en turno, ¿Con AMLO existe esta relación con el crimen organizado?  Él insiste en que no hay ni habrá colusión.

–Sinceramente no creo que este Gobierno tenga complicidad con alguna organización criminal, no creo que haya un “cártel favorito”, como dio la impresión en gobiernos anteriores. Lo sé por las señales que ha mandado: el Presidente habló de amnistía en campaña; luego ya no usó el término porque hubo mucha controversia y cada vez que el tema es tocado, hay mucha estridencia y tergiversación.

Insisto, un tema importante es poder legalizar las drogas en México: no basta con que el Congreso apruebe una ley, hace falta operación política, trabajo legislativo para acabar con la prohibición y con las redes que no son sólo criminales, también tienen que ver con los contextos donde se arraigan estos fenómenos. Al mismo tiempo también haría falta una perspectiva de justicia transicional.

–La estrategia de seguridad que ha planteado el Presidente tiene que ver con la prevención del delito pero realmente no ha detallado qué va a hacer con el crimen organizado. ¿Cómo ves este panorama, hacia dónde va la estrategia?

–Más que estrategia hay voluntad de hacer las cosas de manera distinta, de no corromper al Gobierno en esta dinámica perversa del combate al narcotráfico y también de no generar mayores espirales de violencia. La ausencia de algo definido explica las contradicciones expuestas en las mañaneras con respecto a Culiacán. Espero que estos acontecimientos sean un parteaguas y ayuden a definir ya una estrategia efectiva.

Pero no es fácil, sobre todo si se trata de una estrategia innovadora. El Gobierno en este tema tiene cinco pilares: la Secretaría de la defensa, de marina, de seguridad, el Cisen y la Fiscalía. Son cinco universos con los que se tiene que consolidar una estrategia única. Si la idea fuera hacer una estrategia punitiva de supuestamente combatir la delincuencia, sería fácil integrar esas cinco instancias, pero si la propuesta es más arriesgada o inteligente, con golpes financieros y al paralelo de la legalización que está proponiendo el Senado, se vuelve más complejo.

Actualmente es profesor de la Universidad de Monterrey, publica una columna en el diario Maspormas y es escritor de Bengala, una agencia que desarrolla contenido para cine y televisión. Foto: Crisanto Rodríguez, SinEmbargo

–¿El Cártel de Sinaloa sigue siendo sólido? ¿Cómo se estructura ahora con El Chapo en la cárcel?

–Lo que yo planteo en el libro es que el Cártel de Sinaloa es una empresa y no depende necesariamente del liderazgo de una sola persona. Es como Cemex: Murió Lorenzo Zambrano y no desaparece Cemex porque es una empresa que tiene una estructura, personajes claves, experiencia. Lo mismo pasa con el Cártel, que lleva muchos años operando.

También habría que decir que El Chapo no necesariamente era el máximo operador del Cártel, sino Ismael Zambada, El Mayo, que a diferencia de todos los capos que conocemos, nunca ha pisado la cárcel e incluso tuvo el gesto de dar una entrevista con Julio Scherer en un momento de mucha persecución.

La noche del 11 de julio de 2015, El Chapo volvió a fugarse y la noticia fue difundida por la prensa mexicana​ la madrugada del 12 de julio. Se dijo que ocurrió alrededor de las 9 de la noche. Foto: Especial

La portada en la que aparece Scherer García junto al Mayo Zambada, en el año 2010, fue usada en el juicio de El Chapo Guzmán, en Nueva York. Foto: Especial

Hoy en día el Cártel de Sinaloa tiene dinámicas de enfrentamiento y división, eso es una constante en ese mundo. Pero quizá la crisis mayor ya pasó hace dos años cuando hubo una disputa, entre los hijos de El Chapo y un socio y amigo suyo, Dámaso López, por ver quien se quedaba con mayor control. Esa riña fue muy cruenta y uno de los compañeros que la estaba cubriendo, Javier Valdez, un gran periodista y amigo, fue asesinado a causa de ello.

Dámaso López Nuñez, más conocido como Dámaso López o El Licenciado, es un ex narcotraficante y criminal mexicano.​ Fue líder del Cártel de Sinaloa después de la captura del “Chapo”

El 15 de mayo de 2017, el fundador de Ríodoce fue bajado de su vehículo por dos hombres encapuchados que le cerraron el paso en un coche color blanco. De rodillas, con las manos sobre los muslos, Valdez recibió 12 balazos. Foto: Especial

–¿Qué destacarías de este cártel, el más antiguo en México? ¿Cómo ha sido su evolución? ¿Será el fentanilo la nueva apuesta del Cártel para diversificar su mercado?

–Esta organización empezó con la mariguana, en los años 70 por Miguel Ángel Félix Gallardo se involucró con la heroína, luego la cocaína se volvió el activo más importante de sus operaciones. Posteriormente hubo una serie de drogas que han ido apareciendo y desapareciendo a lo largo de los años y el fentanilo es una de las drogas que actualmente están emergiendo. Han existido muchos otros productos ilegales que el Cártel ha manejado por la demanda en Estados Unidos y que no han prosperado. Finalmente los pilares siguen siendo la mariguana, la heroína y la cocaína.

Justo por eso para mí es muy importante la legalización de las drogas. Yo sí creo que tenemos que buscar la apertura de ese mercado, donde el Estado pueda regular de manera eficaz; realizar campañas más abiertas en contra de la adicción sin que se estigmatice al adicto. El combate al tráfico de estas drogas produce más muertes que la adicción; no tiene sentido lo que estamos viendo hoy en día.

“Finalmente los pilares siguen siendo la mariguana, la heroína y la cocaína”, opina el escritor en entrevista. Foto: Especial

–¿A qué se debió la reedición del libro?

–Publiqué este libro hace diez años, cuando el tema de la guerra contra el narco estaba en su máximo esplendor. Desde la primera edición cuestiona esa guerra y plantea que detrás de la declaración de Felipe Calderón, más que combate real, había una motivación de buscar legitimidad, tan cuestionada luego de su llegada al poder.

Cuando el libro salió fue muy atacado porque en ese momento la guerra contra el narco tenía una cierta popularidad: una encuesta de Reforma entonces arrojaba que 7 de cada 10 personas apoyaban y creían que la guerra contra el narco era real. Hoy en día es un lugar común decir que Calderón uso el tema del narco para legitimizarse; eso ya casi todo mundo lo dijo, pero hace diez años esa idea era muy disruptiva, muy provocadora.

Cuando se investigaba de ello, lo hacíamos con mucho riesgo y miedo, más que ahora, porque era un tema que no se tocaba; era muy difícil que los medios nos dieran espacio, era una verdadera pelea conseguir un espacio para publicar esas historias.

Después vinieron otros libros: La guerra fallida, de Rubén Aguilar y Jorge Castañeda; luego otro libro de Anabel Hernández [Los señores del narco], luego otro de José Reveles [El cártel incómodo]. Se fue formando una narrativa donde muchos documentamos la hipocresía de la política antidrogas que abanderaba Calderón, quien más bien estaba destrozando el tejido social, provocando miles de asesinatos, desapariciones, desplazamientos y un colapso general que todavía estamos padeciendo.

El operativo conjunto Michoacán marcó el inicio de la llamada Guerra contra el Narcotráfico que emprendió el entonces Presidente Felipe Calderón. Foto: Especial

Ahora el tema del narco tiene un glamour medio morboso y el libro está alejado de eso, no busca el sensacionalismo. Más allá de lo criminológico o lo policiaco, aborda el tema desde una perspectiva política con testimonios directos de empresarios, guerrilleros, campesinos, solados, capos, sicarios que te cuentan su versión

En esos diez años el libro se fue reimprimiendo muchas veces y yo seguía haciendo coberturas esporádicas, pues la gente comenzó a acercarse más y entender esta tesis que yo planteo en el libro: el narcotráfico en México es hijo de la política, van siempre de la mano.

En este tiempo detuvieron al Chapo, se fugo, lo volvieron a detener, lo extraditaron, hubo un juicio que fue un show, mataron a un hermano de El Mayo… Hubo una serie de eventos que consideré necesarios incluir en una edición actualizada una década después para que las personas que han continuado buscando el libro, tuvieran un contexto actualizado. Se agregaron casi 100 páginas.

–¿Por qué es importante leerlo?

–Porque el Cártel de Sinaloa es uno de los poderes fácticos de este país, es un mundo que nos gobierna, que determina nuestra calidad de vida.

Foto: Crisanto Rodríguez, SinEmbargo

Un poco más acerca del autor…

Entre los reconocimientos que ha recibido están: el Premio «A mano disarmata» de la Stampa Romana de Italia, el Latinoamericano de Periodismo sobre Drogas, el Internacional de Periodismo por los 35 años de la revista Proceso y el Nacional de Periodismo de México 2013, el cual dedicó al Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN). Su libro más reciente, Slim. ¿Puede uno de los hombres más ricos del mundo ser una buena persona?, es uno de los más vendidos y reconocidos por la crítica mexicana.

En 2019 dirigió para Netflix la serie documental 1994. También ha realizado proyectos de cine como El Alcalde, galardonado internacionalmente.