Ante la preocupación sobre la aparición de nuevas variantes del SARS-CoV-2 y su expansión, las vacunas aún mantendrían su eficacia y, en caso de perderla, adaptarlas a las nuevas mutaciones es posible, sin embargo el proceso podría tardar meses.

Ginebra, 10 feb (EFE).- Adaptar las vacunas anticovid a las nuevas variantes del coronavirus que están surgiendo, algunas de ellas más contagiosas, es relativamente sencillo, pero pueden tardar meses en llegar al mercado debido a la necesidad de cambiar líneas de producción y obtener nuevas licencias, advirtió hoy una experta.

En un encuentro organizado con la Asociación de Corresponsales de Naciones Unidas (ACANU), la directora del Centro de Inmunología de los Hospitales Universitarios de Ginebra (HUG), Claire-Anne Siegrist, analizó el actual desarrollo de las vacunas anticovid y el desafío que se enfrenta ante las nuevas variantes.

“Es fácil adaptar las elaboradas con la tecnología de ARN Mensajero (Pfizer/BioNTech, Moderna) y tampoco es difícil en las de vectores adenovirales (AstraZeneca, Gamaleya), pero el desafío está a la hora de modificar la producción y obtener nuevas licencias. Podría tardar meses, pero no años”, subrayó la experta.

Siegrist indicó que las vacunas de ARN Mensajero (que envían instrucciones al organismo para crear anticuerpos) han mostrado mejor efectividad en el sentido de que no sólo crean un alto nivel de los mencionados anticuerpos, sino que además aumentan las llamadas “células T”, eficaces para la destrucción de células infectadas.

Siegrist indicó que las vacunas de ARN Mensajero han mostrado mejor efectividad en el sentido de que no sólo crean un alto nivel de los mencionados anticuerpos, sino que además aumentan las llamadas “células T”. Foto: EFE

Las vacunas basadas en vectores adenovirales (contienen virus pero incapaces de reproducirse) no parecen lograr la misma creación de anticuerpos, aunque sí generan en el organismo inmunizado altos niveles de células T, por lo que pueden servir más para prevenir casos graves que para frenar la transmisión comunitaria, explicó.

Un tercer tipo de vacunas, basadas en el tradicional método de usar virus inactivados (como la desarrollada en China por Sinovac), generan altos niveles de anticuerpos pero bajos de células T.

Estos distintos comportamientos contribuyen a que las distintas vacunas tengan muy variados niveles de eficacia: del 94-95 por ciento en el caso de las de Moderna, Pfizer y Gamaleya, porcentaje que baja al 62 por ciento en la de AstraZeneca y al 50 por ciento en la de Sinovac, según los datos provisionales de los ensayos.

Los estudios sobre la adaptación de las vacunas a las nuevas variantes aún son muy preliminares: la Universidad de Ginebra, cuyos datos citó Siegrist, no maneja datos en este caso con las de Pfizer y Moderna, pero la de AstraZeneca podría caer al 22 por ciento en relación con la cepa sudafricana.

Ante todas las dudas que están surgiendo en las últimas semanas, Siegrist afirmó que en muchos países no habrá opción para elegir entre unas u otras, y “es mejor vacunarse con una que dé poca protección que no tener ninguna protección por esperar a que lleguen vacunas nuevas”.

La experta se mostró por ahora poco partidaria de inmunizar a los niños con las nuevas vacunas, ya que los ensayos clínicos se han hecho mayoritariamente con adultos, y dado que la COVID-19 suele manifestarse con síntomas moderados o leves en las franjas de edad más bajas.

Viales vacíos de la vacuna contra la COVID-19 desarrollada por Pfizer-BioNTech. Foto: Esteban Félix, AP

La experta previó que la humanidad “no se librará completamente del virus, deberá convivir con él”, aunque vaticinó que, en el mejor escenario, acabará circulando sobre todo en población de bajo riesgo, siendo entonces importante proteger a colectivos vulnerables, como personas mayores o enfermos crónicos.