El pionero director, que comenzó su carrera en su tierra natal pero terminó mudándose a Estados Unidos, donde realizaría algunas de sus películas más icónicas, rodó más de cincuenta filmes, además de una de las antologías televisivas más interesantes de la pequeña pantalla: Alfred Hitchcock presenta.

Madrid, 13 de agosto (EuropaPress).– Alfred Hitchcock, eterno neurótico y Edipo del celuloide, es una de las figuras clave para entender el cine de la actualidad: no en vano su vasta filmografía es una de las más reivindicadas desde los años sesenta. Uno de los directores más influyentes para la historia del cine que este 13 de agosto habría cumplido 120 años.

Fue la Nouvelle Vague la que comenzó una feroz defensa del cineasta británico, con Godard, Truffaut y compañía alabando al artesano del misterio en la revista Cahiers du Cinéma y encumbrándolo como uno de los autores claves del séptimo arte. Hasta ese momento, Hitchcock era considerado un efectivo realizador, pero no un creador de la dimensión que hoy se le confiere.

El pionero director, que comenzó su carrera en su tierra natal pero terminó mudándose a Estados Unidos, donde realizaría algunas de sus películas más icónicas, rodó más de cincuenta filmes, además de una de las antologías televisivas más interesantes de la pequeña pantalla: Alfred Hitchcock presenta.

El cine debe al realizador el “mcguffin”, sus extravangantes giros argumentales, su gusto por los hipnóticos planos cenitales, los fugaces “autocameos” y otras tantas obsesiones y argucias narrativas de las que el maestro del suspense se servía para sus producciones. Vértigo, una de las grandes obras de su carrera, destronó en una encuesta la prestigiosa revista Sight and Sound a Ciudadano Kane como la mejor película de la historia, una preferencia fundamental para entender el cine de la actualidad.

Aunque realizar una selección de una filmografía tan amplia y variada como la de Hitchcock es una tarea condenada a quedarse corta, elegimos diez películas del genio británico en orden cronológico. Aunque no están todas las que son, sí que son todas las que están.

INOCENCIA Y JUVENTUD (1937)

Aunque no es una de sus películas más valoradas, Inocencia y juventud destaca sólo por la inclusión de una de las grandes escenas del director, clave además en su filmografía posterior. Sirviéndose de una grúa, la cámara responderá a la pregunta de los protagonistas, en busca del culpable del asesinato de una joven cuyo cadáver aparece en una playa.

Un extravagante movimiento que recorre dos estancias hasta, sin corte, pasar de un plano general a un plano detalle, es el que da respuesta. Una elaboradísima peripecia formal que Hitchcock convertirá en una de sus muchas señas de identidad.

ALARMA EN EL EXPRESO (1938)

El punto de partida de Alarma en el expreso, una de las películas más socarronas de la etapa británica del director, es la paranoia que surge después de que una mujer note la desaparición de una anciana en el tren Transcontinental Express. Pero el resto de pasajeros afirman que esa mujer no existe, lo que dispara la sospecha de la joven a la que interpreta Margaret Lockwood.

REBECA (1940)

El recuerdo de un fantasma desemboca en la neurosis en Rebeca, una de las primeras películas que el director realizó en Estados Unidos. Laurence Olivier y Joan Fontaine dieron vida a Maxim de Winter y la que es su segunda esposa tras la muerte de Rebeca.

La nueva señora de Winter nunca tendrá nombre, una ingeniosa señal del director para destacar que la mujer más importante de la película es la que no está y da título al filme: Rebeca.

ENCADENADOS (1946)

Encadenados es, quizá, la muestra definitiva de la depuración estilística de Alfred Hitchcock. La película, ambientada tras la Segunda Guerra Mundial, narra la colaboración entre Alicia (Ingrid Bergman) y Devlin (Cary Grant) en Río de Janeiro para atrapar a Alexander Sebastian (Claude Rains), cerebro nazi en Brasil.

Y, al igual que ocurría con Inocencia y juventud, en Encadenados el director se sirve de una grúa para pasar de un plano general a un plano detalle en otra muestra de maestría formal. Secuencia clave que, de nuevo, confirma el dominio del director en la puesta en escena.

LA SOGA (1948)

Entre logros formales del director, es imposible no destacar La soga, rodada en continuidad tanto tiempo como permitían las cámaras de la época, pues la cinta está compuesta de planos secuencia de diez minutos. No es lo único que causó revuelo en la época, pues este particular cluedo se desvela también como una reflexión homoerótica en torno al superhombre nietzscheano.

VÉRTIGO (1958)

Una de las películas más celebradas y veneradas de Hitchcock es también una de las más influyentes en el cine contemporáneo. Vértigo reúne las pulsiones y obsesiones del director en la historia de Scottie Fergusson (James Stewart), un detective retirado contratado por un viejo amigo para cuidar de Madeleine (Kim Novak), una mujer obsesionada con su pasado.

Sus míticos títulos de crédito, realizados por el artista Saul Bass, se adentran en el ojo de una mujer de la misma forma que Hitchcock se sumerge en la mente neurótica de sus personajes en la que es una de sus películas fundamentales. Vértigo es la suma de las obsesiones del director, así como una de las cimas de su filmografía.

CON LA MUERTE EN LOS TALONES (1959)

El detonante de otra de las grandes películas del realizador nace de una casualidad casi kafkiana: Roger O. Thornhill, un ejecutivo que trabaja en publicidad, es confundido por George Kaplan, un agente del gobierno, y termina siendo secuestrado por unos espías que le interrogan en una mansión de la que finalmente huye.

Uno de los grandes thrillers del maestro del suspense, rendido aquí al entretenimiento en una película que recompensa al espectador que suspende su incredulidad con más de dos horas de divertimento y disfrute.

PSICOSIS (1960)

Alfred Hitchock, tanto o más celoso que Tarantino de los spoilers para Psicosis, insistió en que en su película hubiera una petición expresa a los espectadores para que no revelaran nada de la trama de la película. De hecho, una vez comenzada la proyección, nadie podía entrar a la sala.

Además de su música histriónica y de la mítica escena del baño, Psicosis retoma la obsesión edípica del director con la tortuosa relación de Norman Bates y su madre Norma. Una de las películas a las que más debe el terror psicológico y el suspense de la actualidad.

LOS PÁJAROS (1963)

La perversa imaginación de Daphne du Maurier, prolífica escritora británica, fue el punto de partida de Alfred Hitchcock para algunas de sus grandes películas. Fue el caso de Rebeca o Posada Jamaica, pero quizá la más recordada de las adaptaciones que el director realizó fue Los pájaros.

El resultado fue una de las obras más surrealistas del realizador. Los pájaros reflejó el interés de Hitchcock por el terror como muestra de pérdida de seguridad del individuo contemporáneo, uno de los elementos fundacionales del género.

FRENESÍ (1972)

Una de las últimas películas del genio, realizada en su tierra natal. En las aguas del Támesis aparece el cadáver de una mujer desnuda y estrangulada, con síntomas de violación y otras señales que presagian que el asesino es un maníaco sexual.

El perfeccionismo estético de Hitchcock queda reflejado en una de las escenas más crudas de su filmografía. El criminal entra junto a una mujer al apartamento donde la asesinará, mientras la cámara se aleja hasta salir de la casa y volver al ruido de la calle, impasible ante el crimen que se comete ante los ojos del espectador.