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Melvin Cantarell Gamboa

13/09/2023 - 12:05 am

Neoliberalismo, individuo y democracia

Una sola cosa hay que tener claro, no basta con criticar, hay que aprender a luchar contra las nuevas formas de dominación: el neoliberalismo, los medios de comunicación, las tecnologías y los resabios de la educación conservadora.

Bandera en el Zócalo de la Ciudad de México.
“El verdadero poder del pueblo se recupera cuando éste suprima en sus expectativas las ilusiones, para pensar, actuar por sí mismo y asumir su realidad como un individuo que ha pasado a ser razonable para moverse en torno a sus intereses y elimine, con el poder del voto, las condiciones sociales que posibilitan a una minoría dominante la utilización de la democracia para adormecer y someter a una masa oprimida”. Foto: Victoria Valtierra Ruvalcaba, Cuartoscuro

El individuo

Elogio la potencia individual de quienes no andan buscando a quien seguir ni quien los siga. Sin embargo, resulta doloroso ver que algunos trabajadores, empleados y profesionistas son incapaces de entender su condición de clase subordinada y explotada y adoptan la conciencia de clase de sus opresores.

Lo hacen porque la voluntad de poder está históricamente más desarrollada en la burguesía que en las clases sometidas, a las que educó y domesticó con saberes propios de su clase; es más, el proletariado por siglos ha sido incapaz de desarrollar una voluntad de poder y de ahí, su impotencia para inclinar su conciencia en favor de sus intereses. 

El establishment y la clase dirigente, a través de los aparatos ideológicos del Estado, han condicionado a las masas oprimidas a ser sujetos dependientes a la hora de decidir en todos los campos sociales: economía, ideología, cultura, política, democracia y toda otra actividad determinada por normas y reglas que el poder ha establecido para su protección y permanencia. Por esta sencilla razón la conciencia política de los trabajadores, como aptitud social, es incapaz de leer con precisión las relaciones de poder que reducen al mínimo el lugar que el sistema le asigna en las decisiones políticas, es decir, sólo es “usado” para elegir a sus gobernantes cada tres o seis años, sin capacidad de revocar el mandato aunque sean ineptos o incompetentes. Además, no es fácil comprender y tomar una posición razonable ante el papel que en la democracia juegan los grupos, organizaciones y partidos de derecha para imponer sus visiones sociales. 

Del siglo XV al presente, el Yo burgués se encaramó en un asalto frontal, creativo y sin precedentes a la altura de una nueva conciencia de clase; hoy, debido a la decadencia económica, política y cultural del neocapitalismo la clase burguesa en el contexto de la democracia representativa, recurre a los dominados como recurso bélico para practicar su política por otros medios y borrar del mapa social a sus tradicionales enemigos de clase, sin que estos se percaten siquiera. Desde el siglo XVIII a la fecha, la burguesía aprendió a decir Yo, mientras los proletarios y demás trabajadores se han dejado llevar por una parcialización ajena a su realidad. Carentes de voluntad de poder, dominio y de proyecto histórico de liberación, se contentan con aspirar a un mayor consumo buscando desesperadamente cómo aumentar sus ingresos, mayor salario, adquirir una vivienda, procurar el acceso de sus hijos a estudios superiores, comprar un automóvil, adquirir la tecnología más avanzada y un viajecito de cuando en cuando, mientras se acaba la vida trabajando y, en la mayoría de los casos, sin conseguirlo o hacerlo a medias; la clase media, por ejemplo, cree estar luchando por sus intereses ignorando que su avidez sólo eleva y fortifica la barrera que la separa de las clases bajas; si fuera capaz de obrar  de acuerdo al realismo social y obtuviera lo que cree merecer tendría que abandonar su confianza hacia los opresores, dejar de sentirse víctima, percatarse de que para los políticos de derecha los intereses inmediatos de las clases populares son una pura nada y, por el bien propio, dejarían de acompañarlos en sus objetivos políticos y económicos.

Una sola cosa hay que tener claro, no basta con criticar, hay que aprender a luchar contra las nuevas formas de dominación: el neoliberalismo, los medios de comunicación, las tecnologías y los resabios de la educación conservadora. Tarea realizable si ponemos el acento en la formación de individuos, no de sujetos; para entender y comprender el mundo existente al margen de realidades ideales que configuran sistemas meramente ideologizados de organización social, como el neoliberalismo y su expresión última, el anarcocapitalismo.

A ambos hay que desenmascararlos si deseamos superar la debilidad de los seres humano, que en el momento actual tiene dos consecuencias nocivas: la imposibilidad del bienestar general y la desigualdad. 

Neoliberalismo y democracia

El neoliberalismo es la fase superior de un proceso ideológico que empezó a delinearse a mediados del siglo XX con la promoción de órdenes sociales basados en mercados libres e individuos en libertad con la intención de metamorfosear lo social y lo político en un único orden competitivo. 

Como punto de partida los neoliberales impulsan la idea del sujeto como consumidor soberano y la noción, más tarde transformada en herramienta conceptual, del mercado libre como la única razón normativa para la construcción de una racionalidad rectora de todas las formas de vida humana y, al mismo tiempo; se proponen reducir la participación del Estado en la solución de asuntos económicos y sociales, para dejar esta obra a las reglas emanadas de la competencia mercantil. De esta manera las decisiones económicas que afectan a todos quedan en poder de entes que controlan el sistema financiero internacional: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y los Bancos Centrales Nacionales cuyas decisiones económicas quedan así fuera del alcance del poder del pueblo (no son votadas); en consecuencia, los gobiernos cargaron con el desprestigio de ser incapaces de enfrentar y resolver problemas reales. Así creció el descrédito de la democracia, la ciudadanía perdió interés por salir a votar y participar políticamente, a fin de cuentas, las decisiones que podían mejorar su situación están fuera del alcance de los gobernantes electos que carecían de poder para actuar y quien se atreviera era acusado de populista. De esta manera los gobiernos nacionales y la sociedad perdieron el control de sus vidas. 

Definir la economía a partir del consumidor y del mercado libre dio también lugar a las diferentes funciones que se ha adjudicado el neoliberalismo y que le permitió materializar sus propósitos: a) reemplazó la soberanía del Estado por la del consumidor; b) justifica en los hechos una organización política basada en la disminución del Estado; c) esta reconfiguración, al modificar la percepción pública de las actividades estatales, abrió paso a la necesidad de que sea el capital privado quien determine los fines del orden social, dicte la conducta laboral de los individuos y los convierta en capital-mercancía para su consumo; d) obligó a las clases trabajadoras a convertirse en “mercancías vivientes” que, en afán de sobrevivir y obtener beneficios, se vieron en la necesidad de aumentar, constantemente, su propio valor competitivo y autoexplotarse, es decir, los sujetos se transformaron en capital económico. 

La economización de la vida hizo más fuerte el dominio neoliberal sobre los seres humanos, en tanto atenuaba el ejercicio de la libertad individual. Calcularon acertadamente que una vez que los individuos fueran subordinados al mercado buscarían su propia mejora exclusivamente y dejarían de preocuparse por el otro, por lo público, lo político, lo social y lo colectivo; asimismo perderían interés en la regulación del Estado a través del ejercicio democrático del sufragio, en consecuencia, este perdió importancia; que caso tiene salir a votar si con ello no se resuelve nada; la democracia se redujo, en consecuencia, a un mero proceso procedimental, es decir, las elecciones se limitan a recoger la opinión ciudadana; las decisiones de Gobierno emanarían de las normas dictadas por el mercado.

Lo aquí dicho no es mera sospecha, en México los vínculos que existían entre las demandas sociales y el ejercicio del poder público a partir de la gestión gubernamental de Salinas de Gortari abrió paso a la conformación de un Estado subsidiario del mercado que, paulatinamente, impuso a la sociedad la percepción de que las actividades de Gobierno se definen a partir de lo que es conveniente al capital privado, al empresariado y al sistema financiero, únicos responsables del crecimiento económico; esta idea, en la práctica deterioró los vínculos históricos que existían entre las demandas sociales y el ejercicio de la gestión gubernamental para abrir paso a la conformación de un Estado neoliberal que toma decisiones, no en función del bien general, sino de lo que es conveniente para mantener en operación las estructuras del mercado.     

Ahora, el neoliberalismo lanza como señuelo para cazar incautos hacerles creer que por su carácter de consumidor soberano son ellos los que están determinando la política económica, la actividad productiva y el desarrollo del país. Sin embargo, comparar la elección de una mercancía con la elección de quien debe gobernar es en extremo simplista y totalmente insuficiente para legitimar el orden político.

Lo que hay que poner en claro es que ideológicamente la retórica neoliberal erosiona la capacidad de la población para hacer demandas colectivas y luchar por sus derechos sociales cuando es obvio que democracia es el poder del pueblo y lo conformamos todos y, en tanto demos debemos tener una cuota en la toma de decisiones sobre la economía, el ejercicio del poder y la riqueza nacional, es más, en política debiera ser el movimiento histórico del pueblo el que decida el destino del presupuesto nacional y de los dineros recaudados a través de los impuestos.

Para concluir, el neoliberalismo es un fraude completo; la afirmación de que la política depende del mercado y el Gobierno debe ser reducido a una mínima expresión es algo que nunca ha sucedido. “La intervención de los gobiernos continúa, pero en beneficio de los ricos. En los hechos el sistema neoliberal es una guerra de clases generalizada, los acuerdos comerciales son contratos entre inversionistas cuyos derechos son defendidos por sus países de origen donde gana el más fuerte”; esto lo dijo Noam Chomsky en una entrevista publicada por La Jornada, jueves 6 de julio de 2023, afirmó, además, “que el neoliberalismo permitió el traslado del 90% de la riqueza de la clase media y trabajadora al 1% más rico”.

Entonces, cuando los defensores de la globalización neoliberal dicen que ésta se basa en reglas emanadas del mercado, corresponde a nosotros preguntarnos: ¿Quién impone las reglas? ¿Dónde están las fuerzas populares capaz de oponerse?  Es cierto, la conciencia de clase de los ricos, los empresarios, etc., está más altamente desarrollada que la de las clases subordinadas y sólo podrán superar esto oponiéndose, en principio a los gobiernos nacionales de corte neo y no dejando que lleguen a puestos de elección sus testaferros.

Concluye Chomsky de modo contundente, “el desafío es el siguiente, cerrar el paso a los neo, pues llevan toda elección al conflicto entre dos concepciones de la sociedad, sin mostrar abiertamente la suya; descalificando, inventando narrativas, eventos y acontecimiento sin evidencias ni pruebas al criticar al Gobierno en el poder”.

El verdadero poder del pueblo se recupera cuando éste suprima en sus expectativas las ilusiones, para pensar, actuar por sí mismo y asumir su realidad como un individuo que ha pasado a ser razonable para moverse en torno a sus intereses y elimine, con el poder del voto, las condiciones sociales que posibilitan a una minoría dominante la utilización de la democracia para adormecer y someter a una masa oprimida.

Melvin Cantarell Gamboa
Nació en Campeche, Campeche, en 1940. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es excatedrático universitario (Universidad Iberoamericana y Universidad Autónoma de Sinaloa). También es autor de dos textos sobre Ética. Es exdirector de Programas de Radio y TV. Actualmente radica en Mazatlán, Sinaloa.
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