AMLO durante la instalación de la Junta de Gobierno del Insabi. Foto: Cuartoscuro

Como parece ser ya todo en este sexenio, la creación del nuevo instituto de salud, el Insabi, ha terminado por convertirse en una discusión donde se mezclan datos verídicos, propaganda, demagogia, falsas verdaderas y francas mentiras sostenidas por el gobierno y por sus opositores en las redes sociales. Parece ya un padecimiento crónico y contagioso, más que un síntoma aislado, que los encargados de las instituciones, empezando por el Presidente, fabriquen, sin ninguna noción de moralidad, fakenews y propaganda para engañar “al pueblo” y cubrir la improvisación y la falta de capacidad que está caracterizando al gobierno federal. Desde la política de seguridad y el operativo fallido de Culiacán, donde sin descaro dieron versiones mentirosas, hasta la nueva creación del Insabi y la desaparición del Seguro Popular, se ha vuelto evidente la manera en que usan los aparatos de comunicación no para aclarar confusiones, sino para crearlas deliberadamente. Parece una broma amarga, pero ya es perfectamente creíble que se deba a que ellos mismos no saben qué están haciendo, lo están descubriendo a marchas forzadas, cuando ya se les está incendiando la casa ¿cómo puede ser esto? Una y otra vez, descubrimos que desecharon evidencias, no hicieron la tarea como debían. Ineptitud, irresponsabilidad, falta de preparación, obediencia ciega, será el sereno, pero aquí estamos. En medio de una crisis de salud que puede empeorar, ni duda cabe, y provocar mucho dolor social: tragedias en las vidas de familias que no pueden pagar servicios de salud, y no cuentan con seguridad social, obligados a aceptar la muerte o a perder todos sus bienes. Y no es que los servicios médicos que presta el Estado en este país fueran siquiera aceptables. Es que lo que había fue sumido en la incertidumbre. Afortunadamente, y por la presión de la prensa, que se ha encargado de documentar el desastre que ha significado para la población el cambio intempestivo y sin planeación alguna del sistema de salud, el gobierno reconoció, al menos y a regañadientes, que algo hicieron mal y que mintieron: el primero de enero no hubo ninguna novedosa gratuidad y acceso a la atención a la salud para quienes no tienen seguridad social, sino una atención de primer y segundo nivel, si acaso, y una enorme confusión. La gente, de hecho, perdió los beneficios que tenía en la atención de algunos padecimientos “catastróficos”. Personas a las que desde el primero de enero le negaron el servicio gratuito que recibían, como sus quimioterapias, endoscopías, atención en infartos agudos, entre otros males muy graves, lamentablemente murieron.

Ante este panorama, que el gobierno no pudo soslayar, ha anunciado, al menos, que el cambio será gradual para que a finales de este año, la atención que se preste sea gratuita para todos los padecimientos, incluso en hospitales de tercer nivel. Mientras, según el subsecretario de salud, los 66 padecimientos graves que cubría el Seguro Popular, no se dejarán de atender. Esto significa, al menos en teoría, que los enfermos de cáncer que se atendían a través del SP podrán continuar con sus tratamientos, sin costo, como hasta antes del cambio. También, anunciaron que se retirarían los cobros de los institutos de salud para que los servicios sean gratuitos…

Todo suena muy bien, nuevamente y abre una esperanza real para las personas sin seguridad social. Es mucha gente, millones de mexicanos, que viven en la indefensión ante la enfermedad y la muerte. Nadie, en su sano juicio, podría estar en contra de que la gente no se muera y enferme por pobreza e inequidad. Para el gremio artístico, por ejemplo, que no cuenta con seguridad social alguna, sería una buena noticia. El asunto es si podrán cumplirlo, como lo pintan, o si defraudarán a millones de mexicanos pobres que creen en los dichos del Presidente, en una cosa tan seria y fundamental como es la salud, la diferencia entre vivir y morir, literalmente. La pregunta es ¿puede el sistema de salud ser de calidad y atender gratuitamente a millones de mexicanos, de todos sus padecimientos, sin aumentar el presupuesto drásticamente, sin cambiar las prioridades presupuestales de este gobierno, incluso?

Los expertos que saben, se preguntan lo mismo ¿de dónde saldrán los recursos para garantizar la atención, de qué presupuesto?
Más allá de estas preguntas, lo que sí hay que anotar, lamentablemente, es que todas las señales que ha enviado el gobierno son contrarias a este noble fin. Paradójicamente, el gobierno que habla de gratuidad, los legisladores que promulgaron leyes a favor de ella, no incrementaron drásticamente el presupuesto del sector salud, como lo ameritaría una proyección de gasto social, sino todo lo contrario. Las carencias de los institutos y hospitales, de medicamentos, han sido una constante desde que López Obrador llegó al poder y sometió a las dependencias, que ya sufrían de falta de recursos, a un austericidio imperdonable. Su “lucha contra la corrupción”, si le damos crédito a sus explicaciones sobre el desabasto de medicinas, ha dejado muchas bajas colaterales entre la población desfavorecida. Desafortunadamente, estas son evidencias más allá de la demagogia mañanera y la propaganda institucional.

Y es que con Morena y López Obrador en el poder no ha habido, en realidad, una política presupuestal distinta, sino la misma política depredadora neoliberal. No ha privilegiado a las instituciones de salud, de educación, de cultura, con fondos suficientes; lo que se ha hecho hasta hora es, en gran medida, propaganda demagógica a través de apoyos directos y el desmantelamiento de la seguridad social que prestaba el Estado a los más pobres. Algo no cuadra, obviamente, en la combinación. No se puede tener un presupuesto de corte neoliberal y, al mismo tiempo, ofrecer a la población bondades de un presupuesto que prioriza radicalmente el gasto social, cuando no lo hace.

Claro, la explicación siempre podrá ser el ahorro que el Presidente hace en sus proyecciones por el combate a la corrupción: esa fuente de ingreso inagotable. No creo, sin embargo, querido lector, que esta vez le alcance con la mera propaganda, si no cambia sus prioridades neoliberales-populistas, y da recursos a instituciones, no apoyos directos, como hasta ahora.

Tiene un año. Si no cumple, y su cálculo es meramente demagógico con fines electorales, el resultado podría ser la total debacle de su gobierno. Defraudar las esperanzas de sesenta y nueve millones de mexicanos a los que se les prometió atención médica gratuita, salvarse de la muerte, o salvar a sus familiares, sería sencillamente imperdonable, incluso para el Presidente más votado de la historia, con treinta millones. Ojalá que esta vez sí haga bien las cuentas; porque por el bien de todos, primero los pobres, cumpla, señor Presidente.