¿No sabe el Presidente que las funciones de un órgano nacional como el INAI no las puede asumir una dependencia del Gobierno federal? Por supuesto que sí, pero la mayoría de los diputados y senadores de su partido parece que no, y los que sí saben no tienen las agallas para contradecirlo. Foto: Andrea Murcia, Cuartoscuro.

Si alguien entiende bien la diferencias entre Estado y Gobierno, lo nacional y lo federal es el Presidente López Obrador. No solo porque lo haya estudiado en su momento sino porque lleva años en la política y entender esas diferencias es esencial. Si alguien sabe bien cómo confundir con estos términos es también el Presidente López Obrador, pues le encanta jugar con la ambigüedad, hacer como sí, engañar con la verdad. Es un político de los de antes, de los que todo calculan, inducen, atacan, presionan y siempre avanzan.

¿No sabe el Presidente que las funciones de un órgano nacional como el INAI no las puede asumir una dependencia del Gobierno federal? Por supuesto que sí, pero la mayoría de los diputados y senadores de su partido parece que no, y los que sí saben no tienen las agallas para contradecirlo. ¿No sabe el Presidente, que es la vez Jefe de Estado y de Gobierno, la diferencia entre un órgano de Estado y una dependencia de Gobierno? Por supuesto que sí, pero lo que no le gusta es que existan órganos de Estado no estén bajo la férula de su Gobierno.

Dice el inefable Bartlett, que políticamente está cortado con la misma tijera, que las funciones de los organismos constitucionales autónomos pueden ser asumidas por las dependencias del Gobierno federal. Falso. Una cosa es lo que a ellos les gustaría y otro que realmente puedan hacerlo porque justamente de lo que se trata es que sean entidades de Estado, no de Gobierno, es decir que estén por encima de los vaivenes de la política, que los temas estratégicos de la nación, la información, la evaluación y los derechos fundamentales, como el derecho votar y ser votado, el derecho a la información o los derechos humanos, no estén sujetos a los intereses políticos de un Gobierno, del actual ni los que vengan.

Salen muy caros, argumentan. Falso. Más allá de que podamos revisar sueldos y gastos, lo más caro para este país han sido los caprichos de los gobernantes en turno. Si hay un Instituto de Telecomunicaciones es para que el Gobierno en turno no use las concesiones como forma de premio y castigo; si hay una Comisión Federal de Competencia es para que el Gobierno y los poderosos en turno, los que sean, no se sirvan con la cuchara grande; sí hay autonomía del Banco de México es para que los gobiernos no tomen decisiones de política monetaria en función de sus necesidades e intereses inmediatos.

Es cierto, hoy los gobiernos tienen menos rango de decisión que los del siglo pasado, y de eso se trata, de evitar que el Gobierno se convierta en una versión actualizada de Las locuras del emperador.

Entre PAN, PRI, MC y PRD tienen el 38 por ciento de la Cámara de Senadores y eso basta para que el Presidente y Morena no puedan desaparecer ninguno de los organismos constitucionalmente autónomos. Un ojo al gato y otro al garabato. Tan importante es estar atentos a los que dice el Presidente como a este grupo de senadores para que, como se dicen vulgar, pero claramente, no vayan chaquetiar.