Fotos: Cortesía Tijuaneados Anónimos

TIJUANA, BC. Pocos saben que en esta ciudad fronteriza, tristemente célebre por su desigualdad y su inseguridad, subyace un mundo de solidaridad y unión ciudadana. Sin embargo, la dura realidad de la llamada “esquina de México” termina por dañar y enfermar a quienes viven en la zona metropolitana transnacional más grande del país. Termina, dicen, por “tijuanear a sus habitantes”. Por eso, en 2008, en medio de una de sus peores escaladas de violencia, surgió este peculiar programa de autoayuda que imita los 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, para dejar atrás la costumbre de vivir “amafiados” y sin esperanza de cambio.

El primer paso para dejar de ser un alcohólico y regenerarse consiste precisamente en reconocer que se tiene un problema. El segundo paso es querer curarse y el tercero es buscar ayuda, contar la propia historia y estar dispuesto a escuchar las de otros; historias parecidas todas y a la vez diferentes, donde el común denominador es que se ha llegado a un punto de no retorno; el problema supera al individuo, se ha hecho más fuerte que él y, sin embargo, será preciso poner en juego toda la voluntad para salir de la adicción y aceptar la ayuda de los demás.

Este es, a grandes rasgos, el camino que recorren todos los que se reconocen como Alcohólicos Anónimos. Y esta es la misma dinámica bajo la cual un grupo de ciudadanos decidieron comenzar a reunirse en 2008 para intentar dejar atrás una enfermedad que amenazaba con destrozar sus vidas: la inseguridad y la problemática social que, como un “delirium tremens” (la peor pesadilla de los alcohólicos) ronda desde hace años a la fronteriza ciudad de Tijuana, en Baja California Norte.

“¡Hola compañeros! Yo soy Juan Eduardo, y soy un ‘tijuaneado’ (…) y pues… yo creo que tenemos el gobierno que nos merecemos, ¿no? Que le vale madre porque a nosotros nos vale madre… Entonces, el sentido de este grupo tiene la respuesta tan simple y a la vez tan difícil de hacer que las cosas cambien, pero para eso el cambio tiene que comenzar por uno mismo”.

En diversos puntos de la capital, los ciudadanos de esta entidad pueden encontrarse carteles y anuncios invitando a sumarse a un proyecto que, para cualquiera que esté harto de vivir sin esperanza y envuelto en dificultades, violencia y corruptelas, puede parecer (y de hecho lo es) sumamente atractivo:

“La ciudad está muy mal. La situación que vive Tijuana se ha vuelto ingobernable, así como la vida de muchos de nosotros, sus habitantes. Tijuaneados Anónimos es un lugar en donde estamos imaginando cómo queremos que sea nuestra ciudad, y cómo queremos ser nosotros”.

Una dirección, un horario y la invitación para participar en las reuniones semanales aparecen en los carteles bajo el lema: “La ciudad es la suma de todos”

Pero sin duda, la invitación más vehemente para unirse en la búsqueda de soluciones, era la cruel realidad que en ese momento vivía la entidad. Entre finales de 2007 y principios de 2008, Tijuana fue el escenario de una ola de violencia ligada al narcotráfico que, en apenas una semana, cobró la vida de medio centenar de personas, sumiendo a la población en una psicosis colectiva, puesto que las autoridades municipales, en alerta máxima, pedían a los ciudadanos “no salir de casa y mantenerse a resguardo”.

Fotos: Cortesía Tijuaneados Anónimos

DOCUMENTAR LA REALIDAD: LÁGRIMAS Y SONRISAS

Así es Tijuana: una experiencia agridulce para quienes la viven. No en vano se le conoce como “la esquina de México”. Es la sexta zona metropolitana del país, con un crisol multicultural como pocas ciudades tienen en México; es el paso obligado para millones de migrantes que buscan alcanzar “el sueño americano” al que no todos llegan y, por eso, muchos se quedan en Tijuana, una ciudad rica en contrastes, pródiga en dureza, llena de oportunidades, de alegrías y de tristezas.

Aquí surgió hace 11 años el proyecto cultural en medios BulboTV, responsable entre otras muchas iniciativas del nacimiento del peculiar Grupo de Autoayuda “Tijuaneados Anónimos”, un lugar de reunión para repensar la vida, para hacer propuestas, para salir de la enfermedad colectiva y buscar la curación de todos hilando las historias personales de cada uno.

“Por desgracia, en Tijuana el fenómeno de la violencia no es reciente, así que se nos ocurrió crear un escenario especial donde la gente pudiera desahogarse y contar cómo estaban viviendo esta situación, que a fin de cuentas nos afecta a todos.  Fue así como nació este espacio de reflexión. Conseguimos un local, comenzamos a convocar y nos lanzamos a esta experiencia, emulando el sistema de 12 pasos que usa Alcohólicos Anónimos (AA). Era un proyecto de arte experimental y público, que muy pronto superó las expectativas de quienes lo habíamos puesto en marcha”.

Son palabras de Ana Paola Rodríguez, quien junto con José Luis Figueroa, otro de los integrantes de BulboTV, decidieron comenzar a documentar lo que ocurría dentro de las sesiones de Tijuaneados Anónimos: “Nos dimos cuenta de que el nivel de reflexión era tan alto que pensamos que era vital registrarlo y hacer salir las propuestas de la gente fuera de esas cuatro paredes. Fue así que a través de Galatea Audiovisual, que es uno de los proyectos de Bulbo TV, logramos el apoyo del IMCINE y comenzamos a rodar el documental que se estrenó en 2010”.

José Luis Figueroa, codirector del proyecto fílmico, encarna en sí mismo el perfil de la mayoría de los ciudadanos de Tijuana. Nacido en el Distrito Federal, llegó hace 24 años a la frontera y ahí ha hecho su vida. Así es esta metrópoli, de todos y a la vez de nadie. Los últimos datos del INEGI afirman que 60% del electorado tijuanense proviene de otras regiones de México y sólo 38% son nativos. Un fenómeno que si bien enriquece la diversidad, entorpece también la cohesión social y por ende, la participación ciudadana.

“La mayoría de nosotros cree que en México la democracia termina a la hora de votar, pero es mucho más que eso. Si la evolución que queremos es posible, no todo pasa por las urnas: es necesario que los ciudadanos nos involucremos. En las sesiones de Tijuaneados Anónimos se hacía patente que si bien la violencia es una de las principales preocupaciones de la gente, no es para nada la única y a veces no es ni siquiera la más inmediata. Hay muchas cuestiones que sí está en nuestro poder cambiar o mejorar, pero los mexicanos le tenemos miedo a la reflexión, porque en el fondo sabemos que muchos de los problemas son responsabilidad nuestra y no solamente del gobierno: tenemos problemas de agua, de vivienda, de vialidad, con la limpieza de la vía pública o el mal estado de las calles, y un largo etcétera (…)”.

Fotos: Cortesía Tijuaneados Anónimos

¿QUÉ ES UN “TIJUANEADO”?

El término “tijuaneado” comenzó a usarse para referirse a los autos recién traídos de San Diego, California, Estados Unidos, y que no han circulado por Tijuana; una ciudad tristemente célebre por su terreno irregular y por la gran cantidad de baches que hay en sus calles, que terminan por desgastar la maquinaria. En sentido figurado, decir que algo o alguien está “tijuaneado” equivale a decir que “está madreado”, dañado, maltratado… por “rodar” o vivir en una de las ciudades más duras de la República Mexicana.

De acuerdo con el Consejo Nacional de Evaluación de Políticas de Desarrollo Social (Coneval), Tijuana pertenecía en 2010 a la no muy honrosa lista de los municipios con mayor índice de pobreza, mientras que un estudio realizado por el Colegio de la Frontera Norte sobre la Violencia Social en esa entidad afirma que “Tijuana es una de las ciudades con mayor incidencia de menores en situación de explotación laboral y sexual (…) y que, sólo entre 2000 y 2005, se registraron 253 homicidios de mujeres en esta localidad”.

“En las sesiones de Tijuaneados Anónimos, era evidente lo doloroso que le resultaba a la gente reflexionar –dice Ana Paola Rodríguez– porque siempre es más fácil mirar para otro lado e intentar hacer tu vida normal. No es sencillo sentarse y responder a preguntas que son básicas pero muy dolorosas: ¿Qué nos está pasando? ¿Por qué sucede esto? ¿Qué tengo yo que ver con lo que ocurre? ¿Qué podría hacer para que las cosas cambien? Sin duda lastima más abrir los ojos que mantenerlos cerrados, pero no hay de otra…”.

José Luis Figueroa, su compañero en la aventura documental, secunda la opinión de Paola: “En algún punto, el dedo acusador termina por apuntar hacia nosotros mismos, hacia nuestra participación o en el mejor de los casos, nuestra omisión, porque cuando profundizas un poco te das cuenta de que nosotros los ciudadanos tenemos gran parte de responsabilidad en lo que ocurre, no sólo en Tijuana sino en todo el país. A fin de cuentas, nosotros permitimos a otros y nos fuimos permitiendo a nosotros cosas que ‘no parecían graves’, pero que pudimos haber detenido a tiempo. Abrir los ojos y aceptarlo es difícil pero necesario, y esto es lo que sucedía en las sesiones: se tomaba consciencia, se reconocía el problema y ahí es que se planteaban algunas soluciones”.

Sin embargo, para ambos realizadores, creadores además de este singular grupo de “autoayuda ciudadana”, las sesiones dejaban muy claro que, una vez superado el miedo a la reflexión, al hecho de aceptar que “el problema era de todos”, la catarsis daba paso a las ideas y a la búsqueda de soluciones. Así, entre los participantes comenzaba después a germinar la verdadera semilla inspiradora de este “experimento social”: la firme intención de dejar de ser “tijuaneado”, de dejar de estar “madreado” por la situación, y pasar de la queja a la acción.

TAN LEJOS DE DIOS… TAN CERCA DE EU

Dicen que “entre los borrachos y los locos siempre asoma la verdad”. Y tal vez porque el cinismo es una defensa ante las agresiones, entre lo tijuanenses abunda el humor ácido, la broma fácil acerca de su dura realidad, como de quien “se ríe para no llorar”. Uno de los chistes más comunes en esa ciudad, consiste en afirmar que “la parte más bonita de Tijuana está en San Diego”

Esta entidad fronteriza tiene alrededor de dos millones de habitantes, pero la cabecera municipal conforma, junto con Rosarito, Tecate y el propio San Diego (California) la “zona metropolitana transnacional más grande de México”, donde cohabitan cinco millones de personas de orígenes diversos, y cuyas desigualdades económicas, políticas y sociales son abismales.

Desde los 80 y hasta la fecha, su explosión demográfica es brutal. Es, lo que se dice, un verdadero “estallido”, pues Tijuana crece a razón de 1.25 hectáreas diarias; es decir que su territorio se expande 15 mil metros cuadrados cada día.

Se dice fácil, pero no lo es. Como tampoco es fácil vivir al lado del cruce fronterizo más transitado del mundo entero: por la Garita de San Ysidro pasan 50 millones de personas al año, casi 137 mil por día, seis veces los habitantes de todo el Distrito Federal… y es –obviamente– un umbral utilizado tanto para los cruces legales como ilegales, con todo lo que eso conlleva. Tijuana vive pues, con sus altos índices de pobreza, a la sombra de un león llamado San Diego, una de las ciudades más prósperas de California, la entidad estadounidense considerada hoy como la quinta economía mundial.

Y es una sombra que, lejos de cobijar, quema… casi tanto como el sol abrasador tijuanense. No en vano uno de los personajes principales del documental “Tijuaneados Anónimos”, el periodista Daniel Salinas, afirma: “Tijuana está condenada por su geografía, a ser la joya de la corona de cualquier negocio ilegal”.

Fotos: Cortesía Tijuaneados Anónimos

 

RESCATAR EL PULSO Y EMPRENDER EL IMPULSO CIUDADANO

Pero a pesar de sus proximidades y sus lejanías, lo cierto es que Tijuana, con su crisol social de la no-pertenencia, y su eternamente incumplido “sueño americano”, se ha resistido por años, por décadas, a convertirse del todo en “la pesadilla mexicana”. De hecho, el lema oficial de la ciudad resume su espíritu: “Aquí empieza la Patria”.

“Nuestra cercanía o si quieres ‘acostumbramiento’ con el delito puede quizá situarse a unos 20 años atrás. Me refiero sobre todo a la violencia ligada al narcotráfico (…), la llegada de (Jorge) Hank Rhon y el denominado Cártel de Tijuana. Aquí es común conocer a alguien que participa de una u otra forma con el mundo de la ilegalidad, pero eso no es lo más preocupante… creo que nuestro error más grande ha sido nuestra “tolerancia a los actos delictivos”, los pequeños y los grandes… nuestra aceptación y a veces hasta cooperación con el hecho de que el crimen se haya convertido en una de las mayores y mejores fuentes económicas de Tijuana… nuestra permisividad”, dice a SinEmbargo.mx, José Luis Figueroa.

Esto era (y es todavía) lo que se describía en las sesiones de Tijuaneados Anónimos, ese mirarse en un espejo distinto, donde el reflejo de la realidad que les era devuelto a los asistentes no era la imagen del mal gobierno o de los narcotraficantes, ni siquiera de los delincuentes comunes. Igual que sucede con la recuperación de un alcohólico, había que dejar de culpar y comenzar a aceptar que, como sociedad, “nada sucede sin nuestro consentimiento”.

“¡Exacto! –concuerda Ana Paola Rodríguez–, porque a fin de cuentas, los gobernantes, los narcos, los delincuentes comunes o los de cuello blanco no son ‘extraños’, no llegaron de otro planeta. Son mexicanos como nosotros y tienen los mismos valores, y los mismos referentes: ahí está el meollo. Decir que ‘ellos, los otros’ fallan y son malos, es fácil, pero reconocer de pronto que ellos son nuestro reflejo… te da otra visión, una donde sientes que tal vez sí puedas hacer algo en la medida en que también eres responsable de lo que nos ocurre a todos”.

Y así, mientras en los medios tradicionales Tijuana era el centro de la atención nacional e internacional por los asesinatos masivos que sucedían día a día en las calles, en esta pequeña habitación los asistentes a Tijuaneados Anónimos se van pensando a sí mismos y a la sociedad tijuanense de otra manera, en otra realidad en donde es posible, al menos con pequeños pero significativos actos, volver a tener el poder en sus entornos más inmediatos.

“Al principio a lo mejor parecíamos unos locos que estábamos centrados en lo negativo”, dice con la cara oculta uno de los asistentes a estas sesiones… y es que, según los creadores y realizadores de este proyecto, la “magia” que fue creándose al interior de este local en el centro de Tijuana fue que la reflexión poco a poco permitió que “los corazones de unos y otros se tocaran”, que se comenzaran a perfilar soluciones conjuntas con la fortaleza de saber que no eran los únicos, que no estaban locos, sino simplemente “tijuaneados”, dañados por la dureza del entorno, pero que esa enfermedad tenía cura y era posible comenzar a realizar cambios, esperando que, paulatinamente, incidieran en el destino de otros.

Fotos: Cortesía Tijuaneados Anónimos

CAMBIAR EL PARADIGMA Y DETENER LA ENFERMEDAD

Si en 2008, durante el rodaje del documental ‘Tijuaneados Anónimos’ se vivió un recrudecimiento de la violencia, en 2010 –el año de su estreno en pantallas– la ciudad fronteriza volvía a despertar sobresaltada por titulares que anunciaban: “Tijuana atraviesa por el año más violento de su historia”. Para entonces, BulboTV había dejado que la iniciativa ciudadana creciera a su propio ritmo y dinámica.

“La gente comenzó a reunirse en sus casas para continuar con las sesiones”, cuenta Ana Paola. “Los que asistían dejaron de sentirse solos o incluso ‘locos’ y comenzaron a darse cuenta de que muchas acciones pequeñas o individuales podían tener repercusiones, aunque quizá no a corto plazo (…) eran personas que cada uno a su manera, cuidaba una pequeña pero significativa parcela de ‘el jardín social’: había quienes rescataban animales de la calle, otros organizaban acciones vecinales o hacían voluntariado… y lo importante es que fueron encontrándole sentido a hacerlo, se fueron conociendo entre ellos, fortaleciéndose mutuamente y compartiendo sus iniciativas”.

“El problema de la violencia en Tijuana no ha terminado. Sería iluso pensarlo. Quizá porque no hay muertos en la calle algunos piensan que hemos encontrado la paz, pero no es así. Hay mucha violencia cotidiana que todos vivimos y de la que no hablamos: hay violencia en las relaciones, en la vialidad, en el trabajo, en la cultura y en la economía. Somos una sociedad violenta y eso hay que cambiarlo, pero para cambiarlo, es necesario primero (como en las sesiones de Tijuaneados Anónimos) aceptarlo”. añade.

Como parte de la selección oficial del Proyecto Cinematográfico Ambulante, “Tijuaneados Anónimos” recorrió en 2010 diversas ciudades mexicanas, donde no solo se exhibía con éxito, sino que fue creando una cierta forma de catarsis social entre quienes visionaban el filme. Eran (recuerdan sus creadores) exhibiciones donde la gente contaba su propia experiencia en sus ciudades de origen, y que –curiosamente– no resultaban ser muy distintas a las de los tijuanenses.

“La gira del documental fue muy emotiva. La gente lloraba y se reconocía mucho en la experiencia, y de alguna forma, se inspiraban. Fue como tener sesiones de Tijuaneados Anónimos a lo grande y con muchos tipos de público de todo el país (…) y es que yo creo que somos más parecidos de lo que queremos aceptar. Hay muchas iniciativas que mueren en el camino porque no se vinculan, no se conocen entre ellas (…) existe la violencia, sin duda, y hay que erradicarla, pero también existe toda una ‘mexicanidad’ que está haciendo pequeñas-grandes acciones cada día para funcionar fuera de esa lógica. También hay que voltear a ver a esa gente”, dice el realizador José Luis Figueroa.

Y eso es precisamente a lo que se dedican los creadores de BulboTV, impulsores de Tijuaneados Anónimos, una iniciativa que hoy ya tiene “vida propia” en esa ciudad del norte conocida como “la puerta de México”.

Con una duración de 81 minutos y una galopante narración, el documental dirigido por Ana Paola Rodríguez y José Luis Figueroa se hizo acreedor a diversos reconocimientos: fue elegido como una de las mejores manifestaciones artísticas del 2010 por el Canal 22 del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), así como al premio a Mejor Película en el San Diego Latino Film Festival. Actualmente, el equipo está inmerso en su último proyecto fílmico: “Tierra Brillante”, que reconoce la consciencia ecológica entre algunos artesanos purépechas, una de las etnias originarias de Michoacán.

“El secreto está en volver a conectarnos, volver a sentirnos y dejar de lado el individualismo. Conmovernos de nuevo con lo que le sucede al otro, porque no importa quién muere en esta guerra. Lo que importa es que somos mexicanos… todos”, afirma Figueroa.

Ana Paola, que sí es originaria de Tijuana, concluye: “Ese otro México, el que busca salidas éticas está ahí, sólo falta voltear a verlo y nosotros nos hemos decidido a encontrarlo aunque no ganemos mucho con ello (…) Dicen, y tal vez es cierto, que es el sufrimiento el que nos hace cambiar… Y algo que nos preguntábamos mucho en las sesiones de Tijuaneados Anónimos era precisamente eso: ‘¿No hemos sufrido ya lo suficiente? ¿Cuánto sufrimiento más necesitamos para decidirnos a cambiar?’ (…) estas preguntas no se aplican sólo a Tijuana, es preciso preguntárnoslas de una vez por todas en todo México”.

“Welcome to Tijuana: Basta de tequila, sexo y marihuana”…

En el imaginario nacional e internacional, (en gran parte gracias a lo que de esta ciudad difunden los medios informativos), Tijuana está casi siempre ligada a la droga, la violencia, el desenfreno y la ilegalidad. Y es verdad que mucho de esta realidad tiene lugar en una de las más tristemente célebres ciudades fronterizas de México.

Sin embargo existe también esa “otra Tijuana”: la que cuida y auxilia a los millones de migrantes que quedan varados en sus calles, observando desde lejos y muy cerca a San Diego, la entrada a la tierra prometida. Existe la Tijuana indígena, la Tijuana ecologista, la animalista, la que recicla y la que defiende los espacios públicos a capa y espada… en suma: existe también la “Tijuana Solidaria” de la que pocos hablan y menos valoran.

“Aquí, salvo algunas honrosas excepciones, lo que sale en los medios sólo tiene que ver con la nota roja o con los círculos del poder. Todo lo demás es como si no existiera. Pero hay un latir cotidiano, hay muchas luchas ciudadanas que están vivas y ayudándonos a vivir a los demás, aunque no queramos darnos cuenta”, dice Jaime Martínez Veloz, arquitecto originario de Torreón, Coahuila, y quien es una de las millones de personas que hace muchos años llegó a Tijuana por poco tiempo y al final terminó quedándose.


Invitado en 1991 por Luis Donaldo Colosio (candidato del PRI a la Presidencia, asesinado en esta ciudad en 1994), Martínez Veloz ha liderado diversos movimientos ciudadanos y participado en algunas iniciativas gubernamentales.

Jaime, quien entre 2007 y 2010 fungió como coordinador del Plan Municipal de Tijuana, hoy reparte su vida entre esta ciudad fronteriza, el Distrito Federal y Chiapas. Él es fundador de un “movimiento social espontáneo” denominado precisamente “La Otra Tijuana”, (VER LINK) una especie de puente que une a diversas organizaciones de la sociedad civil tijuanense.

“’La Otra Tijuana’ es digamos un ‘movimiento de movimientos’. No estamos constituidos formalmente ni tenemos una estructura, cada uno está inmerso en sus luchas, que son diversas pero a la vez similares, porque todos buscamos lograr un cambio, porque vemos que aquí el gobierno está ausente y alejado, los políticos no tienen ideas ni compromisos, sólo buscan votos y luego nos olvidan. Yo estoy convencido de que el cambio, si ha de venir, tiene que surgir de nosotros, los ciudadanos. Tal vez a mi no me tocará verlo, pero al menos sabré que he participado con algo positivo”.

Martínez Veloz no es por fortuna el único que piensa y actúa así. Directorios nacionales de ONG’s mexicanas registran la existencia de unas 300 organizaciones de la sociedad civil formalmente constituidas, aunque –como afirma Jaime Martínez– “son muchos los ciudadanos que actúan en pequeños grupos o en solitario, porque la gente que vive en Tijuana tiene una audacia particular, tal vez por la misma dureza del entorno”.

Destaca por ejemplo la Asociación Civil “Colubris-Colibrí Cuello Rubí”, fundada en 2002 y reconocida en 2009 por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que enalteció su “trabajo a favor de la paz social” en Tijuana y otras ciudades del norte de México.

De más reciente creación, y quizá inspirada por el trabajo en las sesiones de Tijuaneados Anónimos, está también “Reacciona Tijuana” (VER LINK), una organización que se ha replicado en otras ciudades y que involucra a los ciudadanos de a pie en los problemas que le aquejan directamente.

Y siguiendo al movimiento mundial de indignados, a finales de 2011 nació “Ocupemos Tijuana” (VER LINK), un grupo que se autodenomina pacifista y que lo mismo llama a la reflexión que anuncia eventos ciudadanos, imparte talleres o informa sobre movilizaciones sociales que tienen lugar en la propia Tijuana y en otras entidades mexicanas.


En marzo de 1994, México entero se cimbró con un repentino cambio en su destino. El epicentro de aquel terremoto social ocurrió en Tijuana, Baja California, donde se cometió el primer magnicidio de la historia democrática nacional.

Sonaba de fondo la canción norteña “La Culebra”, cuando Luis Donaldo Colosio, el candidato del Partido Revolucionario Institucional caía herido de muerte en Lomas Taurinas, una de las (entonces) colonias más lastimadas de la ciudad fronteriza. Sucedió un 23 de marzo, aunque muchos opinan que el político priísta había sellado su suerte 17 días antes, con su discurso pronunciado en el Monumento a la Revolución, en la capital del país.

Visto a la distancia, el discurso del candidato asesinado, pronunciado el 6 de marzo, parecería hacer un triste vaticinio de la realidad que (todavía hoy) nos aqueja y que no ha hecho sino empeorar. Estas son algunas de sus palabras, y estos son (todavía hoy) los grandes pendientes que siguen sin solucionarse en nuestro país, sumido actualmente en una desigual guerra con profundas raíces sociales:

“Veo un México con hambre y con sed de justicia. Un México de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla. De mujeres y hombres afligidos por abuso de las autoridades o por la arrogancia de las oficinas gubernamentales”.

Y también, visto a la distancia, parecería que aquel tiro mortal perpetrado en Tijuana, nos dejara sus ecos, igual que la canción de la Banda Machos que acompasó fatalmente aquella muerte: “Huye José… huye José … cuidado con la culebra que muerde los pies”…