Distancia de rescate, un poderoso texto a-genérico sobre la maternidad y lo fatal. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Distancia de rescate, un poderoso texto a-genérico sobre la maternidad y lo fatal. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

Ciudad de México, 15 de octubre (SinEmbargo).- Distancia de rescate es la primera novela de la escritora argentina Samantha Schweblin -en nuestro país es editada por Almadía- y alude a ese tramo que existe entre una madre y su hijo, especie de cordón umbilical invisible que otorga un paraguas protector difícil de romper.

Cuando se quiebra el vínculo comienza la extrañeza. Es la madre que fracasa o cree fracasar en el cuidado del hijo, una misión sustancial para su existencia, y quien por tanto desconoce a eso que se ha salvado sin su arbitrio.

En medio, el paisaje desolador de un campo invadido por los herbicidas de la metrópolis. Como si la civilización fuera ahora la barbarie y ya no hubiera espacio para construir un paraíso aquí en la tierra.

Novela breve o cuento largo, acaso el esbozo de una escritura a-genérica, Distancia de rescate es la voz portentosa de una narradora nacida en Buenos Aires en 1978.

Samanta Schweblin nació en Buenos Aires en 1978, cuyo primer El núcleo del disturbio (2002), obtuvo los premios Haroldo Conti y Fondo Nacional de las Artes.

El segundo, Pájaros en la boca (2009), también editado por Almadía en México, fue distinguido con el premio Casa de las Américas y traducido a 13 idiomas.

Becada por distintas instituciones, vivió temporalmente en México, Italia, China y Alemania (Berlín), donde reside desde hace dos años.

“La distancia de rescate es aquella que toda madre mide constantemente entre ella y su hija. Hay una niña con los pies en la piscina y su madre, aunque esté relajada en una reposera, va midiendo el espacio que la separa de su hija, ese tramo que tiene que recorrer por si la nena sufre un accidente”, explica Samantha en entrevista con SinEmbargo.

A pesar de que está traducida a 14 idiomas, no vive todavía de la escritura. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

A pesar de que está traducida a 14 idiomas, no vive todavía de la escritura. Foto: Francisco Cañedo, SinEmbargo

“Es lo que defino en el libro como especie de hilo invisible que tiene que ver indudablemente con el cordón umbilical que une a las madres con sus hijos y que constituye una relación muy distinta a la que podrían tener esos mismos hijos con sus padres”, agrega.

–¿Qué historia cuenta Distancia de rescate?

–La de un hijo que está, David, pero que en la mirada de su madre, Carla, prácticamente ya no existe. Hubo una migración. Ese hijo en un momento se intoxicó, tuvo un accidente y Carla, su madre, lo lleva a la casa verde, donde le practican esa especie de transmigración. El alma de David está en algún chico del pueblo y Carla ya no siente a ese hijo como propio.

–¿La distancia de rescate es también la que percibe el que va a ser rescatado si pasa algo?

–Puede ser. Cuando se trata de amor, uno piensa en esas cosas todo el tiempo. Si la persona necesita cariño, es probable que se retire un poco para ver si el otro siente ese espacio y finalmente se acerca.

–Tu libro muestra que no es nada idílica la vida en el campo

–Efectivamente, el idilio se ha perdido. Antes estaba la ciudad con todo el ruido y la confusión que eso generaba. Entonces, uno podía ir al campo y relajarse. Yo quería en un principio destacar este rélax y por eso la historia inicia con una escena veraniega, las dos mujeres alrededor de la piscina, en chanclas, con el traje de baño dorado; pero lo cierto es que en ese estado de relajación también hay mucho desconocimiento de dónde está realmente hoy el peligro. Y creo que el leit motiv del libro es averiguar qué es lo importante, una pregunta que atraviesa todo el relato y me parece que tiene que ver con buscar el peligro en lugares desconocidos. Y en dicho contexto, el tema de la maternidad y la distancia de rescate hacen juego, combinan. Ahora hay un nuevo peligro, el de los agroquímicos, que las madres no pueden detectar y, por tanto, hay que aprender a disociar lo bello de lo perfecto.

–Bueno, lo bello ha sido siempre un poco venenoso, de todas maneras…

–Es verdad (risas) En la dicotomía campo-ciudad, tan habitual en la literatura argentina, ahora pareciera que es la ciudad la que ataca al campo con sus productos químicos, lo invade con sus venenos. Lo natural se vuelve entonces lo que uno busca, lo que desea, y la ciudad se vuelve el mal

–¿Cómo te sientes frente a la presión de ser una nueva figura en la literatura argentina contemporánea?

–Durante unos meses asistí al taller literario de Liliana Heker, que fue muy importante para mí. Y ella siempre me decía: Si uno es más o menos bueno, con la literatura de todos modos no se gana dinero, pero vas a conocer el mundo. Siempre me acuerdo de ella, porque la literatura sigue siendo un mundo complicado en ese sentido. A pesar de la prensa que tengo, de que mis libros tienen mucho espacio, de que estoy traducida a 14 idiomas, no puedo vivir de lo que escribo.