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La guerra contra el narcotráfico dejó más de 30 mil niños esclavos. Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 16 de abril (SinEmbargo).– La guerra contra las drogas que emprendió la administración de Felipe Calderón Hinojosa, no sólo dejó a su paso una estela de muerte y desaparecidos, sino también alrededor de 30 mil niños esclavos del narcotráfico, dijo Juan Martín Pérez García, director de la Red por los Derechos de la Infancia en México (REDIM).

Al fenómeno de la trata de niños, niñas y adolescentes y la explotación sexual, los dos crímenes más frecuentes, se le sumó la privación de la libertad para convertirlos en sicarios, “halcones” o para obligarlos a trabajar en la cosecha de marihuana o en los laboratorios de metanfetaminas.

“A partir de 2007 cuando el Estado mexicano se confronta con grupos criminales, cuando hay una confrontación militar y hay uso de armas, municiones y se requiere de más gente, se da el reclutamiento forzado de adolescentes. Nosotros tenemos como cifra muy conservadora que para 2011 había entre 25 mil y 30 mil niños y adolescentes dentro de lo que llamamos la ‘narco explotación’, pero es sólo un cálculo en base a las cifras que hay disponibles del número de adolescentes detenidos por portación de armas de uso exclusivo del Ejército o daños contra la salud”, dijo el directivo.

Juan Martín recordó el caso de Édgar Jiménez, el jovencito de 14 años apodado “El Ponchis” que fue capturado en 2010 y que confesó participar en cuatro decapitaciones.

“Este niño fue criminalizado por todos, por las autoridades que lo presentaron a los medios y por la prensa a pesar de que lo primero que él dice es que fue levantado, drogado por estas personas que lo obligaron, pero eso no fue atendido por nadie y se le consideró como el único responsable cuando fue víctima de la narco explotación para cometer crímenes”, dijo.

“El Ponchis” fue detenido en el aeropuerto de Cuernavaca, Morelos cuando se disponía a viajar con dos de sus hermanas.

“He matado a cuatro personas, los degollaba. Sentía feo al hacerlo. Me obligaban. Que si no lo hacía me iban a matar. Yo nada más los degollo, pero nunca fui a colgar a los puentes, nunca”, dijo el adolescente.

NIÑAS PARA LA TRATA O NARCOEXPLOTACIÓN

El director de REDIM indicó que también durante los últimos años, especialmente durante 2013 se recrudeció la desaparición de jovencitas en todo el país.

Las adolescentes podrían ser reclutadas para la trata, otra de las variantes de la “narco explotación”.

“Quisiera destacar como uno de los temas delicados las desapariciones de mujeres adolescentes que han crecido en el último periodo, hay una percepción, que nos hace sospechar que puedan estar vinculadas con el crimen organizado, esclavitud sexual o trata”, dijo.

El tema de la explotación sexual o esclavitud sexual de las niñas y adolescentes ha sido denunciado en varias ocasiones por quienes viven las secuelas del narcotráfico diariamente.

El año pasado fue Juan Manuel Mireles Valverde, líder del Consejo Ciudadano de Autodefensa de Tepalcatepec, Michoacán, quien reveló que se levantaron en armas cuando Los Caballeros Templarios empezaron a violar a las mujeres.

“Llegaban a tocar a la puerta de las casas y decían: ‘me gusta mucho tu mujer, ahorita te la traigo, pero mientras me bañas a tu niña porque esa sí se va a quedar conmigo varios días’ y no te la regresaban hasta que estaba embarazada”, dijo Mireles en su primera aparición mediática.

En noviembre del año pasado, Javier Cortés, vicario General de la Diócesis de Apatzingán, reveló que cuando era párroco en La Ruana, Michoacán tuvo que escuchar en el confesionario el lamento de varias niñas entre 15 y 16 años violadas y obligadas a pasar uno o dos días con los narcotraficantes a cambio de la vida de sus padres.

Esa situación se convirtió en algo habitual para el sacerdote, quien presenció todo tipo de vejaciones: violaciones, extorsión, amenazas y hasta la muerte de un sacerdote de otra de las comunidades de Tierra Caliente.

“Era el párroco de La Ruana y me tocó tratar los casos de señoritas, muchachas donde les pedían que si no se iban con ellos, sus papás pagarían las consecuencias. Eran niñas, muchachitas, adolescentes entre los 15 y 16 años que se veían forzadas a estar con ellos uno o dos días”, afirmó el Vicario a SinEmbargo.

Primero fue La Familia Michoacana y después, Los Caballeros Templarios, quienes llegaron a las comunidades y dejaron a su paso madres solteras en toda la región.

“Hay muchos niños regados, ellos se van los cambian y se quedan solas las madres con sus hijos”, mencionó el sacerdote.

No todos esos hijos fueron producto de violaciones, dijo, pues las vejaciones a las jovencitas de las comunidades eran tan habituales, que las mujeres tomaban anticonceptivos.

“Las  señoritas han tenido el cuidado de no quedar embarazadas, hasta ahí hemos llegado”, dijo.

Aquello fue el detonante para que las guardias comunitarias se levantaran en armas en febrero de este año.

“Decían los padres de familia que no era posible que las niñas fueran para ellos y sirvieran para ellos. Fue muy difícil tratar a estas niñas”, narró el sacerdote.

A las niñas y jovencitas, son víctimas de abuso sexual y trata. Foto: Especial

A las niñas y jovencitas, son víctimas de abuso sexual y trata. Foto: Especial

HACE FALTA UN A POLÍTICA DE ESTADO

Aunque en México de acuerdo con los últimos estudios hay alrededor de 85 mil niños explotados con fines sexuales y 30 mil esclavos del narcotráfico, el común denominador que denuncian los especialistas, es que no hay cifras exactas y tampoco un sistema que permita tener claridad del fenómeno.

Laura Martínez Rodríguez, directora de la Asociación para el Desarrollo Integral de Personas Violadas AC (Adivac), dijo que las estadísticas sobre la trata de niños en el país no se apegan a la realidad.

“El número de niñas y niñas que están siendo tratadas es muy elevado, la cuna de la trata es Tlaxcala y el corredor que va de Puebla a Veracruz. De ahí es de donde están obteniendo una gran cantidad de niños, puedes ver casitas bien pobres en una colonia de Tlaxcala y de repente una casita rosita, amarillita, muy arregladita donde se están tratando niños. En Nuevo León se están llevando a las niñas que van hacer ejercicio cuando regresan a su casa”, dijo.

El director de REDIM indicó que se requiere de un diagnóstico nacional sobre todas las formas de violencia en contra de la infancia que involucre regiones y características que permitan encontrar patrones.

“Nos hace falta un sistema de información integrado sobre infancia que nos ayude a entender qué relación tiene la desaparición de un adolescente en una región, si hay presencia del crimen organizado y un sistema nacional de garantía que permita que las acciones del gobierno estén articuladas”, dijo.

Isabel Margarita Nemecio, coordinadora del Área de Migrantes del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, especializada en el tema de explotación infantil en los campos agrícolas del país, coincidió en que se necesita una política de Estado para mejorar la situación de los niños y niñas que son esclavos en el país.

“El gobierno federal sólo realiza operativos: va a un campo y supervisa y se encuentra niños los saca de ahí y nada más. El año pasado hicimos una investigación en Guanajuato y sigue habiendo trabajo infantil, no se ha erradicado y el gobierno sigue sin tener claridad de cuáles serán los mecanismos de seguridad y protección para esos niños y niñas adolescentes del campo”, dijo.

Nemecio reveló que 30 por ciento de los jornaleros agrícolas que laboran en los campos mexicanos tienen entre cinco y ochos años de edad y laboran en condiciones de esclavitud, parecidas a la época del porfiriato.

De acuerdo con los últimos datos del Módulo de Trabajo Infantil (MTI) 2011 de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) hay aproximadamente tres millones de niños entre cinco y 17 años que realizan alguna actividad económica en el país.

El módulo indica que del total de la población femenina infantil y adolescente que trabaja en México 58.2 por ciento cubre una triple jornada y combina su trabajo con los quehaceres domésticos y además estudian.

El 31 por ciento de las niñas que trabaja y realiza quehaceres domésticos, no asiste a la escuela.

Nemecio aseguró que no existen mecanismos que prevean educación, guarderías, salud y las condiciones de los albergues en las zonas donde se emplea a los jornaleros y a sus familias.

“Son medidas urgentes las que se necesitan.  Nosotros lo vimos en esta temporada de migración que empezó en noviembre en las zonas de atracción y de origen, los contratistas lo único que hacen es decir que no pueden admitir niño que no están en edad de trabajar y muchas mamás se quedaron con tres o cuatro pequeños en las comunidades, lugares donde no tienen escuelas o donde hay que caminar dos horas para ir a la más cercana. Entonces sí hay que sacarlos del campo, pero abocar esfuerzos para mejorar sus condiciones de vida”, dijo.

De acuerdo con datos de la organización Save the Children en el mundo existen 218 millones de niños y niñas que trabajan entre los cinco y los 17 años, de los cuales 126 millones hacen trabajos peligrosos y ocho millones lo hacen en condiciones de esclavitud.