La fiesta barrial en celebración de la liberación de Ovidio se ajusta a un patrón ya conocido: brindar por el osado escape de Guzmán y exaltar su legado, mientras se ignora el daño que la familia ha causado.

Por Kendall Horvath

Ciudad de México, 16 de octubre (InSight Crime).– Hace ya un año que las autoridades de México liberaron a uno de los jefes del Cártel de Sinaloa, Ovidio Guzmán, para evitar que sus gatilleros arrasaran Culiacán, y ahora se dice que se está preparando una fiesta barrial —llena de música, cerveza, rifas y un desfile— para celebrar el episodio.

Una publicación en redes sociales en la que se invita al “Ovidio Fest” ha sido compartida por miles de personas y ha recibido cientos de comentarios. La fiesta —programada para el 17 de octubre— se describe como una celebración de la captura y posterior liberación de Ovidio, uno de los hijos del convicto capo del Cártel de Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, alias “El Chapo”.

Su liberación —una vergüenza mayúscula para el gobierno— ocurrió luego de que secuaces del cartel fuertemente armados sitiaran a Culiacán. En las calles se desataron enfrentamientos armados, e incluso hubo varios vehículos en llamas. Después de varias horas de tener la ciudad secuestrada, las fuerzas de seguridad del gobierno recibieron la orden de liberar a Ovidio.

La publicación de Facebook invita a los residentes de Culiacán a celebrar el “rescate” de Ovidio. Las festividades empezarán a las 5 p.m. en el distrito comercial Desarrollo Urbano Tres Ríos. Habrá “música en vivo, comida, vino y cerveza, […] rifas, regalos sorpresa, concursos [y] un desfile”, dice la publicación.

Según noticias de los medios locales, el alcalde de Culiacán, Jesús Estrada Ferreiro, no estaba enterado de la invitación, pero afirmó que investigaría el asunto.

Aunque falta ver si la fiesta en efecto se celebrará, el evento es un claro indicio de que los hijos de “El Chapo” se benefician de la cuasimítica reputación de su padre.

El legado de la familia Guzmán se cimienta en la historia de los orígenes de “El Chapo”, de su paso de la miseria a la opulencia. “El Chapo” nació en una aldea pobre en las afueras de Culiacán. Se inició en el tráfico de drogas cuando él y sus primos cultivaban marihuana en su adolescencia. Desde entonces, se elevó a la fama, solo disputada por el excapo del Cártel de Medellín, Pablo Escobar.

Luego de fundar su imperio con el Cártel de Sinaloa, incluso llegó en una época a la exclusiva lista de Forbes, que incluye a multimillonarios de todo el mundo. Además se dice que “El Chapo” se ganó el apoyo local usando la riqueza del cartel para desarrollar proyectos de infraestructura, brindar atención médica y hacer otros aportes a su estado natal.

“El Chapo” ascendió rápidamente como el narcotraficante más famoso del mundo. Su leyenda continuó creciendo tras dos espectaculares fugas de prisión: la primera en un carro de lavandería en 2001, y luego a través de un túnel subterráneo que cruzó en motocicleta en 2015.

Los narcocorridos celebraron sus hazañas, y su historia atrajo la atención popular dentro y fuera de México.

Desde que se le dictó cadena perpetua en Estados Unidos en 2019, su familia ha intentado preservar su imagen de Robin Hood, mediante la entrega de paquetes de ayuda durante la pandemia, los cuales llevaban impresos su rostro y su nombre; además, su esposa lanzó una línea de ropa según el estilo que él usaba.

Sus hijos, conocidos como “Los Chapitos”, han subido posiciones dentro del Cártel de Sinaloa, y la captura y liberación de Ovidio fue sin duda su momento más sonado.

Pero aunque “El Chapo” se ha ganado un lugar en la cultura popular, no debe pasarse por alto su sevicia a la cabeza de uno de los grupos más destacados del crimen transnacional. El excapo participó directamente u ordenó la tortura y asesinato de docenas de personas, como se relató en su publicitado juicio.

“Los Chapitos” han seguido los pasos de su padre; se dice que los hombres bajo su mando participaron en un tiroteo que dejó como resultado 16 muertos en Culiacán en junio pasado, además de la presunta orden de ejecución de un antiguo aliado y el continuo tráfico de estupefacientes en volúmenes colosales.

La fiesta barrial en celebración de la liberación de Ovidio se ajusta a un patrón ya conocido: brindar por el osado escape de Guzmán y exaltar su legado, mientras se ignora el daño que la familia ha causado.

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