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La Cruzada contra el hambre resultó ser “chatarra” pura, advierte experta. Foto: Cuartoscuro

Ciudad de México, 17 de abril (SinEmbargo).– Los alimentos frescos están fuera de las prioridades de la Cruzada Nacional contra el Hambre que emprendió el año pasado la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol) en municipios pobres del país, pues apenas en algunas comunidades indígenas se vende huevo pero no hortalizas, denunció Julieta Ponce Sánchez, directora del Centro de Orientación Alimentaria (COA).

La experta en nutrición aseguró que uno de los problemas principales del programa del gobierno federal es que dejó varios cabos sueltos, por lo que la Cruzada ha resultado ser “chatarra pura”. Entre esas omisiones destacó la falta de coordinación entre secretarías, principalmente con la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación (Sagarpa).

“La Cruzada contra el Hambre desafortunadamente tiene varios problemas: en primera, no es una estrategia vinculante con las demás secretarias, sino que apenas es nada mas una iniciativa de la Secretaría de Desarrollo Social que ocupa los mismos programas que ya tiene; lo más que ha logrado es hacer que en algunas comunidades, no en todas, Diconsa abrió por primera vez la venta de alimentos frescos, entre comillas”, expuso.

Ponce Sánchez resaltó que las 23 mil tiendas de Diconsa en el país no venden huevo, por la incapacidad de mantener frescos los alimentos perecederos.

“Para ellos era impensable vender hortalizas en las tiendas Diconsa, porque es más fácil llevar los productos empacados. Lo que han hecho con la Cruzada es poner un semáforo para poner en rojo los alimentos que la misma Diconsa vende a las comunidades más pobres y que considera son peligrosas”, explicó.

La nutrióloga detalló que no existe una estrategia coordinada de vigilancia nutricional en las comunidades indígenas, donde la desnutrición crónica es tres veces más que el promedio nacional de 13.6 por ciento que arrojó la última Encuesta de Salud y Nutrición 2012.

“Quiere decir que los promedios nacionales ocultan el daño verdadero que hay en las poblaciones más vulnerables, por eso preocupa, se acentúa la desnutrición en las zonas del sureste de México, donde hay más riqueza natural y también se sabe que las enfermedades crónico degenerativas, incluyendo la obesidad, se presentan en personas que en algún momento padecieron desnutrición”, dijo.

La directora del COA dijo que la Cruzada Nacional contra el Hambre, tampoco tiene el objetivo de combatir a los alimentos “chatarra” en las comunidades más pobres.

Recordó que cuando se firmó la Cruzada, Rosario Robles Berlanga, Secretaria de Desarrollo Social, firmó con empresas como PepsiCo para que realizara estrategias de investigación para fabricar galletas vitaminadas y llevarlas a las poblaciones marginadas.

“Se promueve el consumo de alimentos chatarra, recordemos que firmó con Nestlé, PepsiCo, hizo tratos con la cadena Waltmart”, dijo.

La especialista indicó que durante los recorridos que realizó por las comunidades indígenas, se percató de que poco a poco están desapareciendo los mercados.

Mientras el gobierno federal carece de una estrategia para llevar alimentos frescos, semillas básicas, verduras y frutas a las poblaciones indígenas, los programas de transferencia monetaria como Oportunidades no miden en qué se utiliza el recurso.

Julieta Ponce explicó que a raíz de esos programas monetarios se multiplicaron las tiendas de abarrotes que venden alimentos procesados y comida chatarra.

“Las familias ven como un progreso poner a la venta productos industrializados, entonces lo que hemos visto es que cuando el gobierno abrió los caminos para llegar a las comunidades, los primeros que entraron fueron las camionetas de la industria alimentaria: hay una tiendita por cada 10 familias y si están cerca de un camino o una carretera, hay una por cada cinco familias”, detalló

En las comunidades pobres carentes de espacios recreativos, deportivos y ahora hasta mercados, el acudir a la tiendita se convirtió en un recurso de socialización para los habitantes.

“Hay generaciones completas de indígenas que han crecido con el refresco en la mesa, la misma comida chatarra penetró en los hogares y ellos mismos empiezan a desconocer las semillas nativas que las abuelos y abuelas han preservado en el campo”, expuso.

COQUETEO AL REFRESCO

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La Reforma para la Transformación del Campo que plantea el Ejecutivo, es una medida que lejos de mejorar la nutrición de la población mexicana, la empeorará, advierten especialistas. Foto: Cuartoscuro

La especialista destacó que los impuestos aprobados con el reciente Reforma Fiscal a las bebidas y productos azucarados, son sólo un “coqueteo”, pero no una solución completa para atacar problemas de obesidad y mala nutrición en el país.

A partir de enero de este año los refrescos y bebidas azucaradas a base de concentrados, polvos, jarabes, esencias o extractos de sabores aumentaron un peso por cada litro.

Los alimentos chatarra, que contengan 275 o más calorías por cada 100 gramos, como chocolates, nieves, galletas, pastas y cervezas, pagan ocho por ciento más.

Sin embargo, aunque es un buen esfuerzo, es insuficiente para lograr un cambio verdadero, pues no existe una estrategia que lleve alimentos sanos a la mesa del mexicano.

“La Reforma Fiscal es un coqueteo y es insuficiente el reconocimiento fiscal de los alimentos no sanos, pero el Estado deberá encontrar la forma de llevar calidad a la mesa de los mexicanos”, explicó.

Ponce Sánchez indicó que la Reforma para la Transformación del Campo que plantea el Ejecutivo, es una medida que lejos de mejorar la nutrición de la población mexicana, la empeorará.

“No queremos una Reforma al Campo, ni una Cruzada contra el Hambre que es chatarra pura, queremos organismos públicos que produzcan las semillas criollas”, comentó.

El lunes pasado organizaciones civiles no gubernamentales que forman parte de la campaña nacional Sin Maíz no hay País, aseguraron que la reforma significa la estocada final a los campesinos mexicanos y la entrega de los recursos naturales a las grandes trasnacionales.

Víctor Suárez Carrera, director de la Asociación Nacional de Empresas Comercializadoras de Productores del Campo (ANEC), dijo que son cinco las amenazas más graves de la iniciativa que prepara el Ejecutivo.

“La primera es la privatización vía fast track del ejido y la comunidad; la segunda, la profundización del modelo de libre importación, monopolios y dependencia alimentaria; en tercer lugar, la profundización de la agricultura industrial en su etapa transgénica; el despojo y depredación de los recursos naturales y el debilitamiento de la resistencia social en el campo frente al despojo”, dijo.

Suárez Carrera recordó que hace un año las organizaciones le entregaron al Ejecutivo un estudio donde argumentaron la viabilidad de mejorar las condiciones del campo, a  través de impulsar la agricultura a pequeña escala, pero nunca recibieron una respuesta.

La semana pasada la Secretaría de Gobernación (SG), de Agricultura, Ganadería, Desarrollo, Pesca y Alimentación (Sagarpa) y de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano (Sedetu) instalaron la Comisión Permanente para la Reforma para la Transformación del Campo, la cual será operada por los gobiernos estatales y municipales.

“Y a través de esa Comisión que estará operada por ellos mismos, van a pasar la reforma que entrega el campo a las compañías extranjeras, igual como lo hicieron con la Reforma Energética, Educativa y todas las demás”, dijo.

El activista destacó que actualmente se destina 80 por ciento del presupuesto para el campo a los grandes productores.

En contraste los pequeños agricultores sólo reciben 20 por ciento de los apoyos, a pesar de que ellos son los que generan 75 por ciento de los alimentos en México.

“En los últimos 30 años 90 por ciento de las unidades de producción rural que son pequeñas y menores de cinco hectáreas han estado abandonadas por el Estado mexicano: no tienen crédito, no tienen asistencia técnica, no tienen infraestructura ni sistema de precios remunerativos, no tienen certidumbre en la comercialización a pesar de que ellos producen 75 por ciento de los alimentos. Si se cambia la política de abandono y se reconoce el potencial productivo que tienen  y se asegura que tengan crédito, como en Brasil, Cuba, India, como cualquier otro país a precios competitivos, puede alimentar y satisfacer las necesidades de la población”, detalló.

El director de ANEC dijo que el modelo de producción industrial basado en el uso intensivo de agua, maquinaria agrícola, fertilizantes químicos está agotado por el elevado costo ambiental y social.

Explicó que en México un pequeño productor posee 3.5 hectáreas, mientras que en China son 350 metros cuadrados por agricultor.

“China produce la mayor parte de sus alimentos con una agricultura micro, diez veces más pequeña que la de México, pero hay una política de Estado para apoyar esa producción. En Europa también la mayor parte de la producción se da a través de la agricultura en pequeña y mediana escala”, detalló.

Plutarco Emilio García Jiménez, asesor de la Coordinadora Nacional Plan de Ayala, explicó que la agricultura familiar garantiza la soberanía alimentaria y evitó hambrunas nacionales en el pasado.

“Pero la conservación y reproducción de las semillas nativas frente a los transgénicos está en manos de los campesinos y comunidades indígenas, por lo que urge que instituciones oficiales, organizaciones campesinas y sociales, así como las universidades, apoyen con programas especiales a los campesinos en esta tarea con capacitación y recursos”, dijo.