El Plan Nacional de Desarrollo definirá las líneas estratégicas prioritarias para el país durante los próximos 6 años, tomando en cuenta la urgencia que tiene la implementación de la estrategia nacional de cambio climático. Foto: Gobierno de México.

Por Pablo Ramírez*

La definición del Plan Nacional de Desarrollo llega en un momento definitivo en términos de tiempo para la implementación de una acción climática congruente a la crisis ambiental en la que vivimos. El Plan Nacional de Desarrollo definirá las líneas estratégicas prioritarias para el país durante los próximos 6 años, tomando en cuenta la urgencia que tiene la implementación de la estrategia nacional de cambio climático, el próximo sexenio será crucial para cualquier expectativa de permanecer por debajo del 1.5 grados de aumento en la temperatura planetaria.

El Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) es claro, el mundo está en una carrera contra reloj, tenemos que llegar al máximo de emisiones de gases efecto invernadero entre 2 y 11 años, para que a partir de ahí descendamos a 0 emisiones en 31 años. Traducido a nuestro país, esto significaría que muchas de las reservas de petróleo tendrían que quedar abajo del suelo, que deberíamos estar pensando en diferentes formas de movernos en la ciudad y generando nuestra electricidad a partir de energías renovables. Si hoy contrastamos el deber ser con lo que está ocurriendo, observamos que ninguna de estas tres cosas está en el horizonte, por el contrario, el plan es depender de los combustibles fósiles hasta las últimas consecuencias. La política energética apunta a incrementar la extracción de petróleo, que cada vez será de más difícil acceso; aumentar la producción de refinados y para dar salida a los residuos de estos procesos, reactivar e incrementar la producción de electricidad a partir de energías sucias.

Dada la urgencia de que la acción climática sea el eje rector del quehacer del país, exigimos a la titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Josefa Ortiz,  a que se asegure que el cambio climático sea un eje transversal en el Programa Nacional de Desarrollo que está por aprobarse en los próximos meses. Demandamos que vele por los intereses de las generaciones futuras y que garantice que la actual administración cumpla su palabra y ni pase por encima de los marcos legales – en 2018, los acuerdos de París quedan inscritos en la estrategia nacional de cambio climático, por lo que son legalmente vinculantes- ni permita que el desarrollo económico pase por encima de los intereses medioambientales.

México es un país con alta vulnerabilidad al cambio climático, esto tendría que convertirnos en un país estandarte por la lucha climática, pero por el contrario, seguimos apuntando hacia lo fósil. El 15 de marzo fuimos testigos de una movilización global de jóvenes exigiendo acción climática, demandando lo más elemental de la vida: su derecho a un futuro digno. El cambio climático ya llegó y es nuestro deber generacional impedir que el aumento de la temperatura rebase los 1.5 grados centígrados. La cosa es muy clara aquí, una crisis requiere de medidas drásticas por lo que la discusión sobre la responsabilidad individual está superada, es verdad que todos tenemos que poner de nuestra parte, pero es verdad también que las empresas y gobiernos tendrán que hacerse responsables de sus acciones.

La hora del cambio ha llegado, los jóvenes activistas los saben y  lo advirtieron, es momento de saber si nuestras autoridades se han dado cuenta. Citando una consigna de la marcha del 15 de marzo en Ciudad de México: “Se ve, se siente, la tierra está caliente”.

* Pablo Ramírez es coordinador del proyecto de Calidad del Aire de la campaña de Revolución urbana de Greenpeace México.