Foto: Cuartoscuro.

Elementos del Ejército dispararon a un grupo de 22 jóvenes a pesar de que no pusieron resistencia. Foto: Cuartoscuro.

Ciudad de México, 18 de septiembre (SinEmbargo).– El director de la división para las Américas de la organización Human Rights Watch, José Miguel Vivanco, afirmó que el asesinato por parte de elementos del Ejército Méxicano a un grupo de 22 presuntos delincuentes en Tlatlaya, Estado de México, es la peor masacre de civiles del sexenio del Presidente Enrique Peña Nieto.

“El testimonio de la testigo de lo ocurrido en Tlatlaya reflejaría que estamos ante la peor masacre de civiles por parte de militares de este sexenio”, afirmó Vivanco en un comunicado.

Hoy, la agencia Associated Press informa de un nuevo testigo que involucra a militares de un fusilamiento extralegal. (Ver abajo de la foto). Una mujer relató que vio cuando los militares dispararon y asesinaron a su hija Erika Gómez González, de 15 años. Estaba en el suelo con una herida en la rodilla. Los soldados le dieron la vuelta al cuerpo aún con vida y le dispararon más de media docena de veces en el pecho.

Luego la volvieron a poner boca abajo, dijo la madre a la agencia estadunidense.

Y ayer, la revista Esquire reportó que el pasado 30 de junio, militares mataron a 22 presuntos delincuentes —21 hombres y una mujer menor de edad— en una bodega ubicada a un kilómetro de la comunidad rural de San Pedro Limón, en el municipio de Tlatlaya, Estado de México, casi en el límite con Guerrero.

La versión oficial, emitida ese mismo día por la Secretaria de la Defensa Nacional (Sedena), afirma que los delincuentes atacaron primero a los militares que patrullaban la zona, que hubo un enfrentamiento entre ambos bandos y que los miembros del ejército mataron a todos. Incluso el Gobernador del Estado de México, Eruviel Ávila Villegas, dijo el 1 de julio que “el ejército en legítima defensa abatió a los delincuentes”.

Sin embargo, dos meses más tarde, Julia —su nombre no es el real—, una testigo presencial del suceso, afirma que fueron los soldados quienes dispararon primero y que los presuntos delincuentes respondieron, que sólo uno de los jóvenes murió en el enfrentamiento y que los demás se rindieron. En las horas siguientes, afirma Julia, los soldados interrogaron a los 21 supervivientes y luego los mataron.

El director de la organización internacional de derechos humanos demandó al gobierno federal pronunciarse ante el testimonio.

“Ante esta gravísima denuncia, que pone en evidencia que al día de hoy, a casi tres meses de los hechos, aún hay más interrogantes que respuestas oficiales sobre lo que efectivamente sucedió ese día, el gobierno de (Enrique) Peña Nieto no puede guardar silencio”, demandó Vivanco.

“Es indispensable que las más altas autoridades expliquen cuáles han sido los avances en la investigación de este incidente, de la cual se sabe poco y nada, y sobre todo, es importantísimo que se adopten las medidas necesarias para proteger a la testigo y que no corra ningún riesgo su seguridad”, agregó.

En una nota en portada, Milenio dice hoy que “ante las nuevas versiones, la Procuraduría General de la República informó que hay una investigación abierta sobre los hechos, pero que hasta ahora no ha encontrado evidencias que sostengan la versión de una ejecución de parte del ejército”.

Nadie más cita esta supuesta reacción de la PGR. A las 6:30pm de este jueves 18 de septiembre, no se había emitido ningún boletín.

Foto: Esquire

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SURGEN MÁS TESTIGOS

Sobre la menor de 15 años abatida por elementos del ejército, un cable de The Associated Press cita este jueves a la madre de la víctima, quien asegura que a pesar de que la adolescente yacía herida en el suelo, le dispararon más de media docena de veces. Otras 20 personas también fueron asesinadas a tiros en el mismo lugar, al sur de México, después de que se rindieran, dijo la madre a la agencia de noticias.

La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) tiene una investigación en curso para determinar qué pasó exactamente ese día, dijo el presidente del organismo, Raúl Plascencia, aunque comentó que no podía dar detalles.

Una semana después de la muerte de los 22, reporteros de AP visitaron y tomaron fotos de la bodega donde fueron encontrados los cuerpos y encontraron poca evidencia de que hubiera ocurrido un prolongado tiroteo. Había pocas marcas de disparos y ningún casquillo.

Al menos en cinco lugares de las paredes interiores aparecía un mismo patrón: una o dos marcas de balas rodeadas por un salpullido de sangre, lo que da la apariencia de que algunos de los muertos fueron puestos de pie, arrinconados contra la pared, al momento de recibir uno o dos tiros, precisos, a la altura del pecho.

Después de la historia de la agencia de noticias, la Procuraduría de Justicia de México emitió un comunicado en el que aseguró que “no tiene indicio alguno sobre una posible ejecución” y que encontró elementos balísticos de que efectivamente hubo un fuego cruzado.