Esta es una antología atravesada por la incertidumbre del mañana y por la aflicción de separarse de los seres amados, que reúne los relatos cortos de No me pases de largo (2013) y El libro perdido de Heinrich Böll (2008), así como la novela breve Residuos de espanto (2008).

Liliana Blum consigue un tono sórdido, que estremece fibras íntimas, alejada de lo previsible o lo cursi. Cada una de estas historias transcurre en situaciones de extrema soledad y el desencanto es la constante.

Por América Gutiérrez Espinosa

“¿Qué diríamos hoy que es lo indecible?”
Respiración artificial
Ricardo Piglia

Ciudad de México, 20 de junio (LibreríasElSótano).- Nuestra época está marcada por la subjetividad y la memoria, quedaron atrás las primaveras en las que éramos invencibles. Esta vez, las adversidades nos explotan en la cara. Desde mi lugar en el sofá reconozco que mis pérdidas siguen pendientes y que la ficción se cuela por esas grietas.

Me acerqué a la narrativa de Liliana Blum después de una charla con el editor Juan Casamayor a propósito de los veinte años de Páginas de espuma. En esa conversación, me adelantó un poco acerca de las novedades reservadas para aquella temporada: Anatomía sensible y La tristeza de los cítricos. Decidí leer el segundo y no me equivoqué.

Ahora después de poco más de nueve meses de haberla leído por primera vez, me reencuentro con ella en una antología personal, con un título desolador, al que le di la vuelta dos veces antes de atreverme a leer: Todas hemos perdido algo. Una reunión de textos de corta distancia que incluye los libros de cuentos El libro perdido de Heinrich Böll, No me pases de largo y cierra con la novela breve Residuos de Espanto.

El libro perdido de Heinrich Böll deja claro que una obra de ficción no es lo opuesto de la verdad, sino un trabajo con el lenguaje, la realidad y el sentido. La autora consigue que las palabras encuentren su cauce sin que interfiera con su estilo, con ese realismo intencionalmente sórdido que elimina cualquier filtro dulcificador. Las situaciones que enfrentan sus personajes femeninos son brutales, lo que pasa y lo que no sucede. La premisa es un libro perdido y encontrado, que funciona como el hilo de Ariadna, donde el único deber de cada protagonista es saberse en su laberinto.

La segunda parte de la antología está atravesada por la incertidumbre del mañana y por la aflicción de separarse de los seres amados. Las ficciones no sólo se refieren al mundo sino que están en él y lo modifican; eso pasa en los cuentos de Blum: no son mera representación, son capturas, como en “No me pases de largo”, cuya narración tiene un efecto rítmico, quizá marcado por las sutiles menciones a los Beatles que los alejan de su legado festivo.

Mientras avanza la lectura, se revela un compás que entraña nerviosismo, desdicha, carencia o abandono. El que lee no sabe si reír o llorar frente a algunas reacciones incisivas o temerarias de estas mujeres que han estado juntas sin ser demasiado afines o compatibles. Este acompañamiento en soledad es una paradoja que sostiene el costado sensible, lo humano y contradictorio en sus personajes.

Liliana Blum consigue alcanzar un registro que estremece fibras íntimas, alejada de lo previsible o lo cursi. Se desmantelan vínculos familiares, el anonimato y la incomunicación trastornan las vidas privadas. El desencanto es la constante y la muerte no es simplemente un hecho físico, biológico o material; la muerte es una constatación de la tragedia personal.

En la novela corta Residuos de espanto, las guerras, las migraciones, las diversas modalidades del exilio influyen en la articulación de universos personales atravesados por la incertidumbre. Cuando estaba en el último capítulo, recordé una frase de Hannah Arendt: “Sólo mediante una representación convincente podemos acercarnos al hecho objetivo, real, del terror y la crueldad.” A partir de esa reflexión, me acerqué un poco más a la disyuntiva en la que se encuentran los sobrevivientes de las grandes tragedias en la historia de la humanidad, al cuestionarse constantemente ¿cómo es posible convencer a los demás de lo que les ha sucedido, si a ellos mismos se les hace difícil creerlo?

Los recuerdos son materia flexible, siempre puesta en tela de juicio, en algunos casos; no sólo tienden a borrarse con los años sino que, con frecuencia, se modifican o se alteran, agregando perspectivas extrañas. En cada una de estas historias la aceptación de las pérdidas transcurre en situaciones de extrema soledad, en la que incluso se consideran naturales algunas acciones perversas que suceden en la vida cotidiana.

Liliana Blum revela todo aquello que no aparece en los registros familiares e históricos, da prueba de las ausencias invisibilizadas por los vencedores, remueve desde la mirada infantil o adulta una furiosa poética de la violencia.


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LANat GeoA&E, IMER y Penguin Random House. Siempre se pregunta: ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.