Melanie acaba de cumplir 15 años, ese delicado borde hacia la edad adulta en el que estados físicos y mentales van evolucionando hacia la creación de una identidad sexual. Esta transición queda marcada “por los pensamientos de sus futuros roles como amante, esposa y madre”.

La prosa de Carter, caracterizada por la ironía y el humor cáustico, expone el control sobre las mujeres como novias, ninfas e incluso víctimas de violación. Muestra también la contradicción entre las imágenes románticas de la feminidad en la cultura y el arte, contra la violencia sexual masculina.

Por América Gutiérrez

«Te pusiste melodramática. Las marionetas no sobreactúan.
Echaste a perder la poesía.» La juguetería mágica.
Angela Carter

Ciudad de México, 22 de febrero (LibreríasElSótano).- La primera vez que leí a Angela Carter tuve la sensación de habérmela perdido durante toda mi vida. En algún rincón del patio de la Universidad, acababa de leer el último cuento de La cámara sangrienta.

Ahora que lo pienso detenidamente no sé dónde quedó aquella edición negra de Minotauro, en la portada había una ilustración teñida de rojo que mostraba a una chica tendida sobre una cama y el título aparecía en una extraña tipografía morada.

Estos cuentos de sangre y amor, me revelaron significados ocultos de historias infantiles que conocía bien, en versiones brutales, de una crudeza inesperada y a la vez hipnótica. Durante la misma década de mi vida pude leer Fuegos artificiales y La venus negra, ambas halladas en librerías de viejo.

En el epílogo de Fuegos artificiales, descubrí la razón por la que Carter escribía relatos de corta duración: “Empecé a escribir piezas breves cuando vivía cuarto demasiado pequeño como para escribir en el una novela. El caso es que el tamaño de mi habitación modificaba lo que hacía dentro de ella y lo mismo sucedía con los textos en sí.” Esta declaración confirmó su impecable capacidad en el manejo la ironía y el humor cáustico que caracteriza su prosa; en la literatura de Carter siempre hay símbolos, conjuros, tinieblas, espejos y tabúes.

La juguetería mágica es una novela que me hizo imaginar a una Angela Carter escribiendo a sus anchas en una amplia estancia en una casa con jardín. La narración que supera las doscientas páginas, en ella la escritora experimenta con una técnica literaria posmoderna, que combina una especie de realismo mágico inglés donde además señala modelo masculino de la época para parodiarlo y criticarlo.

La protagonista de novela de iniciación es Melanie y se presenta al lector al cumplir 15 años, en ese delicado borde hacia la edad adulta, en el que estados físicos y mentales van evolucionando hacia la creación de su identidad sexual. Parada ante su reflejo se da cuenta de que “ya no era una niña pequeña”.

Durante esa danza de la protagonista frente al espejo, Carter deja claro que su personaje principal ve retratos de la feminidad establecidos por autores masculinos, pintores y revistas de mujeres que leen las amigas de su madre. Los ensueños adolescentes quedan “marcados por los pensamientos de sus futuros roles como amante, esposa y madre”.

El espejo es el vehículo para entender cómo la mente de Melanie trata de alcanzar a su físico en evolución. Y justo en ese momento de transformación, su suerte cambia y la vida como la conocía no existe más. El espejo se convierte en una amenaza, Melanie siente que se queda atrapada dentro de él cuando recuerda su exhibición narcisista y asume que eso desató la desgracia que ella y sus hermanos Jonathon y Victoria deben enfrentar de ahora en adelante: la orfandad.

La integración de los hermanos al nuevo orden del mundo tiene como salvavidas la figura de la tía Margaret y sus dos hermanos, quienes son el primer contacto antes del encuentro con el tío Philip. La tía Margaret descrita como un “vago apéndice de su tío que fabricaba juguetes” además es muda. Ella vive obedientemente bajo el poder absoluto de su esposo y su existencia silenciosa reproduce la de sus muñecas y títeres inanimados.

A lo largo de la novela la adaptación al nuevo hogar es compleja. El titiritero y el títere se convierten en símbolos del control ejercido por una cultura patriarcal sobre las mujeres, que incluyen la representación novia, ninfa e incluso a la víctima de violación. Carter señala las ambigüedades en la posición de la mujer sin caer en exageración o histeria, al contrario, se agradece su oscura elegancia.

Carter expone la contradicción entre las imágenes románticas de la feminidad reproducidas en la cultura y el arte contra la violencia sexual ejercida por los personajes masculinos. Incluso través de la introducción del mito de Leda y El cisne, Carter implica que durante toda la narración que el poder patriarcal es también un mito.

La presencia del tío Philip a lo largo de toda la obra sugiere, que la autonomía femenina y el patriarcado no pueden coexistir, al menos, no pacíficamente. En La juguetería mágica, Carter evita deliberadamente afirmar que la protagonista está enamorada –huye el amor romántico- y demuestra que la salvación de las mujeres está en la destrucción de esa casa en la que no tienen una habitación propia.


América Gutiérrez es Coordinadora de contenidos de Librerías El Sótano. Ha trabajado para Discovery Channel LA, Nat Geo, A&E, IMER y Penguin Random House.
Siempre se pregunta ¿en qué se parece un cuervo a su escritorio? Actualmente estudia las leyes que rigen las excepciones.