“Como escritor mexicano, no renuncio a mi tradición literaria”, dice Emiliano Monge, Premio Jaén de Novela 2012 por El cielo árido

23/01/2013 - 1:30 am
Foto: José Antonio Cruz

Ciudad de México, 23 ene (SinEmbargo).- “Como escritor mexicano no le tengo miedo a la tradición”, dice Emiliano Monge (Ciudad de México, 1978), autor de El cielo árido (Random House Mondadori), ganadora del Premio Jaén de novela 2012, una historia “sadiana” y por ende “rulfiana” que explora las múltiples caras de la violencia en un medio rural mexicano.

Germán Alcántara Carnero, un verdadero antihéroe atrabiliario y salvaje, se mueve en una bruma espesa donde los recuerdos están de más y donde la búsqueda de consuelo resulta infructuosa.

La construcción de este personaje que atraviesa El cielo árido impulsado por un narrador que, lejos de esconderse muestra sus trucos desde la primera página, es también el diseño de un perfil que trasciende las fronteras localistas, para enmarcarse en una tradición continental donde la crueldad y la violencia resultan eslabones de una cadena que atraviesa el tiempo y lo define.

“Nuestros represores carecen de nacionalidad y, por el contrario, tienen como una característica latinoamericana. Mi novela busca, precisamente, destacar esto. Germán Alcántara Carnero, así como es un típico policía de provincia o municipal, también es un personaje que podría haber estado en el campo colombiano o incluso más al sur del continente”, dice Monge en entrevista con SinEmbargo.mx.

“Para llegar a semejantes grados de violencia se requiere romper emocionalmente con el otro, por lo que lo que te deshumaniza también te despatria”, agrega.

En el último día de trabajo en el Ministerio, Germán Alcántara se muestra dispuesto a iniciar una vida alejada de la sangre, de los muertos, de los tiros. Quiere, por tanto, no recordar. Es la imposibilidad de escapar de la memoria lo que en cierta forma redime un poco al personaje.

“Eso pasa porque la novela lo que plantea es que el marco moral con el que crecemos en las ciudades latinoamericanas no puede ser el marco moral con el que se enjuicie el mundo rural del continente. Es decir, si se nace, se crece y se vive en la violencia, esa violencia se vuelve natural e incontenible”, afirma el escritor residente en Barcelona.

“No sé si lo que se busca es redimir al personaje, pero sí intentar que el lector lo vea más como una presa que como un cazador”, afirma.

El cielo árido es el tercer libro de Monge, quien antes dio a conocer el libro de relatos Arrastrar esa sombra y la novela Morirse de memoria, ambos por Sexto Piso. De esta última supo decir José Agustín: “Si hoy fuera joven, así me gustaría escribir. La novela de Emiliano Monge respira, sangra y no acepta los límites”.

Hasta la historia de Germán Alcántara, la literatura de Emiliano había sido “el no tema”.

“Más bien mi preocupación giraba en torno a la forma literaria, a la arquitectura, al lenguaje, todos elementos que por primera vez se pusieron al servicio de lo que quería contar. No había trabajado antes el tema de la violencia y luego de escribir El cielo árido, creo que quedan resabios, porque la novela llega hasta inicios de los ‘80”, admite.

“Mi libro es también una forma de respuesta a esta idea reinante en el sentido de que la violencia del narcotráfico se gesta de repente. La violencia en el siglo XX mexicano no sólo no llega de la nada, sino que también es perfectamente rastreable en el tiempo”, asegura el también politólogo y a quien que la distancia con su país de origen le permitió encarar el tema de la violencia de un modo ficcional.

La segunda novela del autor residente en Barcelona, España, explora el tema de la violencia en un medio rural mexicano

 

La clave “sadiana”

La musicalidad, el ritmo, de El cielo árido, remite a Daniel Sada. Se trata de una narración que va de la danza a la contradanza creando un universo sonoro (clave, además, en una novela donde hay un personaje que sufre de sordera) propio de la escena rural donde transcurre la historia.

Monge no esconde sus semillas y, queriéndolo o no, coincide con su colega y compatriota Eduardo Antonio Parra, quien dijo aquello de “Soy hijo de Daniel Sada”, en referencia al autor fallecido en 2011, a los 58 años, dueño de una obra personal e influyente, con títulos como Porque es mentira la verdad nunca se sabe, Una de dos y Casi nunca, entre otros.

“No sé dónde empieza y dónde termina la influencia de Sada en mi novela, pero está claro que fui uno de sus lectores voraces y, además, él cumplió un papel muy importante en mi escritura. Nunca hicimos talleres ni ninguna de esas cosas en las que no creo para nada, pero tuvimos una correspondencia muy sana, que me hizo ver cosas que de otro modo hubiera encontrado 10 años después”, afirma Emiliano, autor de una novela esencialmente mexicana, como él mismo acepta.

“No lo hice de manera consciente, pero soy un escritor que nunca ha intentado renunciar a la tradición. Entiendo la tradición como una virtud y no como un problema y me refiero a ella no sólo pensando en México, sino también en Latinoamérica”, concluye.

Mónica Maristain
Es editora, periodista y escritora. Nació en Argentina y desde el 2000 reside en México. Ha escrito para distintos medios nacionales e internacionales, entre ellos la revista Playboy, de la que fue editora en jefe para Latinoamérica. Actualmente es editora de Cultura y Espectáculos en SinEmbargo.mx. Tiene 12 libros publicados.
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