El delegado de la Cuauhtémoc miente para sobrevivir. Miente para distraer la opinión pública. Miente para defenderse cuando no hay ningún ataque. Miente porque la verdad de los hechos lo supera. Miente para victimizarse. Miente para difamar. Miente porque es un político que vive de la retórica alejado de ejercicios democráticos como la rendición de cuentas. Miente porque es donde se siente cómodo. En el ámbito de los dichos y la oratoria y la mentira pública.

Las mentiras de Monreal ocurrieron después de la presentación del reportaje Ricardo Monreal otorga contratos a amigos de su hija y a empresas zacatecanas sin experiencia en la Ciudad de México elaborado por Mexicanos contra la Corrupción y la Impunidad. Organización en la cual me desempeño como Director de Comunicación y Asuntos Internacionales. El reportaje realizado en MCCI tiene como único fin denunciar presuntos actos de corrupción durante la administración de Monreal. La investigación expuso hechos de interés público que demandan respuestas sobre contratos otorgados a empresas sin experiencia y/o cercanas a familiares del jefe delegacional. A través de ella se cumple con uno de los propósitos de la organización de fomentar el ejercicio de rendición de cuentas.

A Monreal no le gusta la crítica ni las preguntas legítimas e incómodas sobre sus actos de gobierno. Su talante democrático se basa en crear una cortina de humo para evitar los puntuales cuestionamientos de una pieza periodística que jamás ha sido desmentida por él ni por ningún miembro de la delegación. Ojo, ataca al mensajero pero no el mensaje.

Monreal me acusó de orquestar una campaña con bots en su contra a través de una empresa “Talento e Inteligencia de medios, SA de CV”. Esta empresa editaba la revista Emeequis. El director, Ignacio Rodríguez Reyna, salió a desmentir al delegado afirmando que dicha empresa (de la cual dejé de ser parte en noviembre de 2015) no había participado ni en el reportaje ni en la promoción del material periodístico y mucho menos una campaña contra el delegado. En su desmentido Reyna señala: “Sus calumnias dañan nuestra imagen, nuestro prestigio y nuestro patrimonio moral. Usted tendrá que probar sus afirmaciones o retractarse públicamente de la misma manera y en el mismo espacio en que nos difamó. Si no procede así, lo demandaremos. No nos vamos a dejar, como usted gusta decir”.

Monreal miente cuando dice que yo orquesté una campaña en su contra a través de la empresa “Talento e Inteligencia en Medios, SA de CV”. Ninguna prueba tiene al respecto –porque es mentira y resulta imposible crear una verdad a través de un hecho falso-. A pesar de que se le ha puesto en evidencia sus mentiras, la diatriba del delegado está dirigida a seguir mintiendo y atacando a una organización social. Ahí su verdadero talante democrático. Si consuma su amenaza y demanda a la organización perderá en tribunales y, otra vez, su mentira será expuesta.

EL DELEGADO ES UN MENTIROSO

La difamación de Ricardo Monreal daña mi reputación y honra. El acusarme de orquestar campañas sucias en su contra va en contra de la ética profesional con la cual desarrollo mi trabajo. No es menor su acusación y estoy valorando tomar acciones legales. Para disipar toda duda: No orquesté ninguna campaña en su contra de ninguna forma ni en ninguna plataforma.

El mentiroso delegado también afirmó que Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad es “delincuencia organizada”, “sicarios de la pluma” y que contábamos con “aparatos de espionaje para espiar a políticos”. Sus afirmaciones también son dolosas y MCCI las rechaza categóricamente. MCCI afirma en su comunicado: “es lamentable que un gobernante se victimice en lugar de responder a cuestionamientos con evidencia y hablarle claro a la ciudadanía. Nosotros hacemos preguntas, el delegado lanza diatribas. La democracia requiere de verdaderos sistemas de rendición de cuentas y contrapesos y no solamente retórica política. Es fundamental que el Jefe Delegacional responda a las interrogantes planteadas en el reportaje y se abstenga de desviar el tema con acusaciones falsas, que buscan minimizar los hechos denunciados por la organización.”

Periodistas y organizaciones estamos a la caza de hechos de corrupción en todos los órdenes de gobierno e instituciones públicas. No tengo la cifra exacta, pero lo cierto es que debemos de cazar un mínimo porcentaje. Por ejemplo, en el caso de Monreal reporteamos sobre presuntos actos de corrupción de solamente 14 contratos de la delegación. Un universo bastante pequeño para lo que hace la delegación. Pero fueron en esos contratos en los que encontramos serios cuestionamientos. Recordemos que no es solo nuestro derecho hacer preguntas, es nuestra obligación como ciudadanía y periodistas plantear las incómodas controversias. Nuestro derecho, señor delegado.

Por otro lado, no hay un derecho a hacer berrinche ni pataletas mentirosas cuando se le cuestiona a uno. Los señalamientos son legítimos y parte intrínseca de la función pública. La diatriba y el berrinche habla de un funcionario menor que ve en nuestra democracia (incipiente) una amenaza a su integridad y forma de gobernar.

No sobra señalar que en ningún lado del reportaje se hace un juicio sobre si los hechos expuestos constituyen o no corrupción. Esa no es nuestra labor. El reportaje que hizo encolerizar al delegado señala hechos –sostenidos en documentos- que levantan suspicacia, preguntas y demandan atención inmediata.

Monreal miente porque el trabajo periodístico de MCCI es de interés público. En vez de enojarse y amenazar debería contestar puntualmente cada línea del reportaje.

Es una lástima que el sistema de fiscalización de recursos públicos sea tan timorato en este país, porque las pistas que aportó el reportaje son lo suficientemente sólidas para que se investigara a fondo y se castigara a los culpables. Pero hasta ahí el periodismo no llega. No es su tarea.

Monreal miente porque es más fácil atacar que asumir su responsabilidad y rendir cuentas a la ciudadanía que se las demanda. Monreal miente como mecanismo de supervivencia.