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Fabrizio Lorusso

23/05/2024 - 12:05 am

“Marea Rosa” y fascismo eterno

En las marchas rosas, hasta hace poco supuestamente apartidistas, masas de manifestantes han elevado a Gálvez o a Lilly Téllez al rango de heroínas protectoras, a Lorenzo Córdoba como héroe antiobradorista y democrático, a Salinas Pliego y Claudio X. González como paladines contra el ogro estatal.

¿La “Marea Rosa” en México puede considerarse un movimiento con tendencias fascistas? En su ensayo “El fascismo eterno”, presentado por primera vez en la Universidad de Columbia en 1995, el escritor, semiólogo y filósofo italiano Umberto Eco (1932-2016) develó la naturaleza profunda y los rasgos del fascismo. 

Lo hizo a través del análisis de catorce “maneras” en que esta ideología y práctica política, polifacética y adaptable al tiempo y a las circunstancias, puede adoptar formas históricas distintas y difíciles de reconocer. 

Eco da cuenta de cómo ciertos movimientos y visiones del mundo crían los gérmenes del fascismo, aunque sus contornos aparezcan desdibujados y sus discursos poco coherentes, por lo que, a pesar de esta confusión o indefinición, acuñó la expresión de “Ur-Fascismo” o “fascismo eterno”.

En sus palabras, “estas características no pueden regimentarse en un sistema; muchas se contradicen entre sí, y son típicas de otras formas de despotismo o fanatismo, pero basta con que se dé una de ellas para que se forme una nebulosa fascista”. 

No habla de un movimiento fascista hecho y acabado, o de que estas características sean exclusivas de un partido fascista, ya que algunas pueden encontrarse en agrupaciones con distintas orientaciones y finalidades. Sin embargo, plantea que pueden ser indicadoras de una “nebulosa fascista”. Considero que la “Marea Rosa” puede ser parte de un conjunto de alineaciones políticas, ideas, acciones, significantes y narrativas, a veces incluso contradictorias, que podemos entender como caldo de cultivo para el desarrollo de versiones actualizadas del fascismo.

La reflexión del novelista italiano ayuda a desenredar la madeja de patrones más o menos implícitos que subyacen a la superficie de este movimiento en México y a visualizar lo que significa en términos de polarizaciones, éstas sí radicales y rabiosas, y de peligros, estos sí concretos y visibles, para la incipiente democracia mexicana. 

Veamos de qué manera las características enunciadas por Umberto Eco nos pueden servir de brújula y aviso ante las expresiones de ciertos sectores sociales que, movidos por el miedo o por sinceros motivos opositores, o bien, manipulados por los sesgos editoriales y algorítmicos de los medios de comunicación y las redes sociales, perciben que la democracia, o lo que conciben como democracia, está a punto de quebrarse. O que una época de oro, o lo que imaginan fue para ellos el periodo neoliberal, se habría acabado por culpa de López Obrador.  

1. En el “fascismo eterno” según Umberto Eco, “El culto a la tradición” o tradicionalismo es emocional y antirracional, apela a lo ancestral y al miedo de lo nuevo para compactar a la comunidad, por eso nada se debe de “tocar” y reformar, so pena de derrumbar un supuesto mundo ordenado: claro está que la “Marea Rosa” defiende un mundo simbólico y material ordenado por jerarquías y privilegios para unos cuantos, en la racialización de lo diverso y su inferiorización, lo que es lo más antidemocrático que podamos imaginar. No es que a todos los marchantes del domingo pasado se le hayan otorgado privilegios en el pasado, al contrario, pero sí a la elite que les convoca. Es tradicionalista en la medida en que de su constelación discursiva comienzan a destacar la visión de una sociedad de castas y el instinto de la conservación: la libertad es válida, pero qué cada quien parta de donde está, pues tan solo su mérito y esfuerzo individual son suficientes para cambiar su destino. Esto reza la ideología meritocrática, olvidando que, de hecho, en México la movilidad social ha sido una quimera. 

2 y 3. “El rechazo del modernismo” y “El culto a la acción por la acción” se concretan aquí en un rechazo generalizado de datos duros y evidencias sobre los aciertos del Gobierno y la magnificación de sus desaciertos o de rumores convertidos en piezas periodísticas de alto impacto pero poca monta: se va sustituyendo, así, el razonamiento científico y comparativo con etiquetas, insultos, lemas y fake news que destilan una realidad falseada, conclusiones parciales sobre los más apremiantes asuntos políticos y sociales. 

Hay, de hecho, venas de anti-intelectualismo en los mismos intelectuales más o menos orgánicos a la oposición y a las derechas, cuando dan cabida, de una u otra manera, a la guerra sucia, la mentira, la descalificación burda, el miedo y el catastrofismo, buscando mantener cuotas de poder, “ganar” debates o incidir en la campaña electoral de Xóchitl Gálvez. Ésta, a su vez, regularmente sigue sus consejos y se atribuye a sí misma dotes de “fuerza y corazón” para la acción como “próxima Presidenta”. Pero la política de mano dura que propone es acción por acción, sin inteligencia, al estilo de Calderón.

4. El “Rechazo al pensamiento crítico” es otro rasgo. El sincretismo de la oposición fusiona diferencias, idealmente, y rehúye el pensamiento crítico, promoviendo la simplificación y el olvido de la historia. El cuestionamiento de las estructuras y las herencias del pasado resulta antipático, intolerable para algunos, pues obliga a verse en el espejo y deriva en ataques que impiden notar las contradicciones internas a la “marea”. 

5. Dice Eco que el “fascismo crece y busca consenso explotando y exacerbando el natural miedo a la diferencia”. En México “los otros”, los enemigos e intrusos, son identificados como quienes ascendieron al poder a partir de un discurso plebeyo y popular, como López Obrador, y, más en general, el movimiento-partido de Morena. 

Este recelo a la diferencia y al reflejo del México profundo esconden la semilla de racismos y clasismos difusos o explícitos, tanto en las élites “rosas” como en muchos de sus convencidos seguidores y en sus marcas registradas de la sociedad civil. Esto desvía la discusión de los verdaderos y urgentes problemas que todavía no han sido afrontados desde las estructuras y acciones de Gobierno.

6. El “fascismo eterno” surge de la frustración individual o social, del temor y el desconocimiento a las demandas populares, de grupos sociales más vulnerables, de la “base de la pirámide”: en México es un hecho que las y los trabajadores, entre otros sectores sociales antes menospreciados y mantenidos en la docilidad, han podido empoderarse. Los ataques de la Presidencia, así como las políticas del Gobierno, contra las élites o los llamados “fifís” han contribuido menos al deterioro económico de las mismas que a la erosión de su capital simbólico. 

Es decir, finalmente a la clase alta y a los mayores grupos empresariales les ha ido bien o mejor económicamente. Su inconformidad cuela hacia abajo en las clases medias aspiracionistas, que por estos se sienten representadas y los ven como modelos. El descontento tiene que ver más con el cambio de narrativa oficial y pública sobre quiénes son y sus prácticas rapaces, con el cuestionamiento de su relación con la sociedad y el país. Esta relación ha sido patrimonialista, antiética y oportunista. No son héroes ya, ni grandes benefactores y creadores de puestos de trabajo, sino evasores de impuestos y aprovechadores de mano de obra barata, siendo su prototipo supremo Ricardo Salinas Pliego, exponente de la ultraderecha con tintes fascistoides.

7. La “Obsesión por un complot” y la exageración de una amenaza son características evidentes en las marejadas rosas de estos meses: aunque la etiqueta y la campaña de desprestigio de #NarcoPresidente y #NarcoCandidata son de por sí fruto de un golpeteo-complot de la DEA y de ejércitos de bots, la realidad es subvertida y la derecha, más bien, fabrica teorías del narco-Estado, reforzando la narrativa estadounidense sobre la necesidad de una intervención en México, y auspicia violencias en la recta final de la campaña y en la jornada electoral para descarrilar el proceso y pedir la anulación de los comicios. Teniendo ya tantos vínculos comprobados entre exfuncionarios y allegados de los gobiernos del PRI y del PAN con el crimen organizado en el pasado reciente, inventarles al Presidente y a Claudia Sheinbaum presuntos nexos con el narco roza el cinismo.

8. La retórica del “Ur-Fascismo”, según Eco, es contradictoria porque construye a sus enemigos como “al mismo tiempo demasiado fuertes y demasiado débiles”: por una parte, la “Marea Rosa”, respaldada por partidos políticos y grupos poderosos, organizaciones multimillonarias de la “sociedad civil” y medios masivos e internacionales de comunicación, se siente agraviada y cree luchar contra una dictadura y un cacique absoluto. Por otra parte, pueden manifestarse libremente, reiterando falsedades, sin sufrir ninguna reprimenda. Sostienen que hay encuestas en que aventajan las y los candidatos del PRIAN y que la derrota de Morena y la 4T es posible y hasta probable.

9. “La vida es una guerra permanente” y el “Pacifismo es malo”, es colusión con el enemigo, sostiene Eco. Aunque se refiere a la retórica belicista instalada como método y discurso de Gobierno, como ya la experimentamos en la época de Calderón, por ejemplo, podemos inferir algo para la realidad actual. El PRIAN en el Gobierno promete una política pública de “balazos sin abrazos”, reedición de aquella guerra calderonista. 

Xóchitl promete que “no le temblará la mano” y que el ejército regresará, pero no a los cuarteles, como desearíamos, sino exclusivamente a las funciones de combate frontal a los cárteles. Su guerra permanente y desleal en estas campañas, las mentiras y las descalificaciones, van en contra de toda pretensión de “un México en paz”, otro lema vacío porque no remite a planes, visiones de país y rutas claras, además de que le está costando muy caro a la democracia y a la sociedad mexicana, llevándolas a brotes cada vez más extremos de violencia verbal y política.

10. El “Desprecio por los débiles” se marida, en palabras de Eco, con “el elitismo”, o sea, un “aspecto típico de toda ideología reaccionaria, en tanto fundamentalmente aristocrático”. Basta con volver a escuchar las declaraciones del expresidente Vicente Fox sobre “los huevones” y los programas sociales, la invención y demonización de los llamados “ninis”, los planes de la oposición para limitar, recortar o “tarjetizar” el estado del bienestar o los mismos programas, entre otras perlas clasistas que delatan el “complejo de superioridad” que sus huestes manifiestan.

11. En el fascismo eterno “Todo el mundo es educado para convertirse en héroe”, el héroe debe ser la norma y aspira a la muerte, pase lo que pase, pero claro, esto vale para el pueblo, para que muera heroicamente y se transforme en “daño colateral”. O vale para la mano de obra semiesclava de los cárteles o para la tropa de soldados rasos, como durante el calderonismo, ya que, desde luego, nunca son las élites las que van a la guerra y se enfrentan en el campo de batalla al “enemigo”, al “narco” o lo que sea. 

En las marchas rosas, hasta hace poco supuestamente apartidistas, masas de manifestantes han elevado a Gálvez o a Lilly Téllez al rango de heroínas protectoras, a Lorenzo Córdoba como héroe antiobradorista y democrático, a Salinas Pliego y Claudio X. González como paladines contra el ogro estatal, preconizando, así, el advenimiento de algún Milei mexicano para el futuro “rescate” del país. Esto se traduce en una tendencia fascistoide y necroliberal, un neoliberalismo de la muerte y la exclusión, con autoritarismo y separatismo social, es decir, la imposición de distancia y discriminación entre estamentos que – ¡Por Dios! – no deben de mezclarse. 

12. El “Machismo” es causa y producto del Ur-Fascismo, la traducción de la voluntad de poder frustrada hacia la esfera sexual, mismo que hemos atestiguado en las vergonzosas intervenciones de la candidata del PRIAN durante los debates, al utilizar constantemente recursos verbales misóginos y al tachar a Sheinbaum de “fría” y “sin corazón”, o de ser títere del Presidente. Ni hablar de las referencias de Gálvez a la virgen de Guadalupe, estampada en la falda de Sheinbaum, o al culto a la Santa Muerte con base en un meme que ni entendió y que fue usado como pieza de una campaña de descredito infundada contra la izquierda partidista. Son también alusiones muy baratas a las creencias, al ateísmo o a la ascendencia judía de la candidata de Morena, que no se profesa católica, para así atacarla desde ese flanco o cuestionar su visita a un jefe de Estado y religioso como el Papa Francisco.   

13 y 14. El “Populismo selectivo o cualitativo”, por el que se divide la sociedad en facciones antagonistas, y la creación de una “Neolengua” o “Neohabla”, a saber, el empleo de un vocabulario pobre, básico, que inhibe razonamientos y reproduce lemas, tags, estereotipos y lugares comunes y ofensivos. En parte se trata de procesos comunes a muchos movimientos y, quizás, a la dinámica política como tal y las redes sociales. Sin embargo, en la “Marea Rosa” la lógica populista divide a la sociedad con base en factores como la clase social, el color de piel, el mantenimiento de privilegios por encima de las mayorías y el engaño de las élites hacia “su pueblo” en la plaza, el cual anhela ser como los de muy arriba y concibe la libertad como derecho de prevaricación y piedra angular de una desigualdad dizque natural dentro de la sociedad.     

Fin. Respondiendo a la pregunta inicial, no creo que la “Marea Rosa” o todas las personas que hayan marchado bajo sus consignas conformen un movimiento fascista como tal, pero ya es posible y útil identificar tendencias negras dentro de la nebulosa rosa, las cuales alertan sobre posibles derivas extremistas y fascistas, cada vez más “naturalizadas”, visibles y desenterradas, e inoculan dosis crecientes de violencia en el campo político y democrático.  

Concluye Umberto Eco en su ensayo, encargando una misión a las y los lectores: “El UrFascismo puede volver todavía con las apariencias más inocentes. Nuestro deber es desenmascararlo y apuntar con el índice sobre cada una de sus nuevas formas, cada día, en cada parte del mundo”.

Fabrizio Lorusso
Profesor investigador de la Universidad Iberoamericana León sobre temas de violencia, desaparición de personas y memoria en el contexto de la globalización y el neoliberalismo. Maestro y doctor en Estudios Latinoamericanos (UNAM). Colaborador de medios italianos y mexicanos. Integra la Plataforma por la Paz y la Justicia en Guanajuato, proyecto para el fortalecimiento colectivo de las víctimas.

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