El más especial en un grupo de tipos súper especiales. Foto: Facebook

El más especial en un grupo de tipos súper especiales. Foto: Facebook

Ciudad de México, 25 de agosto (SinEmbargo).- Era el más especial en un grupo formado por tipos súper especiales y su muerte fue la de un ser cercano, la de un pariente al que sabíamos enfermo y al que, sin embargo, no estábamos muy dispuestos a dejarlo ir.

Tenía 71 años y, efectivamente, el viernes pasado, Daniel Rabinovich sucumbió a sus problemas cardíacos y falleció en un mundo que quedó más desolado sin su presencia.

Integrante del famoso grupo de humor Les Luthiers, su partida es la de un genio de la risa, pero también la de un ser luminoso, admirado por su inteligencia y su bonhomía, su alto sentido de la amistad y sus apariciones públicas donde hacía gala de un humanismo a prueba de todo cinismo.

Al contrario, su estar en la vida no era el de alguien que gustara mirar a su prójimo por encima del hombro y nunca se quejaba del discutible “precio de la fama” que lamentan tener que pagar tipos mucho menos talentosos, mucho menos reconocidos.

“Muchas veces mis alumnos me preguntan si la hermenéutica telúrica incaica transtrueca la peripatética anotrética de la filosofía aristotélica, por la inicuidad fáctica de los diálogos socráticos no dogmáticos. Yo siempre les respondo que no”, decía en la pieza “El regreso del indio”, que integra el espectáculo Unen canto con humor.

Decía eso con esos gestos de hombre poco enterado y cara de niño que siempre se asombra ante lo evidente y el público lloraba de risa. Y por morirse, lo hizo un día después de que en España lo hiciera la cómica Lina Morgan (1937-2015), otro genio del humor.

“Despertarse y que te rompan el corazón”, escribió en Twitter el dibujante Liniers. “Muy triste, reí mucho con él y sus compañeros”, se lamentó el cantante Ricardo Montaner. “Deberíamos considerar a los grandes humoristas como genios; hicieron por la sociedad tanto como Henry Ford o Edison”, escribió el magazine español JotDown.

Unas pocas muestras de lo que fue una inconmensurable explosión de homenajes que aconteció en las redes sociales, para despedir al hombre nacido como Daniel Abraham Rabinovich Aratuz (alias Neneco) aunque su verdadero apellido paterno era Halevy, tal como informa su web oficial.

Su bisabuelo, que llegó a la Argentina desde Besarabia (hoy Moldavia) no había hecho el servicio militar porque era rabino, por lo cual compró el documento de un muerto -de apellido Rabinovich- para poder salir de su país.

Su fallecimiento produjo una explosión de homenajes en las redes sociales. Foto: Facebook

Su fallecimiento produjo una explosión de homenajes en las redes sociales. Foto: Facebook

“De chico, me crié en el Palacio de los Patos, un complejo de viviendas ubicado en Ugarteche y Las Heras, en Buenos Aires, donde viví hasta los 18 años. Allí había varios folcloristas, que me dejaban asistir a sus reuniones. Fue donde por primera vez escuché cantar a voces y tocar la guitarra”, recuerda.

“A partir de los 14 años, empecé a estudiar guitarra con José María de los Hoyos. Quería tocar como Ernesto Cabeza, el guitarrista de Los Chalchaleros” dice. En sus años de colegio secundario, formó un grupo folclórico que se llamó Los Amanecidos.

A los 18 años, mientras estudiaba Derecho en la Universidad de Buenos Aires, ingresó al coro de la facultad de Ingeniería, donde conoció a quienes serían Les Luthiers.

Con el coro participó en la puesta en escena de Il figlio del pirata (1964) y la Cantata Modatón (posteriormente llamada Laxatón), en 1965. Luego intervino en I Musicisti y fue uno de los cuatros integrantes que se separaron del grupo en 1967 para fundar Les Luthiers. En 1969 obtuvo el título de notario.

En los comienzos del grupo cantaba y tocaba la guitarra y el latín (parodia del violín), aunque rápidamente fue ganando protagonismo actoral. Ese crecimiento fue percibido por la crítica especializada, que en los ’70 lo llegó a comparar con Peter Sellers.

“Creo que fue una exageración. La transformación fue gradual. No tenía ninguna veta humorística previa. De a poco comencé a realizar algunas improvisaciones graciosas y me salieron bien”, afirma.

Paralelamente a Les Luthiers, efectuó algunas incursiones actorales en cine y televisión. Trabajó en la película Espérame mucho, de Juan José Jusid (1983).

También participó como actor en las miniseries Los gringos (1984) y La memoria (1985), ambas dirigidas por David Stivel. Y actuó en la telenovela colombiana Leche, dirigida por Víctor Mallarino.

En los últimos años incursionó en la escritura. Es autor de los libros Cuentos en serio (Ediciones de La Flor, 2003), con prólogo de Joan Manuel Serrat, su gran amigo y El silencio del final, nuevos cuentos en serio (Ediciones de La Flor, 2004).

En el humor ha producido risas inolvidables desde una capital que como Buenos Aires podría llamarse ciudad de autor porque allí nacieron los Les Luthiers, según el periodista cubano Nelson Herrera Ysla.

Recordémoslo. Y volvamos a reír. También a llorar, por esta enorme pérdida.

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