¿Tiene sentido seguir escribiendo en el mundo contemporáneo? Para responder, Guillermo Fadanelli recurre a una cita E. L. Doctorow: “La ficción enseña las leyes de la comunidad y distribuye el sufrimiento” en el libro Meditaciones desde el subsuelo, que edita Almadía.

Ciudad de México, 25 de noviembre (SinEmbargo).- Toda conversación con Guillermo Fadanelli (Ciudad de México), equivale no sólo a hablar de su libro reciente sino también de ver en qué modo está su disposición hacia la literatura.

Él escribe, no puede hacer otra cosa, aunque “la literatura también nos enseña a dudar y romper con los productos con los que la globalización intenta pastorearnos: nos hace cuestionar tradiciones y dogmas”, dice la editorial Almadía que acaba de editar Meditaciones desde el subsuelo.

Él se llama a sí mismo “un niño viejo” y como tal se considera un “falso pesimista” que en este libro relaciona su oficio con las ciencias sociales.

Fadanelli opta por identificar su propuesta ético-política como una vertiente singular de la tradición anarquista, en la que el individuo sea el protagonista, concluyendo con una sugerente paradoja: La comunidad en tiempos de crisis continúa viva en la pluralidad del individuo, así dice la editorial y aquí vamos nosotros.

–Este “aprender por distracción”, me encantó en tu libro

–El aprender o el deseo de aprender como una forma de amansamiento. Yo lo que he aprendido ha sido por casualidad o por accidente o a veces ejerciendo la distracción premeditada. El paseo y la digresión en lugar de seguir la carretera, en lugar de seguir el camino unidireccional. Prefiero caminar distraído y si aprendo una cosa, algo nuevo, ya será un milagro.

­–Este pensar caminando se parece mucho a correr, que lo haces…

–Yo sigo corriendo a costas de mis rodillas y me sigo sintiendo joven y niño. Corro todavía con mucho entusiasmo y con energía. Ante la burla de las ardillas que me miran pasar a la mitad de la velocidad con que yo corría hace 10 años. Efectivamente, este ensayo es ese paseo y una caminata más que correr, aquí intento no correr, intento caminar a veces más a prisa, a veces más lentamente. Aprender por accidente.

Un ensayo imperdible que Fadanelli ya presentó en Oaxaca. Foto: Especial

–Confundí enseñanza con esperanza tal vez pensando en todo lo que esperabas encontrar en los libros cuando eras adolescente

­–Sí, se tornaron un horizonte para mí en ese tiempo. Por primera vez en mi vida me encontré con un camino que quería transitar, con un horizonte hacia el cual ansiaba dirigirme, todo me sorprendía, todo llamaba mi atención, tenía opiniones y juicio para tirar al aire. Conforme pasa el tiempo, ese entusiasmo decrece y aunque la curiosidad permanece, siempre la esperanza de encontrar un espacio o un territorio de la imaginación desconocido sigue siendo estimulante. Todavía abrir un libro es una aventura para mí.

–Sobre todo porque también le haces homenaje a esos héroes que son para ti en Meditaciones desde el subsuelo

–Sí, claro, creo que el sufrimiento en ellos fue un medio de conocimiento, se acercaron al mundo a partir del sufrimiento, del pesimismo y llamémosle la negrura del alma. Sin embargo, nos entregaron textos iluminadores y estimulantes. Thomas Bernhard, sobre todo, del que cito un poema…

–Cada vez que te veo te encuentro bien, sumamente optimista, muy esperanzado en tus libros, hay como una contradicción en este pesimismo que cuentas

–Sí, es cierto, pero se trata de una contradicción honrada. Es posible que los argumentos no muestren una coherencia absoluta, lo que hay en mi hacer y en mis libros es como un impulso honrado de llevarlos a cabo. A veces con más entusiasmo, a veces con menos entusiasmo, pero no intento ser un escritor o un hombre coherente. Trato más bien de ser honrado con mis sentimientos, no ser hipócrita con mis pasiones y ejercer la escritura como conversación. Ahí encuentras un residuo de optimismo o de gozo. Cada vez son menos los momentos de fortuna o de tranquilidad, el desasosiego se va apoderando poco a poco de tu espíritu, de tu temperamento. Sin embargo me gusta la conversación, la lectura, el cine, el futbol, el mundo femenino…

Trato más bien de ser honrado con mis sentimientos, dice Fadanelli. Foto: SinEmbargo

–¿Te gusta editar libros como el de Wenceslao Bruciaga quien me decía que si no existiera Moho el no podría editar su libro?

–Entre las actividades que más detesto en la vida es editar libros. Me gusta el resultado, me gusta que Wenceslao Bruciaga esté allí, pueda ser leído y puedan ser divulgados, pero soy un escritor que en algún momento fue un editor emergente, para tratar de construir un espíritu lúdico en la literatura. Hoy estoy cansado de editar libros, gracias a Yolanda Guadarrama es que salen los libros, continúa la editorial y considero que los autores que hemos publicado valen la pena. Tienen sentido, probablemente no habrían sido publicados en otra editorial.

–Hablas mucho del ensayo en tu libro, no le interesa a los lectores pero va formando una serie de capas de conocimiento

–Sí, es el género, un nudo o un punto de reunión de los más diversos géneros. En el ensayo encuentras la nota biográfica, el aforismo, el fragmento novelesco, la nota científica, todo cabe en un ensayo y si tienes talento puedes hacer convivir la nota biográfica con la opinión culta, científica y filosófica. Creo que el ensayo es espejo de la libertad, vehículo de la crítica y sobre todo impulso para la reflexión. Un cultivo de libertad. Hoy soy mayor lector de ensayos que de novelas. Hay novelas como en el caso de Enrique Vila-Matas que tienen mucha relación con el comentario filosófico y con el ensayo.

–¿Qué es Meditaciones desde el subsuelo?

–Yo creo que es un auto-cuestionamiento pero también una pregunta abierta sobre acerca de si tiene sentido escribir y si la literatura es un vehículo para la libertad y para la crítica. ¿Qué valor, qué función y que sentido tiene la literatura hoy? ¿Nos hace más libres? ¿Nos hace más críticos, más reflexivos, más rebeldes? ¿Nos da armas para enfrentarnos a los criminales, a los malvados, a los políticos mendaces? Es un refugio para la introspección o simplemente es el jugueteo retórico de un hombre individualista. La literatura ayuda a fundamentar y reformar la capacidad del individuo, de pensar por uno mismo, creo que no hay comunidad sin individuos, una comunidad de seres amansados, cooptados, consumidores, guiados en su gusto, truncados en su libertad, no es una comunidad. Es una reunión de bestias. Es allí donde creo que mi ensayo hace énfasis y tal es quizás su mayor preocupación.

–Dices por lo pronto que no hay que hacerle caso a los ideales

–Un hombre de fuertes convicciones o de convicciones inalterables me mueve a la risa, porque además va a dedicar su vida a imponernos sus convicciones. Prefiero la conversación con personas cuyas convicciones sean maleables, plásticas, estén dispuestas a ser modificadas.

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