Una de las peores noticias, incluso peor que la misma derrota de julio de 2012, fue recibida ayer por el Partido Acción Nacional. Felipe Calderón Hinojosa se ha presentado a sí mismo como la solución a la debacle del blanquiazul. De acuerdo con el periódico Excélsior ya anunció que seguirá al frente del partido para encabezar la presunta transformación.

Plutarco Elías Calles en el siglo XXI.

El PAN de Felipe Calderón, y lo hemos dicho en este mismo espacio, es un partido derrotado. Lo dicen escrupulosamente las estadísticas: desde 2006 hasta ahora se convirtió en una tercera fuerza política, y año con año ha perdido votos, posiciones, presencia.

Según Calderón, su gobierno está bien evaluado. Se lo dijo así al periódico El País. Según Calderón, es posible separar al gobierno del partido. Según Calderón, la derrota del 2 de julio pasado no es su derrota sino la derrota de la candidata Josefina Vázquez Mota. Según Calderón, los ciudadanos no evaluaron a su gobierno en las urnas, él no tuvo nada qué ver con el fracaso.

Lo anterior se vale. Él puede ser tan ciego como quiera, ¿qué más da?

Lo que ya es un problema es que él se ha propuesto para dirigir al PAN “en los siguientes seis o 12 años”.

Será el recordatorio vivo, de cuerpo presente, en las oficinas de Acción Nacional, de, por decir, más de 60 mil muertos.

Será el recordatorio permanente de un gobierno que no perdió Guanajuato porque Dios (en realidad El Yunque) es grande.

Y también será el recordatorio permanente de un sexenio de intolerancia contra los disidentes. El sexenio de las vendettas y las expulsiones. El sexenio en el que una familia (papá, mamá, sobrina, hermana, cuñado, etcétera) ha intentado gobernar un partido que, según se vendía a sí mismo, era el más democrático.

Los manotazos de Calderón adentro del PAN, su intento por permanecer en el poder y esa enfermiza voluntad de no soltar nada, es una terrible noticia para Acción Nacional.

Al final, también es una mala noticia para México que el Presidente saliente esté anunciando que se quiere apoderar para los siguientes años de la tercera fuerza política del país. De por sí los partidos le han cerrado las opciones a los ciudadanos. De por sí hay pocas alternativas para elegir.

Y ahora, el Presidente y la familia presidencial, como lo hicieron los González con el Partido Verde, se disponen a controlar ese instituto político.

Qué dura será la batalla para expulsar a Calderón de su intento de Maximato. Qué dura para los panistas democráticos.

Cuando uno pensaba que la pesadilla había terminado, llegan estas cosas.