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Melvin Cantarell Gamboa

28/03/2023 - 12:05 am

Para formar espíritus libres

La obra ha de empezar por orientar el saber hacia la comprensión de la propia condición, al mismo tiempo que se aprenda, a través de la formación escolar, a leer la realidad con perspectiva; es decir, de manera consistente e inseparable de lo existencial, del contexto, de las condiciones sociales y las circunstancias.

Con varias precariedades los alumnos de la escuela Primaria Thomas Alba Edison, ubicada en la Periferia de Acapulco, regresaron a clases.
“Bueno sería que la escuela y los maestros dotaran a niños y jóvenes de medios necesarios para que constituyan su propia autonomía y eliminen de su vida las formas vacías de actividad a los que conduce la enseñanza neoliberal y para que se construyan como espíritus libres, lo que les permitiría hacer de su vida una magnifica obra, pues les enseñaría a vivir y a no reducir la existencia a lo pragmático, es decir, al conocimiento de saber hacer cosas como finalidad única”. Foto: Carlos Alberto Carbajal, Cuartoscuro

I

Necesitamos abolir el capitalismo actual por desigual e inequitativo, eso es obvio; sin embargo, lo más urgente e inmediato es transformar todo aquello que obstaculiza la posibilidad de decidir lo que conviene al destino inmediato de la humanidad; en este momento los asuntos de vida o muerte son la amenaza de una guerra nuclear, la degradación de la biósfera y el rearme de las grandes potencias.

El recurso más idóneo para responder de manera correcta a este desafío es una educación que tenga como finalidad formar espíritus libres, una nueva generación de mujeres y hombres que no se deje influir, conducir y manipular; que no renuncie a su individualidad, su privacidad y sus derechos para entregarse a la voluntad de poder de las élites, el Estado y sus agentes, los gobiernos de derecha, empresas o las compañías de propaganda, relaciones públicas e instituciones controladas y operadas por intelectuales orgánicos y cuyo objetivo es cooptar consciencias que enriquezcan, consoliden y hagan suya la ideología burguesa. Estos espíritus siervos se caracterizan por adoptar posturas propias de una clase diferente de la suya; desafortunadamente son dogmáticos, cerrados o fanáticos. 

En contra partida, se llama espíritu libre a quien piensa de manera distinta por su origen, condición, situación, ocupación, relaciones y clase a la que pertenece y que se distingue por su capacidad de discernimiento y criterio. El espíritu libre es un estado interior capaz de desarrollar en sí una fuerza autoeducadora y reconstituyente que le permite estar por encima de la dominación y control de los poderosos para acercarse a la vida libertaria; todo en torno a él, sentimientos y simpatías, son señal de salud, pues ha adquirido la ciencia de vivir sin odio, tranquilo y paciente. Sin embargo, no se nace como espíritu libre ni se conquista de una vez y para siempre, sino que se construye a pequeñas dosis. Una vez descubierto el enigma de esta transformación se es cada vez más y más libre y dueño de sí mismo, al mismo tiempo que desdeña todo lo perdurable y definitivo (Federico Nietzsche. Humano demasiado humano).    

La obra ha de empezar por orientar el saber hacia la comprensión de la propia condición, al mismo tiempo que se aprenda, a través de la formación escolar, a leer la realidad con perspectiva; es decir, de manera consistente e inseparable de lo existencial, del contexto, de las condiciones sociales y las circunstancias.

Se ignora lo que acontece debido a la manera en que son transmitidos e internalizados los conocimientos; se memoriza a través de palabras y discursos en los que está ausente el pensamiento crítico que sólo prospera en el espíritu libre; lo que niños y jóvenes reciben durante la educación oficial obligatoria es información y adiestramientos que no se identifican  con  el movimiento histórico ni con lo que sucede; por lo contrario, los prepara para el adoctrinamiento, la ideologización y la obsesión moralista. En el aula debiera enseñarse con la verdad, pero ésta está ausente en los saberes transmitidos; a la verdad se accede cuando existe correspondencia entre la genealogía de los hechos y lo que se dice de ellos, entre el sujeto cognoscente y el objeto conocido; en contrario, cuando la palabra se convierte en concepto, este substituye lo concreto. 

¿Qué hace posible que el pensamiento se ligue al tejido inmediato de la vida y se mezcle con ella? ¿Para qué los individuos pensantes han de aprender a penetrar la condición del mundo? Porque éste requiere explicaciones y cambios que acoplen el pensamiento en dirección de innovaciones necesarias y suficientes. 

Durante siglos se creyó que la educación era una función natural y universal de la comunidad humana; que la marcha histórica de educar se agotaba en el esfuerzo de eternizar una cultura según normas ideales que continuamente impulsaran el genio creador de la época. Durante la Edad Media, por ejemplo, la educación en Europa, monopolizada por el clero secular, se dejó en manos de sacerdotes y estaba dirigida a quienes decidían ingresar a la vida religiosa; muchos de los reyes de la época, sin embargo, no sabían leer ni escribir lo que los obligaba a buscar el tutelaje del clero para tomar decisiones y redactar leyes o decretos, lo que dio al papado un enorme poder. Durante el absolutismo, el monarca tenía todos los derechos y ningún deber, no estaba sujeto a ningún límite, gobernaba sin consentimiento ajeno; de ahí que en ese periodo la educación se dirigiera, además de los sacerdotes, a la formación de funcionarios, burócratas, diplomáticos, oficiales del ejército, médicos, personal de salud. En el siglo XVII surge en Francia un movimiento cultural, la Ilustración (que rápidamente se extenderá por Europa), que defendía el uso de la razón y la lógica como medios para adquirir conocimientos. Emmanuel Kant, filósofo alemán, que dio forma al Yo burgués, como puede deducirse de su definición de la Ilustración, es quien con mayor fuerza rechaza la dirección del otro en la toma de decisiones personales y llama a “la liberación del hombre de su culpable incapacidad. La incapacidad significa la imposibilidad de servirse de su inteligencia sin la guía de otro… y en la falta de valor para servirse de sí mismo sin la tutela de otro. ¡Sapere aude!  ¡Ten valor de servirte de tu propia razón!”. (Emmanuel Kant. Filosofía de la Historia. FCE). Sin embargo, Kant (1724-1804) en ese mismo artículo, (¿Qué es la Ilustración?) agregará un suplemento desagradable e inquietante que dice así: “Razona sobre lo que quieras y tanto como quieras ¡Pero obedece!”. Clausurando, de manera tajante, el supuesto derecho a pensar con autonomía y libremente. ¿Dónde quedaron, pues, los desafíos al dogma y a la autoridad? ¿A poner en duda las formas tradicionales de pensar, así como a la pretensión de dejar de ser súbditos y convertirse en ciudadano? ¿Cómo superar la trampa kantiana?

Preguntándonos: ¿Quién educa? El Estado. ¿Para qué educa? Para producir mano de obra productiva, eficiente, rentable y lucrativa; lo hace estandarizando a los sujetos para que en apariencia se sientan libres e independientes mientras hacen, sin coacción, lo que se espera de ellos o, lo que es lo mismo, mercancía de bajo precio codiciable para el capital ávido de fuerza de trabajo; todo en nombre de un mayor rendimiento y tener acceso al consumo. En consecuencia, es contrario a la verdad que la educación ilustrada tenga por finalidad lo humano y que su tarea sea dar sentido, meta y propósito a la existencia y que educar es la mejor manera de construir seres humanos con futuro. 

Bueno sería que la escuela y los maestros dotaran a niños y jóvenes de medios necesarios para que constituyan su propia autonomía y eliminen de su vida las formas vacías de actividad a los que conduce la enseñanza neoliberal y para que se construyan como espíritus libres, lo que les permitiría hacer de su vida una magnifica obra, pues les enseñaría a vivir y a no reducir la existencia a lo pragmático, es decir, al conocimiento de saber hacer cosas como finalidad única. 

Es, pues, el momento de preguntarnos: ¿Cómo educar? Poniendo especial atención en la infancia y la adolescencia, periodos claves en la creación de una personalidad; de ahí la necesidad que durante este tiempo formativo se desarrolle en el niño aptitudes necesarias para que se forme así mismo sin subordinarlo a una doctrina, una ideología o creencia para que, sin rebeldía, se someta de manera voluntaria a quien se le antoje ponerlo bajo su control. 

La formación inicial supone lo humano como tema y, por lo tanto, habrá de asumirse esta tarea con sentido, meta y propósitos humanos; ni los hombres ni las mujeres han de ser máquinas productivas, mucho menos fabricarlos como entidades de partido.

Sin desviarme del tema, ¿se han preguntado por qué miles de millones de los habitantes del planeta identifican sus valores y se sienten más cerca de la élite de los más ricos? En el presente existe una superclase formada entre seis y siete mil personas, que equivale a un 0.0001 por ciento de la población mundial, que acumulan tanta riqueza como 5000 millones de seres humanos; asimismo, el uno por ciento de los más ricos acapara el 82 por ciento de la riqueza global. En el mismo sentido ¿por qué en México muchos de los más pobres y los sectores medios de la población votan por la derecha y no lo hacen por candidatos de izquierda? ¿Por qué estas personas que por sus ingresos están más cerca de los pobres prefieren adjudicarse la consciencia del Yo burgués? ¿Qué los acerca más a Slim, Larrea o Salinas Pliego que a Juan Pérez o Pedro Sánchez? Los primeros ganan millones de pesos por hora y los ingresos del ochenta por ciento de la población, por alto que sea su salario, no se acerca al de sus empleadores y si a los ocho mil pesos que gana mensualmente en promedio un empleado. ¿Qué condiciona a tantos hombres y mujeres a la adopción de este comportamiento? Respuesta: la educación recibida en la infancia y la adolescencia. Continuará.

Melvin Cantarell Gamboa
Nació en Campeche, Campeche, en 1940. Estudió Filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Es excatedrático universitario (Universidad Iberoamericana y Universidad Autónoma de Sinaloa). También es autor de dos textos sobre Ética. Es exdirector de Programas de Radio y TV. Actualmente radica en Mazatlán, Sinaloa.

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