La escritora mexicana recibió el Premio Cervantes el 23 de abril, de manos del Rey Juan Carlos de España. Foto: EFE

La escritora mexicana recibió el Premio Cervantes el 23 de abril, de manos del Rey Juan Carlos de España. Foto: EFE

Por Pepa Roma*

Ciudad de México, 28 de abril (SinEmbargo).- Se ha definido como una versión moderna de Sancho Panza, pero más bien ha pasado por España como un torero arrancando vítores y cortando orejas. En los cuatro días que median entre la entrega del Premio Cervantes 2013 en Alcalá de Henares y el desayuno de despedida en el Casino de Madrid, la escritora ha conquistado con su sencillez; lo que llama, no sin cierta coquetería, su “timidez”; y su habilidad con la muleta para lidiar con cuestiones que van desde la lengua a la política.

De la escritora convertida en referente moral de su tiempo y de su país todos querían algún veredicto sobre los grandes y controvertidos temas políticos que hoy afectan a Latinoamérica, las mujeres, la salud del español, en el desayuno del Foro de la Nueva Comunicación en el Casino de Madrid, en el que tuve ocasión de conocer a Elena Poniatowska.

LOS SOLECITOS DE LA CALLE

En una semana marcada por la despedida a Gabo, cuya vida, milagros y obra ha sido trending topic en las redes y cita obligada en toda actividad literaria, la presencia de su amiga mexicana ha adquirido especial valor con la conciencia de que los grandes se nos están yendo y hay que celebrar y retener cuanto nos queda. Con lo que esa última semana se convertía en una especie de oasis de recogimiento literario en medio del bullicio de las firmas, donde hasta los escritores podría decirse que nos olvidamos temporalmente de chismes y rankings para volver al verdadero espíritu de la literatura. Ese al que nos ha devuelto Elena Poniatowska en sus intervenciones.

Hablara de política, de feminismo, periodismo o estrictamente de literatura, las palabras de Elena nos remitían una y otra vez al motor primero por el que escribe: hacer de sí misma cada día “mejor persona. Se ha definido un “Sancho Panza de los pequeños Quijotes anónimos que se encuentran entre los niños de la calle o los pobres”, esos “solecitos” que libran cada día una heroica lucha por sobrevivir sin perder los principios o ideales; pero a nadie se le escapa que es la propia escritora la que libra a diario una batalla personal contra molinos y gigantes, y sobre todo alguien capaz de ver el sol y el brillo a través de la realidad más sorda y opaca.

No en vano, la mexicana de origen polaco y francés es un ‘producto’ internacional aderezado con la literatura de El Quijote, que leyó en su primera lengua escolar, el francés. “El Quijote me ha acompañado a lo largo de la vida. Es una base, un caldo de cultivo para la vida moral, una lección de vida”.

LA ARISTÓCRATA COSMOPOLITA QUE SE VOLVIÓ INDÍGENA

Quiere escribir 10 libros, uno para cada uno de sus nietos. Foto: EFE

Quiere escribir 10 libros, uno para cada uno de sus nietos. Foto: EFE

La creadora de personajes inolvidables, como Jesusa, una mujer de extracción humilde de Oaxaca y protagonista de su novela “Hasta no verte Jesús mío”; la “voz de los sin voz”, como se ha definido a veces, es sobre todo la voz de México. Elena Poniatowska, la cosmopolita descendiente de príncipes polacos, criada en Francia, y trasplantada a México a los 10 años, es hoy otro referente de México como lo es Frida Kahlo, a la que se ha referido en repetidas ocasiones en el desayuno con la sociedad madrileña. Ataviada con uno de esos maravillosos huipiles indígenas, que ha paseado orgullosa por actos y salones de Madrid, y la tradicional falda larga rematada por un volante, no ha perdido ocasión de proclamar su mexicanidad adquirida.

“El gran país de América Latina es México. Creo en la salvación de mi país”. Una denominación de origen que, junto con su militante defensa de los desfavorcidos, hace inevitable no pensar en nombres de reminiscencias épicas como los Juana de Arco, Helena de Troya o ciertos toreros que han hecho famoso el nombre de su pueblo con sus faenas.

“QUIEN ESCRIBE BIEN, PIENSA BIEN”

Si sus reportajes como periodista la llevaron a hurgar en lo más recóndito de la sociedad mexicana; en sus libros, esa sociedad y el habla indígena se introduce con sus frases rotas y enigmáticas. Lo que no impide a esta mujer de exquisita educación francesa, defender algunos de los principios sacrosantos de la Real Academia de la Lengua.

No hay que tener miedo de la diversidad que ha adquirido la lengua en los distintos países con la incorporación de vocablos locales o indígenas, que sólo sirven para enriquecerla, tampoco de los anglicismos, dijo la escritora. “Las palabras gringas que han entrado se han españolizado sobre todo a través de los jóvenes, con el rock o su música. Hoy hay muchas palabras que se han incorporado, como parqueadero. Yo no las rechazaría. Son las palabras que dejan de significar algo las que van a morir por sí mismas”. Algo muy diferente sucede con la gramática y ortografía, vino a decir.

“Si en algo no estaba de acuerdo con Gabo es en que él era partidario de eliminar la ortografía, para dejar que ésta se acoplara al habla de la gente. Yo creo que esto es un error. Por mi formación de niña francesa, he tenido siempre un enorme respeto por la ortografía. Es necesaria para que los niños y jóvenes logren escribir bien. Quien escribe bien, piensa bien”.

ACUERDOS Y DESACUERDOS CON GABO

No son, sin embargo, pocos los paralelismos que pueden trazarse entre Elena Poniatowska, de 82 años, y Gabriel García Márquez. Cinco años más joven que el escritor colombiano, con el que se relacionó en México, no sólo comparte con él la doble profesión de periodista y escritor; la definición de cronista literario de su pueblo o unas ideas políticas en defensa de los desfavorecidos que les llevaría a apoyar en su momento a Fidel Castro y la revolución cubana, sino también haber tenido por compañeros de camino o de generación a creadores que han dejado un profundo impacto a su alrededor; desde Luis Buñuel o Leonora Carrington a Carlos Fuentes, otro de los grandes nombres en el álbum personal de Poniatowska.

“Una imagen que recordaré toda la vida es la del discurso de Fidel el día que entraron los guajiros en La Habana, en 1959, aplaudiendo con sus machetes en el aire. Pero la imagen que hoy veo de Fidel en los periódicos es la de un viejito feo. Habría hecho bien Fidel en quedarse unos años y pasar el poder a otro capaz, en lugar de eternizarse como lo ha hecho”.

“CHÁVEZ, ÚNICO EN LA HISTORIA DE AL”

Más ambivalentes han sido sus respuestas sobre Hugo Chávez. “Chávez es alguien sui generis y único en la historia de América Latina. Tuve ocasión de entrevistarme con él cuando fui a recoger el Premio Rómulo Gallegos en Caracas. Se mostró como alguien con mucha amabilidad y bonhomía. Repartía petróleo a los países africanos y al mundo entero. Pero asusta un poco cuando llegas a su casa presidencial y la ves rodeada por hombres con ametralladoras y porras rojas, o cuando ves por toda la ciudad carteles con la foto y la leyenda de “Padre de la Patria”. Eso es una pésima señal de la democracia de un país. Pero supo hacerle bien a los más pobres de Venezuela. En eso no ha sido superado”.

Presentada por José Manuel Blecua, el Director de la Real Academia Española de la Lengua, era también la presentación de la escritora ante una variada representación de la sociedad madrileña, con un desayuno donde compartían mesa desde presidentes de grandes empresas a parlamentarios o conocidos periodistas. Lo que ha hecho inevitable que buena parte del desayuno fuera dedicado a preguntas políticas dirigidas a la que fuera periodista o militante feminista antes que escritora, por lo que la pregunta sobre la modificación de la ley del aborto no podía faltar.

“Soy católica, por mis antecedentes polacos de niña scout, pero una mujer debe decidir sobre su cuerpo”, ha dicho, arrancando un unánime aplauso en un público con muchas mujeres destacadas profesionales, del que sólo se han quedado fuera excepciones como la diputada del Partido Popular que tenía sentada a mi lado.

Fue precisamente un libro suyo, “Las 1001 heridas de Paulina”, basado en el caso real de una niña de 13 que había sido violada, el que movilizó de tal manera a la sociedad que logró la despenalización del aborto en México DF.

“EL PETRÓLEO PARA LOS MEXICANOS”

Más cauta fue sobre la política mexicana, el otro gran tema siempre obligado. “No opino nada de Peña Nieto, puesto que apoyo desde hace 12 años al candidato de la oposición López Obrador”, dijo, pero sí manifestó un posicionamiento muy claro en temas como las privatizaciones, sobre todo del petróleo, desde hace más de medio siglo principal fuente de ingresos de México.

“Estoy en contra de la reforma del sector energético. El petróleo debe ser para los mexicanos. En 1939, Lázaro Cárdenas, el mejor presidente que ha tenido México, pasó una ley que hacía a los mexicanos dueños de su riqueza. Lo merecemos como país”.

El dinero del Premio Cervantes, según Poniatowska, lo dedicará a hacer una fundación con su nombre, para que se quede en México su enorme archivo bibliográfico y documental, entre el que se encuentra una nutrida correspondencia personal y con otros creadores.

“Aunque en Stanford me han ofrecido comprar mi archivo, no quiero que suceda como con el patrimonio de Octavio Paz o Carlos Fuentes, que, por falta de medios, se ha ido a EU”.

Es una forma más de la militancia cotidiana de una escritora tan tenaz como una de esas hormiguitas que, por más que se derrumbe el mundo a su alrededor, siguen el camino marcado por las que les preceden, y que en su caso es el de la literatura.

Y no por casualidad “es el no me olvides esa florecita azul que pide poca agua y atención, pero da mucho”, su flor preferida.

* Pepa Roma es escritora y periodista. Fue ganadora del Premio Azorín de Novela 2011 y del Premio Andalucía 1997.