Un trabajo sedentario, absorbente, sin instalaciones adecuadas y además estresante y mal pagado, todo un coctel para menoscabar la salud mental y física de las personas, ¿qué podemos hacer para (a pesar de eso), tener una buena vida?

Ciudad de México, 29 de abril (SinEmbargo).– Lo dijo la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos​ (OCDE) desde hace algunos años, México tiene los peores salarios y las jornadas laborales más largas entre los 35 países que la conforman. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), informó que los sueldos bajos provocan una fuga de cerebros de 1.2 millones de mexicanos con estudios de posgrado. La brecha de género pone a las mexicanas con un 70 por ciento menos de posibilidades de conseguir un empleo, en comparación con los hombres, según el Foro Económico Mundial. Y por si fuera poco, las condiciones y calidad de los empleos nos enferman, psicológica y físicamente, de acuerdo con expertos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ¿qué podemos hacer para, ante todo lo que hay en contra, mantener la calidad de vida?

“Abraham Maslow decía que una organización necesita que su personal esté bien en tres factores: emocional, su ambiente laboral y su salud. Si alguno de esos tres no funciona, tienes un trabajador frustrado, molesto, lo que deriva en baja productividad”, dice Ricardo Alberto Lozada Vázquez, coordinador del área de psicología organizacional de la Facultad de Psicología de la UNAM en entrevista.

“Una década atrás Gary Becker, un premio Nobel en Economía, hablaba de que las instituciones deberían de ver a las personas como un capital humano, que le tienes que invertir para que se desarrolle y que sean saludables y puedan trabajar bien en una organización y no las veas como un recurso humano que como ya no te funciona, lo despides y te traes a otro nuevo”, continúa.

LA REDUCCIÓN DE LA JORNADA

A finales de 2013, el empresario Carlos Slim Helú propuso en una conferencia de prensa que las jornadas de trabajo en México fueran de 11 horas por tres días a la semana y lo anticipadas que están las edades de retiro.

“La gente va a tener que trabajar más años, hasta que tengan 70 o 75 y sólo trabajar tres días a la semana, quizá 11 horas al día. Así tendríamos más tiempo para relajarnos, por calidad de vida, teniendo cuatro días libres será muy importante generar nuevas actividades de entretenimiento y otras formas de estar ocupado”, dijo entonces.

Casi medio año después, el diario Financial Times publicó un artículo titulado “The Carlos Slim three-day week is a great idea”, en el que el columnista Michael Skapinker explica que “mantener a empleados más grandes en el trabajo tiene sentido para las sociedades, especialmente para aquellas con un número de jóvenes a la baja. También tiene sentido para los empleados más viejos: una mezcla de trabajo y tiempo libre es lo que muchos quieren”.

“Lo primero, es darse cuenta de que gran parte del tiempo que se pasa en las oficinas se desperdicia de todos modos […] Sir Gerry Robinson, alguna vez jefe del grupo televisivo Granada dijo al Financial Times: ‘Siempre he trabajado por pocas horas. Así te aseguras de no desperdiciar el tiempo haciendo cosas que no son importantes’. Segundo, los ejecutivos de alto rango tienen que entender que la mejor manera de medir a la gente es por el trabajo que producen, no por cuánto tiempo pasan en su escritorio […] Las personas que viven más tiempo y gozan de mejor salud también están cambiando la vida laboral. La idea del Sr. Slim está en sintonía con los tiempos”, finalizó.

En esta misma sintonía, el think tank New Economics Foundation publicó un libro en el que pone los casos de Alemania, los Países Bajos y Bélgica como ejemplo de que se pueden hacer cambios en la manera de trabajar sin debilitar la economía.

“Tener muy poco tiempo para nosotros mismos puede dañar seriamente nuestra salud y bienestar, nuestra vida familiar, las amistades y las comunidades. A nadie se le debe obligar a trabajar largas y antisociales horas para llegar a fin de mes. El bajo salario y el trabajo prolongado deben abordarse al mismo tiempo”, dijo Anna Coote, una de las colaboradoras del libro a The Telegraph.

Por su parte, Lozada Vázquez, psicólogo consultado por Magazine, menciona que “una reducción de horario puede funcionar siempre y cuando la misma organización trabaje por objetivos, que las funciones que se hayan establecido o los proyectos a realizar, se cumplan en los tiempos y formas. De nada serviría reducir la cantidad horaria si la gente no va a hacer su trabajo”.

ENFERMEDAD VS CALIDAD DE VIDA

Rodolfo Nava Hernández, académico de la Facultad de Medicina (FM) de la UNAM, informó a inicios de este año que si una persona labora 11 horas al día es dos veces más propensa a padecer depresión, y si lo hace durante 55 horas a la semana, su riesgo de sufrir un infarto es 33 por ciento mayor. Esto es preocupante pues según la OCDE con datos del 2016, los mexicanos trabajan 2 mil 255 horas al año.

“La mayoría de las legislaciones en el mundo estipulan que una persona tendría que laborar 40 horas a la semana como máximo, pero la nuestra establece 48, sin contar tiempos extras, lo cual llega a generar afectaciones orgánicas, psicológicas e incluso sociales, pues el esfuerzo excesivo deteriora las relaciones familiares e interpersonales” advirtió el coordinador de Salud en el Trabajo de la FM en un comunicado.

Para el experto, uno de los aspectos más inquietantes derivados de esta sobrecarga es el estrés, pues aumenta el cortisol, hormona que incrementa los niveles de azúcar y favorece la diabetes; debilita el sistema inmunológico, causa problemas digestivos, estimula la secreción de ácido gástrico, eleva la presión arterial y puede llegar a ocasionar infertilidad, irritabilidad, palpitaciones, cansancio o dolores de cabeza permanentes, así como falta de apetito o gula y alteraciones en los ciclos del sueño.

“De hecho, los japoneses tienen una palabra, karoshi, que significa muerte por exceso de trabajo. Se calcula que dos mil 300 nipones fallecieron en 2015 por esta causa. Las leyes de ese país consideran que, si alguien perece en dichas circunstancias, el Gobierno aportará a su familia 20 mil dólares, mientras que la empresa contratante desembolsaría hasta un millón y medio de dólares de demostrarse que el deceso se debió a una desmesura ejercida contra su empleado”, comentó Nava Hernández.

En comparación, México cuenta con una de las legislaciones más atrasadas en este punto, pues no reconoce como enfermedades laborales a aquellas derivadas del estrés, pese a toda la literatura médica al respecto y a sus notorios impactos en el bienestar de los individuos, concluyó.

LA CLAVE: OBJETIVOS CLAROS

Para el psicólogo, un obstáculo más para mejorar la calidad de vida es la incapacidad de las personas para administrar sus tiempos, “lo principal es tener claros cuáles son los objetivos tanto personales como laborales porque ‘no por mucho madrugar, amanece más temprano’, el problema que tenemos la mayoría de nosotros en que no sabemos administrarnos, queremos resolver cosas muy pequeñas creyendo que con eso evitamos las cosas grandes. Lo primero que hacen al llegar a la oficina es prender la computadora y revisar su correo y su Facebook, pero no piensan lo que tienen que hacer ese día o esa semana, cuáles proyectos tiene que sacar. No es tanto que nos despertemos temprano o que nos durmamos más tarde, sino que tengamos claro cuáles son nuestros objetivos tanto personales como laborales”, dice.

Por otro lado están los adictos al trabajo o workaholics, “ya no podemos despegarnos formalmente de la oficina porque traes un celular, donde te llegan los mensajes y correos y que por más que tú dijeras ‘no quiero’, los revisas. Algo que nos cuesta distinguir es que hay tiempos de trabajo y otros que no. No hay una respuesta ideal, pero lo primordial es darle prioridad al momento que estás viviendo, que si estoy en vacaciones, puedes revisar el correo pero no agobiarte con resolverlo en ese momento.

No hay que olvidar qué es lo que cada quien quiere, se habla de psicología existencial,  que es un tema renovado pues se hablaba de inteligencia emocional, ahora hablamos de felicidad, de psicología positiva, de ver las cosas de otra forma. Todo empieza desde la persona sabiendo qué quiere”, finaliza el entrevistado.

¿LOS MILLENNIALS LA PAGAN?

La prensa, economistas e investigadores de todo tipo han señalado a la generación crecida en los años 90 como “asesina” de cientos de cosas: que si mataron los cines, las barras de jabón, la industria de las servilletas, las relaciones amorosas, los cereales, inclusive, las vacaciones.

La organización Project: Time Off  busca transformar la mentalidad de los empleadores para que el tiempo libre sea comprendido como algo esencial para el bienestar personal, éxito profesional, rendimiento laboral y expansión económica. En su estudio llamado “La moraleja del mártir del trabajo: cómo la experiencia millennial definirá la cultura vacacional de Estados Unidos” concluyen que la mayoría de la población de aquel país no usa sus vacaciones por cuatro motivos: piensan que nadie más en la empresa podrá hacer su trabajo mientras está fuera; quieren mostrar completa disposición a su empresa y empleo; no quieren que los demás piensen que son reemplazables y, se sienten culpables por usar ese tiempo libre con goce de sueldo.

Esto dio lugar a una figura llamada: el mártir del empleo. “Las presiones de la cultura del trabajo americana han puesto las condiciones ideales para el alza del mártir del trabajo. De todos los encuestados (5 mil 641 trabajadores mayores de 18 años que laboran más de 35 horas a la semana) 4 de cada 10 empleados dicen que se quieren ver como un mártir frente a su jefe, sin embargo, el 86 por ciento de ellos creen que es malo que sus familias los vean así. No es sorprendente que los empleados infelices sean más propensos a caer en esta nueva mitología