Entre 2008 y 2014, las administraciones de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto inflaron y desinflaron un sueño: reactivar la producción de refinados energéticos en México, con la construcción de una nueva refinería en Tula, Hidalgo. No generaron más desarrollo e inversión; no cumplieron con la promesa de generar más empleos en zonas productivas. En cambio, legaron un terreno baldío y miles de millones de pesos en pérdidas que beneficiaron a constructoras y desarrolladores; aunque no a los campesinos que vendieron sus tierras.

El fracaso se debió, en gran medida, a la falta de estrategia y logística adecuadas, que en lugar de basarse en criterios técnicos, se fundamentaron en criterios políticos, o bien, como dijeron especialistas en la materia a SinEmbargo, en “ocurrencias” que impidieron y empeoraron la falta de seguridad energética del país, que pone en riesgo el abasto de gasolinas.

En la actualidad, Andrés Manuel López Obrador propone modernizar el sistema nacional de refinación, que es impostergable para México. Pero también busca construir, en los primeros tres años de su gobierno, una nueva refinería en Tabasco. No obstante, los expertos consultados señalaron que ésto “no es viable” por múltiples razones.

Ciudad de México, 30 de julio (SinEmbargo).- La Refinería Bicentenario de Tula, Hidalgo, fue un “rotundo fracaso” de los sexenios de Felipe Calderón Hinojosa y Enrique Peña Nieto. Hoy, a 10 años de iniciar el proyecto, hay una barda en un lote vacío y cientos de sueños rotos. Pero la promesa de nuevas refinerías sigue en pie. El virtual Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, confía en salir avante donde los otros fallaron.

“Hay un rezago muy grande en materia de refinación aquí en México. Estamos importando, hoy en día, el 56 por ciento de las gasolinas que consumimos en el mercado interno. Este rezago se debe, principalmente, a que no se han invertido los recursos necesarios para mantener y modernizar las seis plantas con las que cuenta Petróleos Mexicanos” (Pemex), dijo a SinEmbargo el especialista en temas energéticos Arturo Carranza.

“Para abatir este rezago en el sexenio de Calderón, se planteó la posibilidad de construir un nuevo tren de refinación, con la finalidad de aumentar la producción interna y depender en menor medida de las importaciones. La propuesta de la refinería no se logró concretar por la fallida instrumentación del proyecto de nueva refinería”, comentó.

En marzo de 2008, Felipe Calderón anunció que su gobierno construiría una planta capaz de procesar 250 mil barriles diarios de combustible. El proyecto suponía un desembolso total de 12 mil millones de dólares.

Un mes después, Jesús Reyes Heroles –entonces titular de Pemex– informó que Tula sería la sede de la refinería. Por su parte, Miguel Ángel Osorio Chong –como Gobernador de Hidalgo– celebró la contratación de una deuda por 1 mil 500 millones de pesos con Banamex, que sería liquidada en un transcurso de 12 años (lo que no pasó).

Durante los seis años siguientes, el Gobierno federal invirtió 3 mil 435 millones de pesos en contratos de licitación. Aunque según la autora de Pemex RIP. Vida y Asesinato de la Principal Empresa Mexicana, la periodista Ana Lilia Pérez, el dinero erogado superó los 9 mil millones de pesos.

Para marzo de 2014, la administración de Enrique Peña Nieto anunció que se cancelaba el proyecto por no ser “rentable”; y que, en cambio, comenzaría un proceso de modernización de las refinerías existentes (entre ellas una en Tula), cuyo costo total sería de 4 mil 600 millones de dólares.

Hasta el año pasado, Pemex reconoció un desembolso de 2 mil 600 millones de dólares para modernizar la refinería Miguel Hidalgo de Tula, que ya cuenta con una torre fraccionadora de la planta de coque (que permite convertir combustóleo en gasolinas con mayor eficiencia).

El recorrido de 10 años implicó múltiples licitaciones marcadas por la opacidad y las irregularidades. Inclusive, hasta julio de 2017, Odebrecht –señalada por pagar millonarios sobornos a funcionarios de Pemex para conseguir contratos– estuvo involucrada en el proceso que, en lugar de impulsar obras públicas y generar crecimiento y desarrollo económicos a favor de miles de trabajadores mexicanos, sólo benefició a los contratistas, dejó una millonaria deuda en Hidalgo y abandonó 700 hectáreas de terreno que eran de cultivo, dijeron en entrevista los especialistas en temas energéticos, Miriam Grunstein Dickter y Arturo Carranza.

En 2009, el Gobierno de Hidalgo, entonces encabezado por el priista Miguel Ángel Osorio Chong, comenzó a firmar los acuerdos de venta de tierras en Tula. Los campesinos denunciaron presión gubernamental para desalojar sus ejidos. Foto: Manuel Salgado, Agencia Cuartoscuro.

En 2013, los sembradíos ya habían desaparecido. Y las revueltas de campesinos fueron el pan de cada día porque no hubieron mejoras; pero sí pérdida de tierras productivas y del sustento de familias enteras. Foto: Especial.

“En este país no hay políticas públicas sino ocurrencias. Felipe Calderón tuvo una ocurrencia muy mal estudiada de construir una refinería en la misma zona de Tula [en Hidalgo], en medio de una crisis financiera internacional [en 2008], financiada […] por Pemex mismo, que es una de las empresas petroleras más apalancadas”, lamentó la doctora Grunstein, socia fundadora de Brilliant Energy Consulting.

Debido a la crisis económica, “Pemex, como todas las empresas del mundo, tuvo que hacer un ajuste muy grande de su presupuesto. Y en este ajuste le dio prioridad, como la mayoría de las empresas petroleras, a la parte de exploración y producción. La parte de refinación quedó rezagada. Y si ya había un rezago muy grande, con este escenario la parte de refinación cayó en una situación realmente compleja, que al día de hoy se expresa en nuestro consumo interno de gasolinas que depende, en gran medida, de Estados Unidos”, detalló Carranza.

La opción para el Gobierno mexicano era, en cambio, comprar un “sistema con terminales de almacenamiento y distribución” –como existe en el sur de Texas– en lugar de construir una refinería nueva, señaló Grunstein. Sin embargo se optó por una mala decisión y ahora pagamos los platos rotos.

El amargo capítulo de Pemex aún es una realidad para más de 300 campesinos que vendieron sus tierras porque los gobiernos local y federal les prometieron beneficios y mejores condiciones de vida. Pero lo único que dejó el Gobierno es un terreno ocioso, con una barda perimetral de 14.7 kilómetros de longitud (que costó 121.5 millones de pesos) y dos túneles de desfogue.

Las 700 hectáreas de terreno, que abarca los municipios de Atitalaquia, Tlaxcoapan y Tula, son un manto verde que nadie puede aprovechar por tratarse de una propiedad federal. Los pobladores que vendieron se quedaron sin una fuente productiva de trabajo y “perdimos el costo de oportunidad” que se hubiera traducido en “generación de empleos y el impulso al crecimiento regional”. Esto fue lo que se “desperdició” en Tula, mencionaron los analistas.

EL SUEÑO DE AYER Y HOY

La plaza de toros de Pachuca, Hidalgo, fue testigo de la historia. Allí, el 17 de mayo de 2012 durante un mitin priista, el entonces candidato presidencial, Enrique Peña Nieto, dijo que “haremos realidad” la construcción de la Refinería Bicentenario y del aeropuerto internacional de Tizayuca. Peña lo firmó ante un notario; pero no cumplió.

Casi un año después del episodio en Pachuca, Pemex informó ante el Senado de la República que la obra de la refinería tenía un avance de 6 por ciento, lo que implicaba, además de la limpieza del terreno y la reubicación de algunas líneas eléctricas, la conclusión de la barda perimetral. Para diciembre de 2013, la Cámara de Diputados aprobó la Reforma Energética que prometió, entre otras cosas, impulsar la producción de hidrocarburos con inversión privada y extranjera.

“Con la reforma energética nos venden la idea de que las refinerías fueran construidas por particulares. La idea de nuevas refinerías siempre estuvo sustentada en el inmenso costo de oportunidad de Pemex, ya que podía inhibir la competencia en la distribución al menudeo de gasolina al convertirse en el suministrador dominante”. Sin embargo, explicó la doctora Miriam Grunstein Dickter, el proyecto no fue viable. Y en la actualidad, tampoco lo será; “ni desde el punto de vista financiero, ni de tiempos”.

“Aquí [en Hidalgo] engañaron que iban a construir una refinería en la época de Felipe Calderón y al final se canceló. No sólo eso, han dejado abandonadas las seis refinerías que se tienen, las cuales, trabajan al 30 por cierto de su capacidad por el negocio que tienen los de la mafia del poder de comprar gasolinas al extranjero”, expuso en mayo de 2018 el virtual Presidente de México, Andrés Manuel López Obrador (AMLO).

AMLO piensa modernizar las seis refinerías que tenemos en todo el territorio nacional –incluida la de Tula– para que, a mitad del sexenio, el país deje de importar gasolinas. Y también prometió que en los próximos tres años construirá una refinería grande (en Dos Bocas, Tabasco) o dos medianas (una en Atasta, en Ciudad del Carmen en Campeche; y otra en la terminal marítima de Dos Bocas).

“Vamos a reactivar de inmediato la actividad petrolera con exploración y perforación de pozos para tener petróleo […]. También vamos a tratar el tema de las seis refinerías que no están produciendo al 100 por ciento”, dijo el 7 de julio pasado. Sobre la construcción de las refinerías, aseguró que el tiempo propuesto es suficiente porque “en la India se hizo una gran refinería en tres años y costó 8 mil millones de dólares”.

Para los analistas consultados, el proyecto de López Obrador tampoco está libre de “ocurrencias”. Primero, comentaron, no tienen un plan bien estructurado. Segundo, las cifras del tabasqueño y las que menciona su virtual Secretaria de Energía, Rocío Nahle, no concuerdan del todo.

En junio de este año, Nahle dijo que la refinería de Dos Bocas costaría 6 mil millones de dólares y que, aunque ya tienen ubicados unos terrenos para iniciar su construcción, “todavía se van a analizar los costos, así como las dimensiones y la logística para saber si es un lugar estratégico o no”.

Miriam Grunstein Dickter recordó que la refinería de la India –que AMLO pone como ejemplo– “tuvo un largo proceso de planeación de más o menos un lustro [o cinco años] y se construyó en tres años sin financiamiento estatal. Sólo en planear cómo reconfigurar y darle mantenimiento a lo ya existente, se les puede ir un sexenio entero”.

Por eso, Grunstein y el especialista en temas energéticos, Arturo Carranza, advirtieron que “tomando en cuenta la experiencia nacional e internacional, es muy complicado que una refinería del tamaño que están proponiendo se pueda concluir en tres años”. No es viable hacerlo porque el proceso implica múltiples estudios y cálculos que toman años. Sólo la adquisición de terrenos y los permisos de uso de suelo, ejemplificaron, pueden comerse el tiempo.

“Si un ducto no puede pasar por territorio relativamente limitado, imagine [la complicación de] construir refinerías que vienen acompañadas de un montón de infraestructura”, dijo Grunstein. Además, la siguiente administración tendrá estrechez de presupuesto y estará “limitada en opciones”, comentó.

En 2013, la refinería Miguel Hidalgo (Tula) no había sido modificada. Hoy en día, las seis plantas existentes operan a poco más de la mitad de su capacidad y en las últimas décadas, México no ha modernizado su infraestructura de almacenamiento y distribución de petrolíferos. Foto: Francisco Villeda, Agencia Cuartoscuro.

Con la situación actual de rezago, México tiene una opción a mediano plazo: Modernizar las refinerías y ampliar el sistema nacional de refinación –sale más barato que construir una nueva refinería– que no nos daría autonomía productiva, pero nos permitiría producir “un poco más” de gasolinas, según Carranza.

Grunstein coincidió. Para la investigadora, “lo que más urge es la infraestructura logística, que son los poliductos y las terminales de almacenamiento y distribución. Porque la gasolina la podemos conseguir. Lo que está en chino conseguir es la infraestructura de almacenamiento y distribución, además de combatir al crimen organizado” (los huachicoleros), indicó.

Rocío Nahle, por su parte, ha dicho que ya tienen los 40 mil millones de pesos para modernizar las refinerías. Pero el dinero para ampliar la capacidad de refinación (6 mil millones de dólares) no lo tienen, refirió Carranza. El viernes de esta semana, AMLO dijo que “vamos a intervenir con urgencia y vamos a destinar, desde el primer año, 75 mil millones de pesos adicionales de inversión para perforar y explorar pozos petroleros”. Y recalcó que en tres años construirán la nueva refinería con una inversión inicial de 170 mil millones de pesos.

“En materia energética hemos definido cuatro proyectos estratégicos. El primero consiste en extraer petróleo con urgencia, porque se está cayendo la producción petrolera. No queremos alarmar, pero tenemos que informar con objetividad y profesionalismo. Hace 14 años la producción de petróleo era de 3.4 millones de barriles diarios, la actualidad es de 1 millón 900 mil barriles. En 14 años hemos perdido 1 millón 500 mil barriles diarios en la producción y es una tendencia a la baja”, refirió.

Para obtener esta cantidad de dinero, dijo Carranza, será necesario sacarlo ya sea del presupuesto público (lo que es improbable); endeudarse (que sería un riesgo que podría afectar de manera negativa los mercados financieros); o por medio de una asociación público-privada (que aunque es lo más viable, también es poco probable que alcance, salvo sea, a largo plazo y de manera transexenal).

Ulterior a cualquier inversión, recalcó Grunstein, saber si este tipo de medidas (modernizar y/o construir una nueva refinería) tendrá un impacto positivo en el precio de las gasolinas, “no es posible, ya que la gasolina se rige por el precio de los mercados internacionales”. Además, mencionaron los especialistas, instrumentar proyectos tan amplios, aquí y en el resto del mundo, siempre genera sobre-costos.

LOS RETOS Y LA LECCIÓN DEL PASADO

“El mayor impacto es que cada vez estamos dependiendo más del abasto de las importaciones […]. No hemos consolidado la seguridad energética, precisamente por haber instrumentado mal el proyecto de la construcción de una refinería [como la de Tula], y eso tiene implicaciones muy grandes”, entre ellas, poner en riesgo el abasto de las gasolinas, concordaron los analistas en materia energética.

El problema de la Refinería Bicentenario tuvo que ver con que “se seleccionó a Tula con criterios políticos y no con criterios técnicos”, mencionaron Grunstein y Carranza.

“Nunca hubo una racionalidad” en el proyecto. Construir una refinería en el centro del país no sólo hubiera sido nocivo en términos socio-ambientales, sino que también hubiera sido contraproducente en términos de costos monetarios (por temas de distribución, desahogo de residuos y obtención de materias primas, por ejemplo).

“Una refinería debe estar cerca de un puerto para poder transportar el crudo, para poderlo procesar y poder sacar los deshechos de manera que no te cuesten tanto. Debe estar cerca de un centro de consumo; debe estar cerca del mar, porque así las plantas trabajan con mejores rendimientos”, dijo Carranza.

Veracruz, por ejemplo, hubiera sido una muy buena opción. Pero como los Reyes Heroles eran veracruzanos –Jesús padre y Jesús hijo fueron directores de Pemex en los periodos 1964-1970 y 2006-2009, respectivamente– hubo diferentes actores que se opusieron a la idea “porque podía verse mal”, contó Grunstein acerca del secreto a voces. Y “si ese es fundamento de las decisiones de políticas públicas en este país, pues estamos perdidos”.

AMLO parece entender esta dinámica y propone puntos estratégicos para la construcción de las nuevas refinerías. Sin embargo, las historia nacional nos recuerda que la vida está llena de contratiempos. Crisis económicas (como las de 2008 y 2016 que hundieron los proyectos modernizadores de Pemex); fallas en las estrategias que generan sobre-costos; logísticas que escapan a la capacidad de cualquier programa; la falta de transparencia y los casos de corrupción que manchan más que el petróleo, entre otros, serán los retos del próximo gobierno.

En la opinión de Arturo Carranza, los primeros obstáculos que la administración de Andrés Manuel López Obrador deberá superar son la falta de transparencia y la eficiencia en todo el trayecto de modernización.

Durante el proceso de construcción de la Refinería Bicentenario en Tula (2008-2014) y la modernización de la planta existente (2014-presente), los principales problemas fueron aquellos relacionados con la corrupción y el conflicto de interés, a los que se suman los contratiempos que implican mayores costos.

Para reubicar las líneas de transmisión eléctrica de la nueva refinería en Tula, por ejemplo, Pemex contrató a la empresa española Isolux Corsán, misma que fue inhabilitada en México por tres meses en 2006, por proporcionar información falsa cuando trabajó con la Comisión Federal de Electricidad (CFE). Al final, aplazó su contrato por tres meses más de lo estipulado en un inicio. Y los 156 millones que le pagarían, se convirtieron en 180.1 millones, refieren datos de la periodista Ana Lilia Pérez.

Lo mismo sucedió con la empresa I.I.I Servicios, cuyo director fue deshabitado por 12 años en 2013, por irregularidades en la construcción de la Estela de Luz de la Ciudad de México. Dicha empresa fue contratada para limpiar el área entre mayo de 2012 y enero de 2013. Sin embargo se atrasó en el cumplimiento del contrato y sus labores fueron extendidas por tres meses más, tiempo en que los 35.2 millones que le iban a pagar, se convirtieron en 54.4 millones de pesos.

Odebrecht, por otro lado, debía reconfigurar la refinería Miguel Hidalgo en Tula. Sin embargo, cuando en 2014 fue señalada por sobornar a funcionarios públicos en América Latina, el gigante corporativo comenzó a tropezar. México tardó en poner atención al caso, y en 2017, estalló una bomba. Ese año, fue señalada de sobornar, entre 2012 y 2016, al entonces director de Pemex Emilio Lozoya Austin, con 10 millones de dólares para obtener los contratos de modernización de las refinerías.

En total, Odebrecht se embolsó 6 mil millones de pesos a través de una decena de contratos, de acuerdo con una investigación del diario Reforma. Por su parte, la Auditoría Superior de la Federación informó que Pemex le pagó a la compañía brasileña 61 por ciento más de lo acordado (2 mil 315 millones, en lugar de 1 mil 436 millones de pesos) para realizar distintas obras del proyecto de aprovechamiento de aguas residuales en la refinería Miguel Hidalgo.

Aunado a las irregularidades, los retardos de empresas como Martínez Aguilar Construcciones S.A. de C.V., Automatizaciones y Proyectos de Ingeniería S.A. de C.V., Bechtel, Jacobs Nederland, Axens, UOP LLC, Technip, Emerson Process, e inclusive la CFE, generaron costos extra que implicaron inversiones para un proyecto que nunca despegó.

Hoy, a 10 años del anuncio de la emblemática obra del Gobierno de Felipe Calderón, las únicas obras construidas son la barda perimetral, dos túneles de desfogue, así como la reubicación de algunas líneas de alta tensión y de dos basureros.