En el caso de México, la particularidad de nuestra población vulnerable no está en la edad, como en Italia, está en las enfermedades crónicas que nos ha generado. Foto: Galo Cañas, Cuartoscuro.

Los datos internacionales y nacionales muestran que la población de mayor riesgo a ser afectada gravemente por el COVID-19 son las personas de la tercera edad y las que sufren enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, cáncer, entre otras, además de aquellas que presentan obesidad.

En Italia, un reporte reciente indica que el 99 por ciento de las muertes por el coronavirus fueron de personas que sufrían enfermedades crónicas. Solamente el 0.8 por ciento de las personas que murieron no tenían patologías previas. 75 por ciento sufría hipertensión, 35 por ciento diabetes y una tercera parte, enfermedades cardiacas. El dato principal es que la edad promedio de estas personas era 79.5 años. Se ha informado que la tasa de mortalidad en Italia es la más alta, de 8 por ciento del total de las personas que se les ha detectado infección

No queda duda de que las características de las poblaciones marcan la vulnerabilidad frente al Covid-19. Los datos sobre mortalidad en relación a los declarados como infectados no son certeros porque las pruebas se están realizando principalmente a las personas que presentan síntomas. Por eso, hay estimaciones en Italia de que los contagiados son muchos más que los que han recibido pruebas y que la mortalidad sería de alrededor del 2 por ciento. El argumento anterior podría ser aplicado a varios países, ya que las pruebas se practican entre los que presentan alguna afección o están en mayor riesgo. Es decir, los infectados sin síntomas podrían ser mucho más y, por lo tanto, la mortalidad, sobre el total de infectados, bastante menor.

En el caso de México, la particularidad de nuestra población vulnerable no está en la edad, como en Italia, está en las enfermedades crónicas que nos ha generado, principalmente, el deterioro de nuestra alimentación. En todos los casos en que las personas han fallecido por Covid-19 en México se registra que habían padecido diabetes, hipertensión, obesidad o enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), o una combinación de dos o tres de estos padecimientos.

Todas estas enfermedades provocan un debilitamiento del sistema inmunológico que pierde la capacidad de enfrentar el Covid-19. En el pasado, gran parte de estas enfermedades se presentaban entre la segunda y la tercera edad. Sin embargo, ahora se presentan a edades más tempranas convirtiéndose en epidemias, como la diabetes tipo 2, causada, principalmente, por el cambio en la dieta.

El sistema inmunológico de los mexicanos, en general, se encuentra muy debilitado por lo que comemos y bebemos. La dieta juega un papel fundamental en la inflamación crónica. La invasión de alimentos ultraprocesados basados en harinas refinadas, azúcares, grasas saturadas, provoca una reacción de defensa de nuestro sistema inmunológico que genera inflamación. Esta dieta pobre en frutas, vegetales y granos enteros no aporta antioxidantes al organismo, todo lo contrario.

El consumo de alimentos ultraprocesados y bebidas endulzadas conforma una dieta proinflamatoria y esta inflamación permanente provoca un debilitamiento del sistema inmunológico, por desgaste. La dieta basada en vegetales y frutas es, al contrario, una dieta antiinflamatoria. Una gran variedad de fitoquìmicos, vitaminas y minerales que contienen los vegetales cumplen funciones protectoras específicas frente a enfermedades. La desgracia nos viene porque somos líder en consumo de estos productos ultraprocesados, alimentos y bebidas no saludables, en América Latina, y el cuarto lugar en el mundo.

La propia inflamación que produce el consumo de estos alimentos elaborados con harinas refinadas, con azúcares añadidos, con grasas saturadas, con altas cantidades de sodio, es reconocida como un factor clave en la patología de las enfermedades cardiovasculares, la diabetes tipo 2, el cáncer, el síndrome metabólico, el Alzheimer y la obesidad.

Se ha venido trabajando un índice para establecer el grado inflamatorio de las diferentes dietas. Sin duda alguna, en México, con la invasión de la comida chatarra y los refrescos, nos encontramos con una dieta de un alto grado inflamatorio. Si consideramos que la inflamación es una reacción del organismo frente a una agresión, ya sea por un daño como un golpe o un corte en la piel o por una infección provocada por una bacteria o un virus, la inflamación debe verse como una alerta.

La inflamación puede evaluarse a través de la presencia de proteínas llamadas citosinas que pueden ser proinflamatorias o antiinflamatorias. A través de estas pruebas puede observarse que con una dieta alta en vegetales y frutas los marcadores de inflamación son bajos y lo contrario ocurre con una dieta rica en harinas refinadas, azucares, grasas saturadas, sodio, es decir, con la comida ultraprocesada, los marcadores inflamatorios son altos.

La vulnerabilidad de los mexicanos frente al Covid-19 es alta por nuestro debilitado sistema inmunológico afectado, en esencia, por una dieta proinflamatoria que lo desgasta.

Los efectos que tiene en el organismo alimentarnos con productos que han sido profundamente alterados, modificados, compuestos con una gran cantidad de ingredientes sintéticos, se presentan en diversos mecanismos de nuestro cuerpo, desde el metabólico hasta el inmunológico. Y no sólo se trata del daño que generan estos productos, se trata también de la sustitución y desplazamientos que hacen de alimentos verdaderos que nos traerían grandes beneficios a nuestra salud, a nuestro sistema inmunológico. Por lo tanto, el consumo de los productos ultraprocesados ha desplazado el consumo de verduras, frutas y granos enteros que nos brindan lo contrario: salud metabólica y un sano sistema inmune.

Hace más de 30 años, el Doctor Adolfo Chávez, decano de la nutrición, había advertido lo que ahora estamos viviendo: una epidemia de obesidad que ha desatado otra epidemia de diabetes. Advirtió, desde entonces, lo que el cambio de la dieta provocaría, refiriéndose a esta nueva dieta como “la comida de la televisión”, es decir, todo los alimentos y bebidas que se anunciaban y se promovían a través de la televisión. Práctica que continua por generaciones.

Durante años, en los que se ha querido impulsar políticas para bajar el consumo de estos productos, para recuperar una dieta saludable, las corporaciones que los producen, los publicitan y los comercializan, han repetido una y otra vez que “no hay alimentos buenos y malos”. Los efectos de las dietas conformadas por estos alimentos en el sistema metabólico y en el inmunológico son claros para distinguirlos de los alimentos saludables. El Covid-19 evidencia la vulnerabilidad y estado de salud debilitado que genera la dieta dominada por los ultraprocesados.

Ignorar el daño que ha generado esta alimentación con más de 200 mil muertes anuales ligadas a la obesidad y 40 mil asociadas al consumo de bebidas azucaradas, así como la alta vulnerabilidad que esto genera frente al Covid-19, ha sido práctica permanente de las grandes corporaciones y asociaciones como Concamin, el CCE y Canacintra.

Funcionarios que en el pasado se opusieron a las políticas dirigidas a reducir el consumo de estos productos, sirviendo a los intereses económicos y provocando estos daños en la salud de la población, hoy en día reclaman la falta de políticas efectivas contra el Covid-19, es el caso de ex secretarios de salud como Salomón Chertorivsky o el doctor José Narro. Ambos se negaron a avanzar en las políticas recomendadas por la OMS y le dieron el respaldo al etiquetado en los productos establecido en contubernio con la industria. No hicieron nada por sacar estos productos de las escuelas, ni por regular su publicidad a los niños.

Hay que reconocer el importante paso dado con la publicación de la norma del nuevo etiquetado frontal de advertencia. Es un gran paso, pero llega con muchos, muchos años de retraso, por culpa de las administraciones anteriores.

Ahora, nos enfrentamos a una desgracia anunciada, una pandemia que llega a nuestro país a retroalimentarse de otras epidemias, las de obesidad y diabetes, que se llevan cada año cientos de miles de vidas. El resultado lo veremos.

Recomendaciones:
The Effect of Diet on Inflamation. Journal of the American College of Cardiology. 2006, Vol.48, No 4.
The role of Food Processing in the Inflamatory Potential of Diet During Pregnancy. Rev. Saude Publica. 2019;53:113