Ciudad de México/Nueva York, 13 de marzo (SinEmbargo).– Donald Trump sueña desde hace tiempo con romper las redes de libre comercio del mundo e imponer aranceles porque, piensa, Estados Unidos simplemente puede cobrar por ellos. En muchos sentidos, eso se ha logrado. Pero no ha sido de la menor manera y tampoco en beneficio de su país, que ahora enfrenta una guerra en Irán –que piensa financiar con cerca de dos mil millones de dólares al día– que rompió una de las vías de comercio internacional más poderosas del mundo: el Estrecho de Ormuz.
John Cassidy cuenta en la revista The New Yorker que la última vez que Donald Trump estuvo a punto de provocar una catástrofe económica similar fue durante el llamado “Día de la Liberación”, hace casi un año, desde el Jardín de las Rosas, en la Casa Blanca. Anunció aranceles punitivos a decenas de socios comerciales de Estados Unidos.
“Los mercados financieros, incluido el mercado de bonos estadounidense, que constituye el núcleo del sistema financiero global, se desplomaron rápidamente. Afortunadamente para Trump, dos de sus principales asesores económicos —el Secretario del Tesoro, Scott Bessent, y el Secretario de Comercio, Howard Lutnick— lograron persuadirlo para que diera marcha atrás y suspendiera los aranceles antes de que las grietas en el mercado de bonos se convirtieran en una crisis total”, recuerda.
Posteriormente, muchos de los aranceles fueron modificados. Así nació la leyenda de “TACO” (“Trump Always Chickens Out” o “Trump siempre se acobarda”. Robert Armstrong, periodista del Financial Times, acuñó la frase.

“En Wall Street, TACO aún cuenta con muchos seguidores, y con razón. Trump sigue obsesionado con los mercados. Y con las elecciones de mitad de mandato a la vuelta de la esquina, lo último de lo que él y otros republicanos quieren hablar es del aumento del precio de la gasolina. Pero resulta que llevar a cabo un acuerdo de paz en tiempos de guerra es considerablemente más difícil que hacerlo en tiempos de paz. La decisión de cesar las hostilidades no recae únicamente en Trump; Israel e Irán también tienen voz y voto. La posible pérdida de prestigio es mucho mayor: al menos siete militares estadounidenses han muerto en la Operación Furia Épica, mientras que más de cien han resultado heridos”, dice Cassidy.
Su texto se llama: “La imperdonable falta de preparación de Trump ante la crisis petrolera iraní”. El sumario: “Durante el primer mandato del Presidente, Irán demostró qué tácticas utilizaría en una confrontación con Estados Unidos. Sin embargo, la administración parece no tener un plan de acción”.
Trump parece ir brincando de idea en idea. Cuando se rompió el Estrecho de Ormuz dijo que iba a vender “seguros” para los barcos en el Golfo, una forma de aliviar la crisis de suministro de petróleo provocada por la guerra. “Está resultando más fácil de decir que de hacer”, dice hoy The Wall Street Journal, un diario especializado en finanzas.
Y en efecto: el esfuerzo se diseñó para ayudar a “garantizar el libre flujo de energía al mundo”, según declaró Trump en una publicación en redes sociales la semana pasada. Y Estados Unidos proporcionaría, a un precio muy razonable, un seguro contra riesgos políticos para todos los envíos, respaldado, de ser necesario, por escoltas de la Armada estadounidense.
Pero nada de eso funcionó. Simplemente abandonó la idea. El comercio está roto pero eso “no hace grande a Estados Unidos”. Todo lo contrario.
.@POTUS on releasing oil from the strategic reserves: "We're going to be doing it very quickly — and then we'll fill it up." https://t.co/yOopoIrhk0 pic.twitter.com/iROVvEpztu
— Rapid Response 47 (@RapidResponse47) March 12, 2026
Romper todo en pedazos
Peter S. Goodman, quien cubrió las interrupciones en la cadena de suministro provocadas por la pandemia y ha escrito sobre comercio global durante 25 años, cuenta en el diario The New York Times que a miles de kilómetros de los ataques en Oriente Medio, en la sede de su empresa en Toronto, “Amar Zaidi se enfrentó a lo que normalmente es una tarea logística sencilla. Necesitaba enviar tela desde una fábrica en Estambul a un cliente en Shanghái”.
Pero la ruta habitual implicaba pasar por Omán a través del Canal de Suez. “Un camino que de repente se había vuelto peligroso. El precio de reservar un buque portacontenedores se había disparado. La empresa de Zaidi, Rebus International, fabrica hilo y textiles, y suministra materia prima a marcas internacionales de ropa como Calvin Klein y Hugo Boss. Antes de la guerra en el Golfo Pérsico, transportar un contenedor de Turquía a China costaba unos dos mil dólares, según comentó. Cuando intentó reservar el viaje esta semana, las compañías navieras le exigieron recargos que multiplicaron el precio hasta los 10 mil dólares”.
Pero las consecuencias de la paralización del comercio en gran parte de Oriente Medio son mucho más amplias y cada vez más evidentes en sectores más allá de la energía, plantea Goodman. “Desde materias primas industriales hasta frutas tropicales, los productos necesarios en un lugar se quedan atascados en otro. Cuanto más se prolonguen las hostilidades, mayor será la conmoción para los consumidores y las empresas de toda la economía global. Las repercusiones equivalen a una refutación de la idea de que la globalización es cosa del pasado, una afirmación popularizada por movimientos nacionalistas en varios continentes”.
El Presidente Trump, dice el periodista de The New York Times, ha impulsado una guerra comercial con el pretexto de forzar el regreso de la producción industrial a Estados Unidos. “China e India han buscado la autosuficiencia. Sin embargo, la guerra en Oriente Medio ha puesto de manifiesto la persistente realidad de la integración económica global. Las cadenas de suministro no sólo permanecen intactas, sino que se expanden, lo que aumenta los riesgos cuando se interrumpe el flujo de mercancías”.
A otra cosa
Susan B. Glasser, una crítica analista de The New Yorker plantea una realidad: Trump parece estar perdiendo el interés en la guerra de Irán, después de causar un desastre global. El jueves por la mañana, cuando los precios del petróleo se dispararon por encima de los cien dólares por barril y el nuevo Líder Supremo, que es hijo del anterior Líder Supremo, amenazó a Estados Unidos, “Trump publicó que los altos precios del petróleo en realidad eran buenos para Estados Unidos, ya que es el mayor productor del mundo, y prometió seguir adelante con una guerra destinada a ‘detener un Imperio malvado’”.
“La relativa reticencia del Presidente sobre la acción militar más trascendental que jamás haya ordenado es un hecho observable, y no, como aparentemente lo fue su decisión de iniciar el conflicto, basada únicamente en un ‘instinto’. El Washington Post descubrió que menos del veinte por ciento de las más de doscientas veinte publicaciones de Trump en los primeros nueve días de la guerra estaban relacionadas con el conflicto, y, al revisar las publicaciones de esta semana, encontré que incluso menos —sólo siete de sus cincuenta y tres publicaciones desde el lunes por la mañana, o sea, el trece por ciento— trataban sobre la guerra”, dice Glasser.
La cifra asciende a once si se cuenta una sobre la participación del equipo masculino de fútbol iraní en la Copa del Mundo y otras tres que exigen asilo en Australia para la selección nacional femenina de fútbol iraní, agrega. “Y en apariciones de estilo campaña esta semana, incluida una en un mitin en Hebron, Kentucky, el miércoles, Trump se mostró igualmente desenfocado en la guerra, aunque explicó, entre disertaciones sobre los males de los molinos de viento que matan águilas calvas y lo complicado que es bajar las escaleras del Air Force One, que él personalmente eligió el nombre Operación Furia Épica después de que se le presentara una larga lista de opciones para nombrar el conflicto, la mayoría de las cuales eran tan aburridas que se estaba ‘quedando dormido’ al escucharlas”.
UNDEFEATED. pic.twitter.com/Jt69bcag5y
— The White House (@WhiteHouse) March 12, 2026
“Existen varias explicaciones posibles: quizás Trump ya esté cansado de la guerra y le resulten más interesantes las entrevistas de hace semanas de la gira de presentación del libro del Gobernador demócrata de California. O tal vez le preocupe que, tras años prometiendo evitar las estúpidas e innecesarias intervenciones de líderes estadounidenses anteriores en Oriente Medio, el conflicto con Irán simplemente no sea popular entre sus seguidores más acérrimos. También es posible que a Trump le preocupe cómo va la guerra y no quiera llamar la atención sobre el aumento vertiginoso de los precios de la gasolina, la caída de la bolsa y la caótica situación geopolítica que el conflicto ha desatado hasta ahora. O quizás simplemente piense que quienes siguen sus publicaciones en redes sociales preferirían ver memes de líderes demócratas del Congreso disfrazados de diablos rojos, como el que publicó el lunes por la mañana. La respuesta, por supuesto, podría ser una combinación de todas las anteriores”, señala Susan B. Glasser, en The New Yorker.
Glasser fue editora jefa de varias publicaciones de Washington: Politico, Foreign Policy, The Washington Post. También supervisó la cobertura del juicio político a Bill Clinton, trabajó como reportera cubriendo la intersección entre dinero y política, fue codirectora de la corresponsalía del Post en Moscú durante cuatro años y cubrió las guerras de Irak y Afganistán.
Mientras tanto, agrega la prestigiada autora, “la cuenta oficial de la Casa Blanca en redes sociales ha comenzado a publicar imágenes de la Operación Furia Épica como si fuera un videojuego. En un video del miércoles por la noche, se intercalaban imágenes de misiles impactando objetivos con imágenes de archivo de un hombre haciendo un pleno en los bolos; la siguiente toma muestra bolos animados que representan a ‘funcionarios del régimen iraní’ siendo derribados por una bola de bolos estadounidense roja, blanca y azul. Otro video, publicado el jueves, convierte aún más explícitamente la guerra en un juego, guerra que hasta el momento ha cobrado la vida de siete militares estadounidenses y más de mil iraníes. En este también hay bolos, pero además tiro con arco, béisbol, baloncesto, boxeo, golf y tenis. Así es como la principal superpotencia mundial celebra su poder destructivo”.



