Trump quiere negocios en Cuba desde 1990, sea “comunista” o no. Ahora quiere... todo

29/03/2026 - 8:00 pm

Trump quiere “tomar Cuba”, un país en donde ha buscado desde los años 90 del siglo pasado hacer negocios, como revelan investigaciones sobre viajes e inversiones fallidas.

Ciudad de México, 29 de marzo (SinEmbargo).– Donald Trump ha hablado en los últimos días del “honor” que sería “tomar Cuba” y “hacer lo que quiera” con la isla, que durante décadas fue un refugio de estadounidenses para el juego y las operaciones ilícitas, hasta la Revolución castrista de 1959, que derrocó al dictador Fulgencio Batista. Lo cierto es que el actual Presidente estadounidense ha buscado, desde finales del siglo pasado, hacer negocios en este país del Caribe, al cual ha sofocado con el endurecimiento del embargo que impuso Estados Unidos (EU) desde febrero de 1962, con John F. Kennedy.

Trump, de hecho, ha violado este embargo en el pasado. En 2016, la revista Newsweek dio a conocer que como promotor inmobiliario envió un equipo de consultores a Cuba para explorar nuevas oportunidades de negocio, para lo cual sufragó los gastos de los consultores, que trabajaban para la empresa Seven Arrows Investment and Development Corporation, con una factura que ascendió a 68 mil 551.88 dólares.

Esta semana, el sitio independiente Drop Site dio a conocer que, de acuerdo con los registros del Gobierno cubano, Trump registró hace tiempo la marca Trump Hotel Havana, y que un nuevo acuerdo con el Gobierno de La Habana allanaría el camino para tal desarrollo.

Ahogada, Cuba ofrece apertura. Y desde EU se registró una marca: “Trump Hotel Havana”
Dos mujeres circulando en una motocicleta por el parque Maceo, en La Habana, Cuba. Foto: Xinhua

Los datos que ha publicado la prensa estadounidense sobre el interés de Trump en el país caribeño se remontan, por lo menos, a 1998.

El reportaje de Newsweek, escrito por Kurt Eichenwald, revela que una empresa controlada por Donald Trump realizó negocios en Cuba a finales de los años noventa, pese a que el embargo estadounidense lo prohibía. La investigación se basa en entrevistas con exejecutivos, documentos internos y registros legales que indican que la compañía exploró oportunidades comerciales en la isla durante el gobierno de Fidel Castro.

Según la investigación, ejecutivos de Trump viajaron a La Habana en 1998 a través de una firma consultora, con el objetivo de evaluar posibles inversiones, especialmente en el sector hotelero. La empresa habría gastado al menos 68 mil dólares en ese viaje, lo cual era ilegal bajo la legislación estadounidense vigente, que prohibía incluso gastos indirectos en Cuba sin autorización.

El reportaje señala que, para sortear las restricciones, los involucrados consideraron disfrazar el viaje como una misión humanitaria. Esta estrategia buscaba encubrir el verdadero propósito comercial de la visita, lo que sugiere una intención deliberada de evadir las leyes del embargo.

El caso generó controversia política en Estados Unidos, especialmente entre legisladores cubano-estadounidenses en Florida, quienes tradicionalmente respaldan una línea dura contra el Gobierno cubano. La revelación puso en duda la coherencia de Trump en política exterior y su credibilidad ante ese electorado clave.

En su defensa, Trump argumentó que, si bien Trump Hotels and Casino Resorts había pagado el viaje exploratorio, no había hecho nada malo porque finalmente no invirtió en Cuba. De hecho, para la fecha de la publicación, el plazo de prescripción para la incursión de Trump en Cuba ya había expirado, con lo que evitó la posibilidad de un procesamiento penal.

Aunque las posibles violaciones al embargo ya no podían ser procesadas por haber prescrito, el reportaje subrayó sus implicaciones éticas y políticas. Más que consecuencias legales, el escándalo expuso tensiones entre los intereses empresariales de Trump y sus posturas públicas, alimentando el debate sobre conflictos de interés y transparencia en su trayectoria.

Cuando Trump evaluó inversiones en la isla, ya era un personaje reconocido en Estados Unidos, recuerda Jon Lee Anderson en un artículo de octubre de 2016 publicado en The New Yorker, al dar cuenta de cómo, una década antes, se publicó su autobiografía, escrita por un autor fantasma: El arte de la negociación. En ese mismo texto, Anderson —quien se mudó a la isla entre 1992 y 1995, con su esposa y sus tres hijos— expuso cómo Trump no solo violó el embargo, “sino que también adoptó posturas ostentosamente hipócritas al respecto”.

En noviembre de 1999, escribe Jon Lee Anderson en The New Yorker, menos de un año después de enviar consultores a Cuba, Trump coqueteó con la idea de lanzar su primera candidatura presidencial como candidato del Partido Reformista, en un evento organizado por la Fundación Nacional Cubanoamericana, una organización anticastrista, en Miami.

Ahogada, Cuba ofrece apertura. Y desde EU se registró una marca: “Trump Hotel Havana”
Turistas extranjeros permanecen en la entrada de un restaurante, en La Habana, capital de Cuba. Foto: Xinhua

“Trump juró ante su audiencia que jamás haría negocios en Cuba hasta que Fidel Castro, a quien llamó ‘un asesino’ y ‘un tipo malo en todos los sentidos’, estuviera muerto y fuera del país. Añadió que creía que el embargo era algo bueno porque el dinero gastado en la isla iba a parar a Castro, no al pueblo cubano. Trump recibió grandes aplausos por sus expresiones de solidaridad con los cubanoamericanos e incluso bromeó diciendo que supervisaría su victoria sobre el comunismo como ‘el mayor promotor inmobiliario del país o el mejor presidente que hayan tenido en mucho tiempo’”, refirió Anderson.

Y, en efecto, durante su campaña presidencial de 2016, Trump cambió de postura respecto a Cuba. En las primarias de 2015 afirmó apoyar los esfuerzos del Gobierno para restablecer las relaciones con la isla y luego, en un mitin en Miami, declaró que Obama debería haber conseguido mejores condiciones en las negociaciones con Cuba y que, “a menos que el régimen de Castro cumpla con nuestras demandas”, revocaría las órdenes ejecutivas de Obama.

Entre sus demandas, ahondó Jon Lee Anderson, Trump mencionó “libertad religiosa y política para el pueblo cubano y la liberación de los presos políticos”. “Este cambio de postura pasó prácticamente desapercibido en su momento debido a otra declaración que Trump hizo en ese mismo mitin: que los guardaespaldas de Hillary Clinton debían desarmarse ‘para ver qué sucede’”, apuntó el reconocido periodista estadounidense.

De hecho, no se trató de la única vez que tanteó el terreno en Cuba con la intención de hacer negocios.

Una investigación de Bloomberg Businessweek de julio de 2016 reveló cómo ejecutivos y asesores de la Organización Trump viajaron a La Habana a finales de 2012 y principios de 2013 para explorar posibles emplazamientos e inversiones, según dos personas familiarizadas con las conversaciones mantenidas en Cuba y que hablaron bajo condición de anonimato.

Entre los visitantes más importantes de la compañía a Cuba se encontraban Larry Glick, vicepresidente ejecutivo de desarrollo estratégico de Trump, responsable del golf, y Edward Russo, consultor ambiental de Trump para el golf. En viajes posteriores se les unieron Jason Greenblatt, director jurídico de la Organización Trump, y Ron Lieberman, otro ejecutivo de Trump relacionado con el golf.

La revista estadounidense reseñó entonces cómo estos ejecutivos de la Organización Trump tenían la tarea de viajar por todo el mundo para identificar oportunidades relacionadas con el golf. “La compañía opera 18 campos de golf en cuatro países, incluidos Escocia y los Emiratos Árabes Unidos. Le gustaría añadir Cuba”, escribieron los periodistas Jesse Drucker y Stephen Wicary.

En marzo de 2016, Trump fue cuestionado por CNN sobre si estaría interesado en abrir un hotel en Cuba. Donald Trump respondió: “Lo haría, lo haría, en el momento oportuno, cuando nos lo permitan. Ahora mismo, no”. El 26 de julio declaró a la filial de CBS en Miami, WFOR-TV, que “Cuba sería una buena oportunidad, [pero] creo que no es el momento adecuado”.

Edward Russo, consultor ambiental de Trump para el golf, confirmó haber viajado a Cuba aproximadamente una docena de veces desde 2011, pero aseguró que estos viajes no se realizaron en nombre de la Organización Trump, sino para “observar aves” y “explorar algunos hábitats”, actividades que podrían estar exentas de la prohibición de viajar.

Cuba atraviesa lo que todos los expertos coinciden en señalar como su peor crisis desde la Revolución encabezada por Fidel Castro en 1959.
Imagen del 30 de enero de 2026 de vehículos esperando en fila por combustible en una gasolinera, en La Habana, capital de Cuba. Foto: Joaquín Hernández, Xinhua

A pesar de afirmar que sus viajes con ejecutivos de Trump no guardaban relación con la Organización Trump, Russo remitió las preguntas sobre dichos viajes a Eric Trump, hijo de Donald Trump. “En los últimos 12 meses, muchos competidores importantes han buscado oportunidades en Cuba”, declaró Trump en un comunicado enviado por correo electrónico. “Si bien no estamos seguros de si Cuba representa una oportunidad para nosotros, es importante que comprendamos la dinámica de los mercados que nuestros competidores están explorando”.

Antonio Zamora, un conocido abogado cubanoamericano que afirma haber asesorado a la Organización Trump sobre Cuba durante aproximadamente una década y que participó en la invasión de Bahía de Cochinos en 1961, afirmó que él y Russo visitaron durante varios años un posible emplazamiento para un campo de golf al este de La Habana, en una zona llamada Bello Monte.

Ahora Trump, ya en su segundo mandato, habla de “tomar Cuba”, de “liberarla o tomarla” y de “hacer lo que quiera con ella”, pues ha reconocido que “es una nación muy debilitada”.

Durante los últimos tres meses, Estados Unidos ha estrangulado el acceso de Cuba al petróleo extranjero, bloqueando los envíos procedentes de Venezuela y otros países. Esto ha provocado frecuentes apagones, incluido el apagón generalizado del lunes, y los hospitales han tenido que posponer algunas intervenciones, agravando una crisis humanitaria.

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Obed Rosas

Obed Rosas

Obed Rosas es editor de la Unidad de Investigación y encargado de la sección de Libros de SinEmbargo, en donde también se ha desempeñado como Jefe de Mesa y Editor de Redes. Es Co-conductor de Poderos@s junto con Muna Dora, y de Siete Días, junto a Álvaro Delgado, programas de SinEmbargo Al Aire. Ha trabajado en otros medios como Expansión, Newsweek en Español y Revista Zócalo. Es licenciado en Comunicación y Periodismo por la FES Aragón de la UNAM y estudió, además, Lengua y Literatura Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la misma casa de estudios.

Lo dice el reportero