El Oasis de la Insignificancia
Óscar de la Borbolla
Voltaire contra la guerra de Trump
28/04/2026 - 12:04 am
"La clave del error está en creer que la guerra es necesaria, o es la única opción cuando un país vecino prospera".
A Emmanuel Macron, como un recordatorio
No acostumbro referirme en este espacio a asuntos coyunturales del acontecer noticioso; más bien, como lo indica el nombre de la columna: "Oasis de la Insignificancia", mi propósito es producir un remanso en medio del tráfago informativo, para tener la ocasión de reflexionar sobre diferentes asuntos que preocupan en nuestro tiempo y no tanto en el día. Hoy, pese al título, no haré una excepción, pues aunque comparto el generalizado repudio que provoca la guerra en Medio Oriente, y me parece una verdadera tragedia lo que está ocurriendo desde hace tres meses en esa zona, abordaré este trágico tema desde un ángulo que me permita, como siempre, insistir en uno de los beneficios de pensar y de leer, pues posiblemente si se leyera más y se pensara más, se evitarían guerras execrables como esta.
En primer lugar, quiero asentar que no soy tan ingenuo como para creer lo que declaró el Presidente estadounidense para justificar su ataque contra Irán (un país con el que, por cierto, estaba celebrando negociaciones diplomáticas tendientes a impedir el uso de la tecnología nuclear con fines bélicos). Sin embargo, vale la pena detenerse en esa "justificación", pues fue, nos guste o no, la declaración oficial y, se supone, que eso tiene importancia. Dijo, palabras más palabras menos, que era necesario atacar a Irán para impedir que desarrollara un arsenal con el que pudiera atacar a los Estados Unidos. O sea, que sin ningún hecho comprobado, sino por la mera presunción de que en un futuro Irán pudiera poner en peligro la seguridad nacional, había tomado la decisión de adelantarse.
Esta declaración, por supuesto, fue criticada desde innumerables puntos de vista; pero, dada una cierta pauta en el proceder de Trump, fue tachada, en muchos casos, como una ocurrencia irracional. A mí, no obstante, me gustaría tomarla en serio, pues si se conociera más ampliamente la historia del pensamiento, y se leyera más y se pensara más, estoy seguro de que semejante "justificación" no habría podido ser siquiera planteada. Para mostrarlo, transcribiré unos párrafos memorables de un filosofo del Siglo XVIII: François-Marie Arouet, mejor conocido como Voltaire. En su libro, Diccionario filosófico publicado en 1864, en la entrada sobre la Guerra, escribe:
{{El célebre Montesquieu, que goza fama de ser humano, dice que es justo entrar a hierro y fuego en los pueblos circunvecinos por temor de que nos perjudiquen los buenos negocios que realizan. Si éste es el espíritu de las leyes, éste es también el de los Borgias y de Maquiavelo. Si por desgracia dice la verdad, debemos combatirla aunque la prueben los hechos. He aquí lo que dice Montesquieu:
«Entre las sociedades, el derecho de defensa natural entraña a veces la necesidad del ataque cuando un pueblo ve que una paz larga pondría a otro pueblo en estado de destruirlo, y cuando comprende que el ataque es en aquel momento el único medio de impedir su destrucción.»}}
Hasta aquí la cita de Voltaire. Como podrá notarse le viene como anillo al dedo a la "justificación" oficial con la que comenzó la actual guerra en Medio Oriente; resulta no solo en su significado general, sino casi palabra por palabra, una copia de la atroz "justificación" que da Montesquieu para romper la paz. Adelantarse al ataque es necesario porque es el único medio de impedir que en el futuro el país agredido ataque al país de uno. Nótese, además, el sarcasmo de Voltaire para referirse al autor de esta "justificación": "que goza fama de ser humano", dice. Pero dejemos que siga hablando Voltaire:
{{¿Cómo el ataque en plena paz puede ser el único medio de evitar esa destrucción? Para ello sería preciso estar seguro de que el pueblo vecino os destruiría si llegara a ser poderoso. Para estar seguro, debíais ver que ya tenía a punto los preparativos de vuestra destrucción, y en este caso es él quien empieza la guerra: vuestra suposición es falsa y contradictoria. Es una guerra evidentemente injusta la que proponéis, porque es matar a vuestro prójimo por temor de que éste llegue a estar en situación de atacaros; es decir, que debéis aventuraros a arruinar vuestro país con la esperanza de arruinar sin motivo el país de otro, y este proceder no es honrado ni útil, porque sabéis bien que nunca se está seguro del éxito.}}
Como puede comprobarse con lo dicho en el siglo XVIII por Voltaire, la argumentación de Montesquieu, que Trump o sus asesores copiaron, cae estrepitosamente por su incongruencia. La clave del error está en creer que la guerra es necesaria, o es la única opción cuando un país vecino prospera. ¿Cuál es la alternativa que propone Voltaire para no admitir este disparate? Transcribo un último párrafo del Diccionario filosófico:
{{Si vuestro vecino llega a ser demasiado poderoso durante la paz, ¿quién os impide serlo tanto como él? Si él contrajo alianzas, vosotros podéis contraerlas también. Si tiene pocos religiosos, en cambio tiene muchos manufactureros y soldados. Imitad su buen ejemplo. Si instruye mejor a sus marinos, instruid mejor a los vuestros; todo esto es muy justo. Pero exponer al pueblo a la más horrible miseria con la idea, tan quimérica a menudo, de destruir a vuestro querido hermano el serenísimo príncipe vecino vuestro, semejante consejo no es digno del presidente honorario de una compañía pacífica.}}
Estoy seguro de que si se conociera más la historia del pensamiento, o si este texto de Voltaire estuviera presente en la conciencia de una parte significativa de la sociedad estadounidense, el Presidente de aquel país no habría esgrimido semejante "justificación", y también estoy seguro de que si Macron tuviera presente a una de las más lúcidas mentes que ha dado Francia no habría secundado esa "justificación".
No dudo de que la guerra habría ocurrido, pero, al menos, si se leyera y se pensara más no se habría utilizado tan absurdo argumento, y tal vez —quiero creerlo— si se leyera y se pensara más, sería menos fácil que nos movieran con emociones, pues lo que está detrás de esa declaración es la intención de despertar el miedo, el miedo a que puedan ser atacados en el futuro. No es un argumento, no es una razón; es un llamado a la más primitiva de las emociones: el miedo.
Constato, una vez más, que ningún esfuerzo por promover el ejercicio de pensar y la lectura son ociosos.
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