Ciudad de México, 19 de mayo (SinEmbargo).– El texto de The Wall Street Journal se titula: “Xi Jinping es ahora el líder mundial que quería ser, pero esto ha tenido un precio. Las políticas del líder chino generan tensiones internas en su país, pero le otorgan una gran estatura internacional”.
Luego cuenta que hoy martes llega el Presidente ruso Vladimir Putin a Pekín para marcar “un momento decisivo para el líder chino Xi Jinping, un objetivo que ha perseguido desde que asumió el poder en 2012, y por el que ha apostado el futuro de su país”. Para Xi, dice, recibir al mandatario de Moscú tan sólo unos días después de que la caravana presidencial de Trump abandonara la capital china representa “una reivindicación de 14 años de implacable competencia económica con Estados Unidos (EU) y su alianza estratégica con el Kremlin durante la guerra de Ucrania. Ningún líder chino anterior había organizado visitas de Estado consecutivas en el mismo mes de un Presidente estadounidense en ejercicio y un Presidente ruso en ejercicio”.
El reportaje resalta porque es portada de uno de los aliados más sólidos de la Casa Blanca: The Wall Street Journal. Es una manera de reconocer, agregándole arroces negritos al dato, que China es ahora la gran potencia global; que se confirmó durante la última visita de un debilitado Trump a China. De hecho, en la prensa estadounidense, después de la gira presidencial, se mastica un sabor amargo: el de nación en decadencia.
🇷🇺🇨🇳 On May 19, President #Putin arrived in Beijing for an official visit to China at the invitation of President Xi Jinping.
The visit marks the 25th anniversary of the landmark Russia-China Treaty of Good-Neighbourliness, Friendship & Cooperation.#RussiaChina pic.twitter.com/gsyApeuvu8
— MFA Russia 🇷🇺 (@mfa_russia) May 19, 2026
EU acaba de perder una guerra. El EU más bravucón tuvo que reconocer que Irán fue más inteligente a la hora de hacer daño y que no basta que una potencia tenga con qué aplastar a otra menor porque las guerras no se ganan sólo con capacidad bélica. La otra guerra que EU ha perdido sin realmente darse cuenta ha sido más larga. Y se juega en un tablero de ajedrez. Esa otra guerra fue por la hegemonía global. Y muchos coinciden en que Trump aceleró esa derrota.
“Durante décadas, muchos chinos vieron a EU con una mezcla de admiración, envidia y resentimiento. EU representaba riqueza, sofisticación tecnológica y confianza institucional. Incluso los críticos de Washington que denigraban el sistema estadounidense a menudo daban por sentado que funcionaba. El ascenso de Trump y su turbulento segundo mandato destrozaron esa imagen”, dice Li Yuan, periodista de The New York Times.
Yuan cuenta que en enero, un grupo nacionalista de expertos de Pekín, afiliado a la Universidad Renmin, publicó un informe triunfalista sobre el primer año de Trump en el cargo. Argumentaba que sus aranceles, ataques a aliados, políticas antiinmigratorias y agresiones al establishment político estadounidense habían fortalecido inadvertidamente a China y debilitado a EU. Su título: “Gracias, Trump”.
El informe calificó a Trump como un "acelerador de la decadencia política estadounidense", con EU deslizándose hacia la polarización, la disfunción institucional e incluso una "inestabilidad al estilo latinoamericano". Su hostilidad hacia China, argumentaron los autores, fue un "impulsor inverso" que unificó al país y contribuyó a su autosuficiencia estratégica, detalla la periodista de The New York Times. “En este momento crucial de la historia”, escribieron los autores, “lo que oímos es el tañido pesado e inquietante de la campana vespertina de un imperio”.
Decaer y envejecer
The Atlantic, una de las revistas con la mejor fama de EU, cuenta la decadencia de la nación de otra manera: en la decadencia misma de Donald Trump, el individuo de 79 años de edad.
“Cuando Trump juró el cargo en enero pasado, era el Presidente de mayor edad en comenzar un mandato, con 78 años y 220 días. Reemplazó a Joe Biden, quien ostentaba ese título anteriormente y que se había retirado de la contienda tras hacerse evidente para todo el país que había envejecido demasiado rápido. Pero a medida que Trump envejece —viajando menos, usando zapatos más cómodos y pareciendo cabecear durante las reuniones— su edad ya no recibe el mismo escrutinio”, dice la revista.
.@POTUS says he's giving Iran "a limited period of time" to make a deal "because we can't let them have a nuclear weapon."
"There's no question in my mind that they'd use it, there's no question—and I deal with these people. They're extremely radicalized." pic.twitter.com/iwKlD757l6
— Rapid Response 47 (@RapidResponse47) May 19, 2026
Jonathan Lemire, el autor del perfil, agrega: “Desde hace tiempo creo que una de las razones es la imponente presencia del Presidente. Trump mide 1.90 metros y, según su último examen médico, pesa 102 kilos (sí, es legítimo cuestionar esa cifra). Su presencia es imponente en cualquier lugar, a diferencia de Biden, quien adelgazó visiblemente con la edad, lo que acentuó su apariencia de fragilidad. Además, Trump es muy ruidoso; la voz de Biden a menudo se reducía a un suave susurro. Y Trump tiene el don de la omnipresencia. Su genialidad reside en captar la atención. La agenda pública de Biden se fue reduciendo y evitaba activamente generar noticias; Trump celebra múltiples eventos ante la prensa casi a diario. Inunda las pantallas de televisión y las redes sociales de los estadounidenses prácticamente sin cesar, con un mensaje casi implícito: ¿Cómo podría estar perdiendo popularidad si está en todas partes?”
En todas partes
Trump alcanzó nuevos niveles históricos de desaprobación. En eso coinciden distintas mediciones. Este lunes, The New York Times con Siena dijo que la mayoría de los votantes cree que el Presidente estadounidense tomó la decisión equivocada de ir a la guerra con Irán a medida que aumentan las preocupaciones económicas. “La mayoría de los votantes afirmó que la guerra no justificaba los costes y mantuvo una visión profundamente pesimista sobre la economía”, sostiene el diario neoyorquino.
El Times tiene su encuesta de encuestas. Allí, Trump alcanzó su mayor nivel de desaprobación desde que ocupa la Casa Blanca, con un 60 por ciento de rechazo y una aceptación del 37 por ciento. El ponderado de RealClearPolling muestra también un fuerte deterioro en la imagen de Trump: El promedio de encuestas nacionales lo coloca con alrededor de 40 por ciento de aprobación frente a más de 56 por ciento de desaprobación, lo que representa un saldo negativo cercano a los 16 puntos. Diversos sondeos coinciden en que el desgaste se ha acelerado por el impacto económico de la guerra con Irán, el aumento de los precios de la energía y la creciente percepción de incertidumbre económica entre los votantes.
El problema es que, cuando Trump pierde, pierden los demás. En un texto de abril, el mismo periodista Jonathan Lemire decía en The Atlantic que el Presidente de EU lleva mucho tiempo gobernando mediante el miedo: exige lealtad absoluta de sus compañeros republicanos; presiona a los líderes mundiales. “Es un maestro de la evasión política. Pero esta vez, se ha metido en un callejón sin salida. La guerra en Irán fue un conflicto que él mismo eligió, pero no ha resultado como esperaba. Trump creía que se parecería a la ofensiva militar que derrocó sin esfuerzo a Nicolás Maduro de Caracas, que sería un ataque quirúrgico que duraría días o quizás solo un par de semanas”.
“Irán está maltrecho pero envalentonado, y ahora controla mejor el vital estrecho —por donde pasa el 20 por ciento del petróleo mundial— que antes de la guerra, usándolo como una prensa económica para asfixiar al resto del mundo. Trump ha exigido que se reabra, incluso amenazando con aniquilar a toda la civilización iraní si el régimen no accedía. Pero Teherán no se acobardó. Las tácticas de intimidación habituales de Trump no están funcionando”.
“Ya conoces el chiste: la Casa Blanca va a empezar a hablar de los archivos de Epstein para desviar la atención de lo mal que va la guerra contra Irán”, agrega, en forma de burla.



