Derivado del daño físico y emocional que demanda gastos médicos, terapia psicológica, absentismo laboral y políticas públicas, la violencia contra las mujeres costó en México 245 mil 118 millones de pesos en 2015, lo que equivale al 1.4 por ciento del PIB, reveló un estudio del Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG). La autora, Hilda Rodríguez, precisó que el costo es aún más elevado, pero sólo se midió la violencia en el interior de los hogares por parte de la pareja en mujeres casadas.

Ciudad de México, 7 de marzo (SinEmbargo).– “Él me empezó a jalonear de las muñecas, me tiró, me pegó en la cara y la espalda. A parte de los moretones de las muñecas, me hizo uno en la cadera y otro en los brazos. Yo sólo me resistía, yo nunca le pegué… Sólo ponía toda mi fuerza para no moverme de la puerta”, contó Mariana una joven que fue maltratada por su novio y encerrada casi todo un día en la que era su casa.

Mariana y su agresor fueron novios por cinco años, vivieron juntos y están en proceso de separación. Ese día, después de haber pasado la noche con su nueva pareja, se citó con ella “frente a sus narices”. Ella se alteró y en medio del llanto se puso en la puerta del departamento para no dejarlo salir. Sabía con quién iba.

El hombre la golpeó, y cuando a Mariana ya no le quedaba fuerza para resistirse, la aventó a la cama de su recámara, cerró la puerta con llave y se fue. La dejó encerrada casi todo el día: desde las 11 de la mañana a las 9 de la noche. En ese intervalo, él solo fue como a las 2 de la tarde a ver cómo seguía, pero no la liberó. En consecuencia, ella llamó a su jefe de para avisar que no iría a laborar.

“[Llamé] mintiendo que me habían asaltado y que estaba muy asustada porque no podía ni trabajar”, narró. Su computadora se quedó en la sala y no pudo hacer nada.

“Me dejó ahí [en la recámara], me encerró con llave, y todavía le quitó la manija a la puerta para que no la abriera. Me dejó encerrada porque temió que fuera tras él, y su amante me viera”, recordó.

“Al día siguiente comencé con terapia alternativa”, dijo Mariana. Los moretones le duraron dos semanas, no trabajar ese día le costó 600 pesos y una semana de atraso en el pago de su quincena. Hoy paga 600 pesos semanales por ir a terapia psicológica.

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Derivado del daño físico y emocional que demanda gastos médicos, terapia psicológica, absentismo laboral y políticas públicas, la violencia contra las mujeres costó en México 245 mil 118 millones de pesos en 2015, lo que equivale al 1.4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), reveló el estudio “El costo de la violencia contra las mujeres en México” realizado por el Programa Universitario de Estudios de Género (PUEG).

El estudio, realizado a petición de la Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) y coordinado por la economista y demógrafa en la Facultad de Economía de la UNAM Hilda Eugenia Rodríguez Loredo, explica que cada vez que una mujer es golpeada debe gastar dinero para ir al médico, ir a denunciar, ir a terapia psicológica, o deja de recibir sueldo por faltar al trabajo.

“Este dato del 1.4 por ciento del PIB realmente es bajo, porque el cálculo de ese costo es solamente la violencia en el interior de los hogares por parte de la pareja en mujeres casadas. La violencia de género tiene un costo mayor si consideramos la violencia laboral, la escolar e incluso en la comunidad”, especificó en entrevista telefónica.

Rodríguez Loredo dijo que “esto no sólo significa afectación física y emocional, sino además toda una interrupción de su vida productiva, tener que recurrir a gastos cuando muchas veces están en condiciones económicas de por sí difíciles. Es un costo alto para las familias”.

El Gobierno mexicano, por su parte, invierte el 5 por ciento del gasto total en programas de prevención, apoyos sociales y procesos jurídicos incluidos en el “Anexo 13 Erogaciones para la igualdad entre mujeres y hombres”, del Presupuesto de Egresos de la Federación (PEF).

La violencia también “tiene un impacto social”, no sólo en las mujeres víctimas, ya que las instituciones gubernamentales destinan ese dinero en vez de invertirlos en desarrollo de las comunidades, generar más empleos o abrir más escuelas, destacó la economista Hilda Rodríguez.

“De por sí ya vivimos serias dificultades en términos presupuestales porque no se ha dado una solución al problema de la violencia que se reproduce y crece, por lo que nos habla de un uso ineficiente totalmente de los recursos”, expuso.

La violencia de género va desde las bromas hirientes, los chantajes, los celos, el control y hasta el  aislamiento. Las agresiones físicas pueden ir desde un empujó, jaloneo, amenazas, abuso sexual y asesinato, de acuerdo con el Violentómetro realizado por el Instituto Politécnico Nacional (IPN).

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Una ama de casa de 18 años, contó una doctora sin revelar la identidad de la paciente, acudió hace una semana a consulta, en una sucursal de Farmacias Similare, por “un dolor de pierna” y acompañada de su esposo. Ya dentro de consulta, con la pareja afuera, confesó otra cosa.

–Me peleé con alguien –dijo introvertida.

–¿Te asaltaron?

–No, me pegaron.

–¿Fue un accidente?

–No, fue a propósito.

–¿Quién te pegó?

–Mi esposo –respondió.

Al parecer, ésta no era la primera agresión. Hace seis meses su esposo también la golpeó y casi le fractura la nariz. Tras la consulta, la doctora le mandó tratamiento que, junto con la revisión, le salió en alrededor de 100 pesos.

El Banco Mundial calcula que el costo económico de la violencia de género representa entre el 1 y el 4 por ciento del PIB de un país.

Un estudio de la Universidad de Oxford y de Stanford, realizado por la economista Anke Hoeffler y el investigador sobre conflictos armados James Fearon,
destacó que en comparación, por cada muerte civil en el campo de batalla de una guerra, aproximadamente nueve personas pierden la vida “en disputas interpersonales”.

Sin embargo, sólo el 13 por ciento de las mexicanas violentadas lo denuncia, destacó el informe del PUEG.

“La impunidad y corrupción son dos elementos fundamentales para que las mujeres no denuncien. No denuncia porque no ha habido un seguimiento a sus procesos legales de búsqueda de justicia”, aseguró la autora del estudio Hilda Rodríguez. “Es una desconfianza y desesperanza total en las instituciones en México y vuelven a ser revictimizadas porque se burlan de ellas o las cuestionan por su forma de vestir”, añadió.

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J.H. entró a trabajar  en el Canal Judicial en 2007, cuando éste aún estaba en las instalaciones de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN). Su entonces jefe Marco Antonio Silva –ex trabajador de Televisa– la mandó a la casa de Marco Antonio Álvarez Borja –entonces trabajador de la misma empresa en un programa de Denise Merker y aviador en el Canal Judicial– para hacer un promocional. La tesis “Historia de un hostigamiento sexual en el Canal Judicial” de la periodista Ariadna Rotceh Barragán Lobo, documenta el caso:

“Tú nada más me viniste a poner cachondo”, le dijo un sábado de 2011 Marco Borja a J., mientas trabajaban en la computadora. En otros cuartos del departamento estaban la esposa, la suegra y la pequeña hija.

“¿Vas a querer coger? Ah no… comer”, le preguntó después de incomodarla tocándole la rodilla. “Era obvio para mí que no era una broma nada más, porque lo sentí […] al decirlo eso me decía que él tenía el control”. Luego el hombre salió para decirle a las tres mujeres que se fueran “para que los dejaran trabajar”.

Le bajó el cierre de la sudadera mientras le preguntaba qué traía abajo. “Sentí que abandoné mi cuerpo, no me respondía absolutamente nada. Sabía que me iba a hacer algo”, contó la víctima a la periodista Barragán. Logró huir. Al llegar a casa lloró y no quiso hacer nada más.

Cuando le contó a su jefe y le dijo que lo denunciaría, Marco Borja fue a las oficinas del Canal Judicial: “Tengo esposa e hijos. No quise ofenderte, estábamos jugando”, le aseguró.

J.H. acudió a InMujeres, donde la recibieron psicólogas, abogadas y trabajadoras sociales. “Estuve meses sin poder dormir”, recordó.

En septiembre de 2011, la víctima denunció ante la Dirección de Responsabilidades Administrativas y de Registro Patrimonial de la SCJN, pero el abogado de Marco Borja le recomendó decir que J. nunca había entrado a su departamento. Su esposa y suegra atestiguaron que no entró. “Tu única arma es contar lo que pasó”, lamentó J.

En octubre de 2011, documentó la tesis, la Contraloría cesó a Marco Borja de sus actividades en el Canal Judicial sin goce de sueldo mientras se realizaba la investigación. Pero a raíz de eso, sus compañeros de trabajo se alejaron de ella y su bono de desempeño laboral mucho menor en comparación con otros años.

Exposición “Feminicidio en México. ¡Ya basta!”. Foto: Museo de Memoria y Tolerancia

Entre el estrés, la depresión y lo que sucedía, J.H. se cayó de las escaleras del Canal. Tuvo fractura de coxis, una contusión en la cabeza, esguince vertical, vértigo y problemas en un oído. Le dieron cuatro meses de incapacidad. Y cuando regresó sufrió acoso laboral.

Después de presentar como prueba un mensaje de texto de Borja en el que él reconocía el acoso, el 8 de octubre de 2012 se giró orden de aprehensión contra él. Sin embargo, denunció la víctima, su caso no fue el único en el Canal Judicial.

A ella, la recolocaron en la dirección de Equidad de Género al sur de la ciudad. Durante todo el proceso judicial, se desgastó físicamente. “Mi vida era nefasta, infeliz”, recordó.

En febrero de 2013, Marco Borja fue detenido en Sonora. Al regresarlo a la Ciudad de México, pagó una fianza y lo dejaron en libertad condicional bajo caución. Cuando a ella la regresaron a su puesto en el Canal Judicial, “fueron muy violentos conmigo”. Ante el intenso acoso laboral, terminó en el hospital operada del apéndice “por el estrés y el coraje” que pasó.

En octubre de 2013, J.H. fue despedida del Canal Judicial. “Era la Suprema Corte de Justicia que salvaguarda los derechos y me estaba pasando eso a mí dentro de la Corte”. Las mujeres que tienen hijos y compromisos, finalizó, no denuncian porque tienen miedo de perder el trabajo.

EN 170 AÑOS, IGUALDAD DE GÉNERO 

La igualdad de género en el mundo podría alcanzarse en 2186, es decir, dentro de 170 años, destacó el informe del Foro Económico Mundial. En 2016, reveló, la brecha en la igualdad entre hombres y mujeres se situó en un 59 por ciento, la mayor desde 2008, y un 66 por ciento en México.

Según el informe, las mujeres ganan en promedio poco más de la mitad que los hombres, a pesar de que en general trabajan más horas.

El número de mujeres en puestos de responsabilidad también se mantiene bajo: tan solo Islandia, Finlandia, Noruega y Suecia en todo el mundo tienen igual número de hombres y mujeres legisladores, funcionarios de alto grado y directivos, a pesar del hecho de que 95 países cuentan ahora con tantas mujeres como hombres con formación universitaria.

El empoderamiento político es el pilar en el que la diferencia de género es más pronunciada.

El fortalecimiento e independencia económica de la mujer es el factor clave para conseguir una sociedad igualitaria, el fin de la violencia de género y una mayor presencia de figuras femeninas en la política, dijo la Vicedirectora ejecutiva de ONU Mujeres, Lakshmi Puri, en una entrevista con la agencia Efe.

“Es cuestión de dar prioridad al fortalecimiento económico de la mujer como un objetivo clave”, explicó Puri en relación a la celebración este año del Día Internacional de la Mujer el próximo miércoles.