La estrategia y lupa sobre López y Obrador y Morena para exponer públicamente actos de corrupción montados o reales, desde Eva Cadena al delegado de Tláhuac, no tiene similar frente a ninguna otra fuerza política. Foto: Elizabeth Ruiz, Cuartoscuro.

En 2018 se cumplirán 50 años del movimiento estudiantil que recordamos con la matanza del 2 de octubre en Tlatelolco. El 68 se considera un punto de quiebre en la historia social y política de nuestro país. El escenario para el 2018 no es menor, puede y debe ser un punto de quiebre en nuestra historia social y política, de lo contrario seremos testigos de procesos más agudos que el desatado por la represión del 68 que contribuyó al movimiento guerrillero de los 70s. Si el lema del movimiento campesino en 2002-2003 frente al abandono de la producción campesina fue “El campo no aguanta más”, ahora el lema de la nación frente al abandono de lo público y el deterioro generalizado de las condiciones sociales y políticas debería ser “El país no aguanta más”.

En los últimos decenios hemos presenciado y sufrido la partidocracia, las consecuencias de la cultura política de las organizaciones partidista. Somos testigos de cómo la democracia ha sido capturada por los partidos políticos, de cómo los órganos que deberían estar ciudadanizados se han repartido entre los partidos, de cómo el conflicto de interés es la pauta en la política pública, de cómo la política se ha enfocado al servicio de intereses privados, de cómo el país se encuentra sufriendo una muy grave metástasis de corrupción.

Las resistencias ciudadanas frente al crimen organizado, por la defensa de los territorios, por la autodeterminación, por la mejora de las condiciones de vida, se han enfrentado a partidos políticos alejados, sordos y ciegos frente a la realidad del país. El ejercicio del poder está motivado por la ganancia de los funcionarios, por las alianzas para mantenerse en el control del poder político para usarlo a su servicio, con los contubernios con el crimen organizado. Quien piense que un partido político está libre de esta condición solamente estará contribuyendo a que se reproduzca.

La crisis nacional por la corrupción, la inseguridad y la violación de derechos humanos ha sido enfrentada por las comunidades y las organizaciones de la sociedad civil, no ha sido el objetivo de los partidos políticos. No hemos visto iniciativas en materia de salud, de anticorrupción, de transparencia, por parte de los partidos políticos. Aparecen algunas iniciativas legislativas por parte de los partidos en respuesta a otras presentadas por organizaciones ciudadanas. No sorprende que varias de estas iniciativas partidistas se dirijan a debilitar las propuestas ciudadanas y a defender intereses de grupos políticos y económicos.

En unos días el panorama político para las elecciones de 2018 ha cambiado. Sin oponente visible, López Obrador estaba al frente de las encuestas. Con el surgimiento de un posible frente donde aparecen actores de todo tipo, del PAN y el PRD, Cárdenas, Muñoz Ledo, Corral, Álvarez Icaza, Castañeda, entre otros, el escenario cambia.

¿Estará dispuesto el frente opositor a dejar en manos de ciudadanos la vigilancia del ejercicio público, la fiscalía anticorrupción, estará de acuerdo en hacer públicas las declaraciones de 3 de 3 de los funcionarios, apoyará el establecimiento de procedimientos contra el conflicto de interés en el diseño y evaluación de las políticas públicas?, ¿estará dispuesta Morena a hacer lo mismo? ¿se comprometen a no hacer un reparto político de los órganos ciudadanos, del IFE, del INAI, del INE, del Sistema Nacional Anticorrupción y su fiscal, de la PROFEPA, de PROFECO, entre otros?

La estrategia y lupa sobre López y Obrador y Morena para exponer públicamente actos de corrupción montados o reales, desde Eva Cadena al delegado de Tláhuac, no tiene similar frente a ninguna otra fuerza política. Suena imposible controlar el comportamiento de los miembros de un partido, conocer los antecedentes de los nuevos militantes, pero si hay figuras públicas que se unen a estos partidos y que son impresentables.  En el caso de Morena estos impresentables van a ser muy útiles a las campañas de desprestigio. Del lado del posible frente opositor la lista de impresentables es amplia, a la vez de que presenta a un grupo importante de personas que realmente se han comprometido y luchado por la democracia, la transparencia, contra la corrupción y por los derechos humanos.

La sociedad mexicana se está polarizando y, para muchos, si la persona no se define, o se define del lado opuesto, está del “lado oscuro”, del “mal”. La misma actitud, el mismo juicio se desprende desde ambos lados de la polarización. Más allá de nuestras preferencias personales, tenemos que tener un principio en común, una exigencia: el control ciudadano de la política, de las instituciones, de los funcionarios a través de procesos de transparencia, de rendición de cuentas, de control del conflicto de interés.

Ningún partido político es impermeable a la corrupción, ninguno es bendito. Si existe un proyecto político que busca enfrentar la actual situación de corrupción, crimen organizado, desigualdad y violación de derechos humanos en el país, este proyecto debería no sólo aceptar, sino buscar que órganos externos, independientes a su organización, vigilen el que hacer de sus miembros. Deben hacer esos compromisos públicos, deben tender esos puentes.

Cada quien conoce personajes con historiales políticos inaceptables en los partidos contendientes, varios de los que aparecen dispuestos a formar una alianza o frente opositor y otros más aliándose a Morena, quien no los quiera ver, sólo se engaña. Podemos decir que hay grados y grados, pero el propio ejercicio del poder se vuelve una oportunidad para desarrollar historiales bastante negros. También hay personajes con historiales políticos respetables tanto del posible frente opositor como del lado de Morena.

En 2018 el punto de quiebre tiene que venir, el país no aguanta más, se requiere un cambio en la vida social y política de nuestro país, y éste no será posible sin reforzar, profundizar y desarrollar los órganos de vigilancia del que hacer político, sin la transparencia y la rendición de cuentas, sin una efectiva política anticorrupción totalmente fuera de la influencia y los vínculos de los partidos políticos. Sin la ciudadanización, algo que hasta ahora han repudiado la mayor parte de los líderes políticos y partidos, no habrá punto de quiebre en este país, el sistema se reciclará en la corrupción, en sus vínculos con el crimen organizado y con los poderes económicos.