De todo lo que Estados Unidos le compró a México en 2016, el 25 por ciento fueron vehículos y autopartes. La primera potencia mundial también adquirió esos bienes de Canadá, Japón y Alemania. Sin embargo, de esos cuatro principales proveedores, sólo México le vendió a un valor unitario menor al promedio global, destacan datos de la Cepal. Hoy, el Presidente Donald Trump, tras una reunión con líderes automotrices, criticó que por el libre comercio compañías extranjeras exportan a Estados Unidos “cantidades masivas” de autos sin pagar impuestos a la vez que otras naciones cierran sus puertas a los vehículos producidos en Norteamérica.

Ciudad de México, 15 de marzo (SinEmbargo).– México representa el 13 por ciento de los bienes totales que Estados Unidos le compra al mundo. De todo lo que su vecino al sur le vende, la mayoría son vehículos y autopartes a un costo más bajo que Canadá, Japón y Alemania, sus otros tres principales proveedores. Especialistas afirmaron que la reducción de los costos se debe a la logística, la mano de obra barata, la intensa producción nacional y el tipo de cambio actual.

Además de comprar a México (26 por ciento) y a Canadá (20 por ciento), en 2016 Estados Unidos también adquirió carros y derivados a Japón (17.65 por ciento), Alemania (10.21 por ciento) y a otros países. Sin embargo, de esos cuatro principales países proveedores, sólo México, el cuarto exportador de automóviles a nivel mundial,  le vendió a un valor unitario menor al promedio global, destacan datos del Módulo para Analizar el Crecimiento de Comercio Internacional (Magic, por sus siglas en inglés) de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

Este miércoles, el Presidente Donald Trump se reunió en Detroit con los líderes de los principales fabricantes de automóviles de Estados Unidos, Alemania y Japón (General Motors, Fiat Chrysler, Ford, Hyundai, Mercedes-Benz, Volvo, Toyota, Nissan, Honda, Kia y Volkswagen), firmas que también tienen plantas en territorio mexicano.

El magnate anunció que ya establece grupos de trabajo “en cada agencia” del Gobierno federal para eliminar “regulaciones que socavan la producción de automóviles”. Los acuerdos de libre comercio, afirmó, han permitido que compañías extranjeras exporten a Estados Unidos cantidades masivas de automóviles sin pagar impuestos, a la vez que otras naciones cierran sus puertas a los vehículos producidos en Norteamérica.

“Se ha acabado el asalto al sector automotriz estadounidense”, dijo ante decenas de empleados y directivos del sector del automóvil. “No hay una vista más bonita que la de un automóvil hecho en Estados Unidos”.

La Cepal registra en su base de datos, obtenidos del Departamento de Comercio, el valor unitario relativo de un vehículo o autoparte entre Estados Unidos y México como proporción de lo que vale por unidad a nivel global. Si éste es menor a 1 por ciento, la unidad del producto vale menos entre esos dos países que en el comercio mundial.

Considerando ese indicador, importar vehículos o autopartes provenientes de México le salió a Estados Unidos, por valor unitario relativo a otros países, en 0.30 por ciento respecto al 1 por ciento promedio global en 2016. En contraste, comprarle a Canadá le valió un 14 por ciento, a Japón un 70 por ciento y a Alemania un 5.461 por ciento frente al 1 por ciento promedio.

Si se considera el valor monetario comerciado y su volumen, a Estados Unidos le costó importar de México por unidad un millón 567 mil dólares, esto es, 76 millones 63 mil dólares menos que comprarle a Canadá por 77 millones 630 mil pesos.

Diego Castañeda, economista por la London School of Economics and Political Science, explicó que a Estados Unidos le resulta más barato importar vehículos y accesorios de México que de sus otros proveedores por cuestiones de logística, mano de obra y el actual tipo de cambio.

“La distancia hace menores los costos de transporte, la mano de obra es más barata y además las fábricas en México son muy productivas. Las grandes armadoras de coches aquí, por ejemplo, son las líderes de productividad en el mundo”, destacó.

El analista del sector automotriz César Roy Ocotitla destacó que “la inversión vino a México por el Tratado de Libre Comercio y porque las empresas estadounidenses ganan más en México porque cuesta menos trasladar coches desde aquí y el costo de producción de un auto es más bajo por la mano de obra barata: 1.5 dólares la hora frente a los 17 dólares que se pagan en Estados Unidos. Se ahorran muchísimo dinero”, coincidió.

“La mano [de obra] es más barata también en India y China, y más cara en Alemania, Francia e Inglaterra, por eso se han salido de esos países; buscan la mano de obra barata”, declaró el especialista.

Eduardo Solís Sánchez, presidente de la Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA), aseguró, durante una conferencia de prensa en el marco de la idea de renegociar el tratado, que gracias a ese acuerdo de libre comercio, México y Canadá son los principales clientes de Estados Unidos en el sector de autopartes, por lo que la industria automotriz en Norteamérica es un caso de “éxito trilateral” que debe seguir.

“El comercio de autos es el más intenso en Norteamérica. Estados Unidos le vende a México y Canadá 50 mil millones de dólares, equivalente al 77 por ciento de lo que Estados Unidos le manda al mundo”, expuso.

México es el séptimo productor de autos a nivel mundial y el primero en América Latina, así como el quinto fabricante de autopartes. Un vehículo fabricado en México tiene un 40 por ciento de partes provenientes de Estados Unidos, documentó Solís Sánchez. A su vez, México es el principal proveedor de autopartes de Estados Unidos al representar el 53 por ciento.

“Tenemos un sector automotriz fuerte y competitivo frente a China y Asia gracias al comercio intraindustrial”, determinó.

EL TLCAN, UN ACUERDO “MUY VIEJO”

Ayer, la Cámara Americana de Comercio en México (American Chamber) celebró 100 años en México. Su nueva presidenta, Mónica Flores, aseguró a la agencia EFE, en el marco de las políticas comerciales del Presidente Donald Trump, que “no estamos en crisis, sino en un ajuste macroeconómico”.

Con el TLCAN se elevó el comercio bilateral hasta los 532 mil millones de dólares en 2015, pero el Presidente Donald Trump lo ha llamado “el peor tratado comercial jamás aprobado”, por el déficit de más de 60 mil millones de dólares con México, y al considerar que ha costado empleos y la salida de empresas de Estados Unidos, además de empujar los salarios a la baja.

A favor del libre comercio y en contra del proteccionismo, Flores consideró necesaria una modernización “como cualquier cosa que tenga más de 20 años” y contemplar nuevos temas como el comercio electrónico. En definitiva, agregó, se debe “revalorar la situación comercial para que sea justa, equitativa y benéfica para ambos países”.

Durante el evento de aniversario, el Embajador de Canadá en México, Pierre Alarie, expuso que la renegociación del tratado será de manera trilateral.

La semana pasada, el Secretario de Comercio estadounidense, Wilbur Ross, y el Secretario de Economía mexicano, Ildefonso Guajardo, se reunieron por primera vez en Washington con el fin de establecer el proceso para comenzar a renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) una vez que se cumplan los requisitos legislativos en Estados Unidos y Canadá.

Ross precisó que espera presentar en “un par de semanas” una carta que inicia un plazo de consulta de 90 días tras el cual “se desencadena el proceso formal” para la renegociación, pero recordó que “no hay un día concreto para ello”.

Por parte de México, ya se ha iniciado el proceso de consulta legislativa y estará listo a finales de mayo para desarrollar negociaciones “en cualquier momento”, aseguró el Secretario Ildelfonso Guajardo.

Ross espera que la renegociación del TLCAN no lleve más de un año, pero no detalló si se incluiría el impuesto a las exportaciones mexicanas para financiar el muro fronterizo.

“Lo que es claro es que el TLCAN es un acuerdo muy viejo”, aseveró el Secretario de Comercio Wilbur Ross, al añadir que tiene carencias para cada uno de los participantes en el tratado, que entró en vigor en 1994.


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