La verdad es que todos esos personajes han querido sacar raja y espantarnos con el petate del… ¡Trump! Foto: AP

A dos meses del inicio de la administración del Presidente estadounidense Donald Trump, percibo un mejor ánimo, menos pesimista acaso, entre nuestros políticos, funcionarios y empresarios. Y también en la calle. Asumo de entrada que es demasiado pronto para  alguna evaluación de un asunto tan complicado, pero creo que hay ya indicios alentadores sobre lo ocurrido en los primeros 60 días de la llamada “era Trump”. Por lo pronto, algunos indicadores importantes denotan que hasta ahora no ha ocurrido el Apocalipsis vaticinado por no pocos a partir de las amenazas del magnate.

La estridencia que los medios sumaron a sus escandalosas declaraciones y bravuconadas hicieron a muchos imaginar la visión cinematográfica de multitudes de migrantes indocumentados atravesando la frontera de regreso a México con sus escasas pertenencias a cuestas, unos a pie y otros en algún tipo de transporte. Las empresas estadounidenses empezarían a cerrar sus plantas y retirar masivamente sus capitales para abandonar nuestro país para no ser víctimas del delirio nacionalista de su Presidente. El peso mexicano se precipitaría a un abismo devaluatorio sin fondo, mientras nuestro gobierno asumiría medidas de emergencia nacional ante el embate implacable del furibundo racista.

No ha ocurrido así. Y es que, por principio de cuentas y como dice el refrán, de lengua me como un taco. El poderoso mandatario no lo es de manera absoluta ni puede actuar de manera totalmente libre e impune para imponer sus decisiones. Tiene frente a sí un Congreso que a pesar de su mayoría republicana constituye un contrapeso real al ejecutivo, una sociedad informada y crítica  y una prensa ejemplarmente libre a la que no puede someter a pesar de sus agresiones verbales y la discriminación de los medios incómodos.

Un dato central, aportado por el Instituto Nacional de Migración (INM), indica que Estados Unidos ha repatriado a 7 mil 311 mexicanos menos en lo que va de 2017 que en el mismo periodo de 2016. Vaya chasco.  Aunque se habló de redadas de indocumentados y deportaciones masivas, lo cierto es que se ha tratado de casos aislados, concretos, algunos de ellos magnificados por los medios. Los alcaldes de Boston, Nueva York, Chicago, Filadelfia, Seatle, Los Ángeles, San Francisco, Washington, Providence y New Jersey, entre otras ciudades consideradas santuarios de inmigrantes, advirtieron al trompudo que protegerán a sus residentes.

Las amenazas sobre una eventual cancelación del Tratado de Libre Comercio (TLCAN)  por resultar “injusto” para los Estados Unidos, han dado paso al inicio de escarceos rumbo a una negociación seria  para revisar y adecuar ese acuerdo trilateral. Legisladores estadounidenses, entre ellos algunos republicanos, han vuelto a contemplar incluso  la posibilidad de alcanzar ahora la frustrada reforma migratoria, que podría tener los alcances de la anhelada “enchilada completa”.

Por otro lado, a través de una carta, el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, advirtió a los republicanos que si insisten en aprobar fondos para el muro fronterizo, no pasará el presupuesto complementario para la administración de Donald Trump, lo que significaría ni más ni menos la paralización del gobierno. Así de serio.

Trump ha insistido no obstante en la construcción de su absurda barda, pero ha dejado de hablar del supuesto pago de esa obra por parte de México, como lo habría acordado con el Presidente Enrique Peña Nieto según informó éste tras la conversación telefónica entre ambos. El estadounidense incluyó en su propuesta de presupuesto para el actual año fiscal que presentó el jueves una partida de más de mil 500 millones de dólares para iniciar los trabajos, lo que significa que deja de lado la estúpida idea de cobrárnoslo. Tampoco ha mencionado en las últimas semanas la posibilidad de gravar las remesas que nuestros compatriotas envían a México y que alcanzaron casi 27 mil millones de dólares en 2016.

Como que ya le bajó el colorado, parece. En una entrevista con la ABC News aseguró que los jóvenes indocumentados que llegaron de niños al país y a los que se conoce como dreamers  (“soñadores”) “no deberían preocuparse mucho” de ser deportados. Así respondió Trump al ser cuestionado acerca de que si los cerca de 750 mil dreamers beneficiarios del programa de alivio migratorio Acción Diferida (DACA) de Barack Obama tienen que estar inquietos sobre su futuro. “Tengo un gran corazón”, se atrevió a decir. “Vamos a cuidar de todo el mundo”, añadió el Presidente, quien explicó que en las próximas cuatro semanas explicará su plan definitivo con respecto a los “soñadores”. El controvertido mandatario insistió en cambio en que los indocumentados que hayan hecho “un buen trabajo” en Estados Unidos deben estar “mucho menos preocupados” que el resto por la amenaza de la deportación.

Otro dato alentador es la notable recuperación del peso en las últimas semanas. La divisa mexicana se apreció este jueves a su mejor nivel desde el día posterior al triunfo electoral de Trump, en noviembre pasado. El dólar está a punto de caer por debajo de los 19 pesos. Y la tendencia parece muy positiva para nuestra moneda, según el Banco de México.

Desde que el empresario republicano ganó la Presidencia de Estados Unidos, los inversionistas extranjeros han incrementado su tenencia en bonos mexicanos en 213 mil 593 millones de pesos, equivalentes a 10 mil 881 millones de dólares al tipo de cambio actual, de acuerdo con los últimos datos reportados por el Banco de México. Los ataques de Donald Trump a las inversiones realizadas en empresas que exportan productos de México a Estados Unidos ha dado lugar a una moderada reducción en la inversión foránea hacia la esfera productiva; sin embargo, los capitales han encontrado la forma de entrar al país a través de la compra de activos financieros denominados en pesos.

Sin embargo, nuestros más notables actores políticos han encontrado en la “amenaza Trump” una veta para su promoción. Me refiero por supuesto y en primer lugar al Presidente Peña Nieto, tan urgido de levantar su deteriorada imagen, que ha asumido una postura que el menos parece “más firme” ante el presunto tirano. Pienso que efectivamente ha ganado puntos en ese sentido. Además de él y su canciller Luis Videgaray Caso, todos nuestros “presidenciables” se han subido al tema para objetivos proselitistas. Uno tras otro han viajado al vecino país para respaldar –no sin un aliento oportunista–  a nuestros connacionales  y exigir respeto para ellos.

Por allá han andado, entre otros, el líder nacional del PAN, Ricardo Anaya Cortes, el priista Enrique Ochoa Reza y los suspirantes presidenciales Margarita Zavala Gómez del Campo, Miguel Ángel Mancera y desde luego Andrés Manuel López Obrador. El tabasqueño emprendió toda una gira por ciudades estadounidenses para promover una “red de defensa” de nuestros migrantes y denunciar la “casería” emprendida contra ellos por Donald Trump, aunque tuvo en Nueva York grave resbalón al ser airadamente cuestionado por el padre de una de las 43 víctimas de Ayotzinapa  sobre su relación con el ex alcalde de Iguala, José Luis Abarca, preso por ese episodio. La verdad es que todos esos personajes han querido sacar raja y espantarnos con el petate del… ¡Trump! Válgame.