“Me gusta representar conceptos abstractos por medio de los animales porque hay de dónde escoger. Es un tema que nunca se acaba”, dice la artista nacida en Sonora, que siempre ha tenido una relación estrecha con el reino animal.

Los trazos de Ruibal. Foto:

Los trazos de Ruibal. Foto: Fernanda Ballesteros

Por Fernanda Ballesteros

Ciudad de México, 19 de marzo (SinEmbargo).- Hermosillense de apenas 26 años, Yanin es artista plástico instalada en la capital del país. Su pincel, que a veces se aloca y lanza acuarela o acrílico detrás de un cocodrilo, unos perros peleadores o frente a un cadáver de animal, ahora bajó el ritmo con la vejez del óleo y su nuevo taller: Closed Door Art Gallery.

Ser parte de un taller colectivo, que además es una galería cerrada, da la ventaja de ver movimiento de obra, de estar en contacto directo con artistas contemporáneos y de pintar en un edificio lindo de la Roma alrededor de ventanales, cuadros inmensos, objetos extraños, esculturas que observan y muebles vintage.

“No sé a dónde me vaya a llevar esta aventura. Lo importante es ir revolucionando como artista, ir mejorando en técnica y en discurso”, dice la artista.

Yanin ve su nuevo taller como una oportunidad para tener una guía, un incentivo para mejorar, para degustar nuevas técnicas. “Me quise salir de mi área de confort para retarme”.  Desde la carrera inconclusa en la Universidad de las Américas no había vuelto a perfumar su trabajo de aguarrás y gracias a la inspiración de un nuevo ambiente hizo la obra en óleo para su última exposición.

La tinta era su recurso para dar sombreados intensos, de líneas negras condensadas para crear volumen y textura rugosa. Ahora, con el óleo, veremos bajo lupa las imágenes bestiales y surreales que bautizará en bastidores cada vez más grandes.  

Foto: Fernanda Ballesteros

Foto: Fernanda Ballesteros

Este fin de semana hay un cuadro suyo expuesto en la galería de Cultura Colectiva en Chiapas 186, Roma Norte, en la capital del país. Es su novena exposición colectiva; individuales ha tenido ya cuatro entre Los Ángeles, Buenos Aires y Ciudad de México. Te puedes encontrar por la calle algún mural Ruibal y sus ilustraciones andan en tazas, fundas de almohada, cobertores y cuadernos.

De los cinco a los 23 años, Yanin competía en equitación para luego continuar con la impartición de clases y equinoterapia. Desde niña ya delineaba caballos y más caballos en sus cuadernos de clase. Iba los fines de semana a la playa desértica en Sonora con su familia y los delfines se anexaron a su repertorio de dibujo tras darles de comer calamar crudo desde la lancha y verlos saltar y corretear el motor casi cada vez que iba.

Desde la infancia hasta ahora, el contacto entre caballos, delfines, pájaros, rinocerontes, sus reacciones, su vida y su muerte son trazos y pinceladas de Yanin. Sea el lado tierno, el salvaje o el místico del humano, Yanin lo aborda desde algún animal.

“Ahora con el óleo puedo lograr un nivel de detalle que con las otras técnicas no podía. Aparte, el óleo es eterno, es la técnica del artista visual por excelencia. No muere, no pasa de moda”, dice.

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