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Alejandro Calvillo

01/02/2023 - 12:05 am

Plagio y boicot de Coca-Cola en Oaxaca

La invasión de los refrescos, en especial de la Coca-Cola, con un fuerte grado adictivo, es casi absoluta.

https://www.youtube.com/watch?v=sFfPw8RF6aM

En solamente 10 años, entre 2010 y 2020, se duplicaron las muertes por diabetes en la población indígena de nuestro país. Más del 70 por ciento del azúcar añadido en la dieta de estas comunidades viene del consumo de bebidas azucaradas. Hace 30 años, la diabetes era una enfermedad rara en estas comunidades, ahora es una epidemia. La invasión de los refrescos, en especial de la Coca-Cola, con un fuerte grado adictivo, es casi absoluta. Si México fue declarado por Oliver de Shutter un país Coca-Colonizado, las comunidades indígenas son su máxima expresión.

La población oaxaqueña es mayoritariamente indígena y tiene la particularidad de expresar una fuerte resistencia al genocidio cultural que el mundo contemporáneo ejerce sobre estas comunidades y sus tradiciones. El impacto que tiene sobre la salud la invasión de la comida chatarra y los refrescos, especialmente Coca-Cola, compromete la vida de la población mexicana, en general y, de manera más grave, la de los sectores más vulnerables. Si la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico ha señalado que los mexicanos estaremos perdiendo cuatro años de esperanza de vida por la mala alimentación, ¿qué puede esperarse entre las poblaciones más vulnerables?, entre las comunidades indígenas donde la muerte por diabetes se ha disparado.  

Si consideramos que los reportes del Global Burden of Diseases, un esfuerzo internacional para determinar las principales causas de enfermedad y muerte, proyecta que uno de cada dos niños mexicanos morirá por diabetes, no hay sistema de salud pública ni economía que aguante este impacto.

En este contexto se aprobó la prohibición de la venta de comida chatarra a niñas y niños en Oaxaca, prohibición que quedó en el papel en un Gobierno priista que no hizo nada por comenzar a implementarla. Esta prohibición fue el resultado de muy diversas expresiones de resistencia frente a esta invasión y daños a la salud de la comida chatarra y las bebidas endulzadas. Una de estas expresiones ha sido la prohibición que en varios momentos han realizado comunidades oaxaqueñas a la entrada de estos productos a sus territorios, no sólo por motivos de salud, también por la enorme cantidad de basura que genera su consumo y que se convierte en un problema para estas poblaciones.

Así surgió la campaña #OaxacaSinChatarra promovida por una red amplia de organizaciones con un fuerte trabajo comunitario que, entre sus actividades, retomó una tradición fuertemente oaxaqueña; expresar a través de murales públicos la resistencia. Hay murales por todo Oaxaca que expresan muy diversas luchas y revaloran muy diversas tradiciones, desde las luchas políticas, de las mujeres, contra la homofobia, de los estudiantes y maestros, contra las desapariciones, etc. Posiblemente, estas expresiones vienen heredadas del pasado, de los murales en las tumbas de Monte Albán y el palacio de Mitla, entre otras expresiones prehispánicas. La riqueza de las artes plásticas oaxaqueñas es enorme, sus escuelas, sus grandes figuras internacionales, desde Tamayo hasta Toledo, y sus expresiones cotidianas de diferentes colectivos y talleres, de una multitud de artistas.

Como parte de la campaña #OaxacaSinChatarra comenzaron a realizarse murales en diversas comunidades revalorando sus alimentos, sus platillos, sus bebidas tradicionales. Artistas como Ana Xhopa han realizado estos murales adentrándose en las comunidades, expresando en ellos la riqueza de la agricultura campesina que mantiene una de las mayores diversidades de alimentos y platillos que, sin duda, contribuyeron a llevar a la cocina mexicana a ser considerada patrimonio de la humanidad por la UNESCO.

Y como es común, el imperio corporativo de Coca-Cola contraatacó tratando de apropiarse de esta tradición de los murales, tratando de cooptar esta iniciativa. Coca-Cola ha empezado a patrocinar murales en Oaxaca para “empoderar a las mujeres” y para el “cuidado del agua”. ¿Empoderar a las mujeres cuando los daños en salud de sus bebidas las empujan a ser las cuidadoras de los enfermos en sus familias? ¿Cuidar el agua cuando Coca-Cola es una de las empresas con mayor extracción de este recurso en el país? ¿Por qué no habla esta empresa de salud, más allá de negar que sus productos provocan daños? ¿Por qué no habla de hidratación saludable?

Coca-Cola ha convocado públicamente a artistas oaxaqueños a presentar proyectos, ofreciendo una paga muy atractiva con la que no puede competir la iniciativa #OaxacaSinChatarra de las organizaciones y las comunidades. 

La campaña #OaxacaSinChatarra revalora las diversas bebidas tradicionales: el Pozol elaborado con maíz y cacao; el Tejate con maíz, cacao y hueso de mamey; diversos tipos de Atole con base en el maíz, diversas frutas o semillas e, incluso, hongos; el Bupu, otra bebida de origen prehispánico, basada en atole blanco, cacao y flor de mayo.

La campaña #OaxacaSinChatarra ha denunciado esta iniciativa de Coca-Cola como un plagio. Se trata también de un boicot, de un maquillaje para aparecer como una corporación preocupada por las comunidades, cuando representa uno de sus mayores daños. 

Durante años, esta empresa mantuvo su campaña: “Millones de tienditas dependen de nosotros”. Como coincidencia, cuando dimos a conocer que la diabetes era mucho mayor entre los propietarios de tienditas que entre la población en general por la alta disponibilidad y mayor consumo de bebidas azucaradas, Coca-Cola retiró este mensaje que se encontraba en varios medios, principalmente, en la parte trasera de sus decenas de miles de camiones rojos que circulan por todo el país.

Las estrategias de maquillaje de Coca-Cola no tienen límites y ahora han ido sobre las expresiones culturales de resistencia y lucha por una mejor salud de la población en Oaxaca, especialmente, de las comunidades indígenas que son más vulnerables a las enfermedades provocadas por el consumo de sus bebidas.

Alejandro Calvillo
Sociólogo con estudios en filosofía (Universidad de Barcelona) y en medio ambiente y desarrollo sustentable (El Colegio de México). Director de El Poder del Consumidor. Formó parte del grupo fundador de Greenpeace México donde laboró en total 12 años, cinco como director ejecutivo, trabajando temas de contaminación atmosférica y cambio climático. Es miembro de la Comisión de Obesidad de la revista The Lancet. Forma parte del consejo editorial de World Obesity organo de la World Publich Health Nutrition Association. Reconocido por la organización internacional Ashoka como emprendedor social. Ha sido invitado a colaborar con la Organización Panamericana de la Salud dentro del grupo de expertos para la regulación de la publicidad de alimentos y bebidas dirigida a la infancia. Ha participado como ponente en conferencias organizadas por los ministerios de salud de Puerto Rico, El Salvador, Ecuador, Chile, así como por el Congreso de Perú. el foro Internacional EAT, la Obesity Society, entre otros.
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