El flujo de información útil y oportuna en estas situaciones es vital. Foto: Moisés Pablo, Cuartoscuro

En el marco de llegada de la nueva cepa del coranavirus (COVID-19) a México, información sin evidencia científica circula en redes sociales y genera desinformación. Esta semana, incluso, la Secretaría de Salud salió a contener una serie de rumores exagerados e infundados a fin de evitar que se anime la tensión social y la violencia.

En este sentido, desde ARTICLE 19 a nivel internacional hemos hecho hincapié en la necesidad de proveer información oficial y datos de manera oportuna y eficaz que permita combatir las teorías de la conspiración que tienen como objetivo difundir miedo, rumores y prejuicios con la intención de inhibir la colaboración entre distintos actores para prevenir y atender la enfermedad por este virus.

Frente a una contingencia sanitaria, requerimos el compromiso del Gobierno, los medios y de la sociedad con la verdad. El flujo de información útil y oportuna en estas situaciones es vital, no solamente para prevenir el contagio sino también para mantener la paz. El rumor y la desinformación pueden generar efectos aún más graves que la propia enfermedad. Es decir, la falta de apego a la ética y a la verdad en un contexto en el que la información se difunde rápidamente puede llegar a convertirse en el origen real de la epidemia.

Para esto es importante tomar en cuenta que la desinformación puede surgir de diversos lugares y, sin darnos cuenta, puede convertirnos en replicadores.

En principio hay que tomar en cuenta que una fuente de desinformación, de las más dañinas, puede venir de personas con “credenciales médicas” que tienen la intención de alimentar la paranoia sin contar con fundamento alguno. Otra forma a través de la cual se busca generar confusión, viene de aquellos que buscan sacar algún beneficio económico de la contigencia, a través de la venta de servicios, curas falsas, libros y cualquier otro producto. Estas personas magnifican la teoría de la conspiración a fin de hacerse de grandes ganancias. También, en un contexto polarizado como el nuestro, están aquellos oportunistas políticos que utilizan la contingencia como una forma para destruir a sus adversarios o, en este caso, al partido en el poder. Finalmente, estamos todas y todos los que contribuimos a fortalecer el rumor, justificarlo y esparcirlo.

Es importante que todos los actores se comprometan a combatir este tipo de prácticas a través de información veraz que permita al público decidir sobre su salud y su vida. En este sentido, es cierto que es necesario hablar de la medidas preventivas (lavarse o desinfectarse las manos frecuentemente, no saludar de beso o mano, estornudar o toser usando un pañuelo o en la parte interna del codo, entre otras recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud) pero también es imperante emitir información que genere confianza hacía los servicios de salud a fin de que aquellos que consideren que pueden estar infectados acudan inmediamente. También es importante, como lo han hecho otros gobiernos, abrir una línea de ayuda o comunicación que pueda apoyar a la ciudadanía a solventar las dudas existentes. Además, se deben impulsar una serie de estrategias que van desde materiales y recursos educativos y abordar las percepciones existentes más allá de tratar de promover un mensaje preconcebido a través de las campañas de salud. Es decir, es importante escuchar y generar mecanismos de diálogo con la ciudadanía, escuchar y responder.

En estos casos, como en aquellos de desastres naturales, es importante eliminar el ruido para que todas y todos podamos escuchar y hacer lo necesario para mantenernos a salvo. Por esto, aún cuando las teorías de la conspiración y mantener la polarización parezcan hacer “más interesante” la conversación, por nuestro bien, en este momento, es importante renunciar a ellas.