Foto: Graciela López, Cuartoscuro

El contexto actual de la humanidad derivado de la pandemia por COVID-19 ha ocasionado cambios profundos en la vida de la gente, tanto en el plano individual como en el social. Estos cambios son de diversa índole, implicando transiciones a nuevas formas de vida, y de ver y entender la realidad. Las sociedades actuales tienen una idea sobre estos cambios al llamar “nueva realidad” a la situación actual.

Si esta “nueva realidad” será temporal o permanente, y si los cambios son superficiales o profundos depende de la mirada del observador o de quien los experimenta. Independientemente de la perspectiva, se identifican diversos aspectos transformándose.

El confinamiento ha ocasionado cambios en rutinas y hábitos. Uno refiere al viraje a una educación escolar virtual. Sea con computadoras o vía televisión, la educación ahora tiene esta característica que puede permanecer a futuro en determinados entornos para optimizar recursos, espacio, tiempo, asistencia y participación estudiantil, y gestión docente, por citar algunos rubros. En los casos que sea posible, el trabajo desde casa (“home office”) también puede que haya llegado para quedarse, y con él, la gestión del tiempo de una manera diferente según las necesidades de cada individuo.

Estando tanto tiempo en casa y con distanciamiento social, pueden darse impactos en la salud tanto física como mental de varios sectores de la población. Enfatizando en la salud mental, se ha comentado sobre casos de depresión, ansiedad, así como estrés postraumático.

Al interior de los hogares también se observan modificaciones en las relaciones familiares. Hay impactos evidentes en la población infantil por el hastío inherente al confinamiento de largo plazo y la ausencia de actividades presenciales escolares y extraescolares. Otro caso refiere a las relaciones de pareja, cuyas modificaciones derivadas del exceso de contacto pueden abonar a conflictos y rupturas, o a acercamientos al reforzar la conexión por el trato cercano y constante.

El ámbito económico y comercial ha sido severamente afectado, y el ritmo de la recuperación económica delimitará el alcance que tenga la transformación de las sociedades, sea como recuperación per se, o como la adaptación a una recuperación ralentizada.

También se deben considerar cambios estructurales de gobierno en todos sus niveles, pues se pueden señalar reajustes a presupuestos y burocracia, así como una mayor participación e injerencia del sector salud en programas y acciones de otros sectores públicos.

Finalmente, está la oportunidad de reestructurar políticas internacionales, nacionales y locales para transitar hacia un desarrollo con sostenibilidad real que incluya acciones ambientales congruentes con la crisis climática que se avecina.

Es un hecho que la pandemia trae consigo transformaciones culturales, sociales, estructurales, económicas, ambientales y de sostenibilidad que necesitan examinarse para ubicarse en el momento actual y visualizar el camino a futuro. La resiliencia del ser humano asistirá a definir si estas transiciones de la “nueva realidad” resultan en cambios permanentes o temporales.