Hay una campaña en contra de López-Gatell basada en viles intereses políticos de grupos de oposición, y económicos de grandes corporaciones. Foto: Graciela López, Cuartocuro.

La postura para juzgar la estrategia del Gobierno frente a la pandemia venía ya determinada, en la gran mayoría de los casos, por la postura que se tenía a favor o en contra del gobierno electo. Este es un fenómeno globalizado, la pandemia es aprovechada por los grupos políticos de oposición, aquí y en el resto de los países llamados democráticos. Ya advertimos que en el caso de México, a los partidos de oposición y grupos con aspiraciones políticas, se suman las grandes corporaciones de alimentos chatarra, refrescos, alcohol y tabaco, para aprovecharse de la pandemia y atacar a un gobierno que los sacó del lugar central que ocupaban dentro del poder político.

En estas campañas sobresalen los articulistas que toman cualquier nota publicada en otra nación y que puede servir para sus ataques, para presentarla como evidencia científica, en medio de un mar de datos contradictorios. Vemos así una larga lista de nuevos epidemiólogos expertos en la COVID-19. No es mi propósito aquí entrar en la misma área, sólo quiero señalar los elementos que, desde una perspectiva sociológica, que si es mi área, deben tomarse en cuenta para evaluar una política contra la pandemia y, en especial, para compararla con la desarrollada en otras naciones. Estos elementos son los determinantes sociales que muy poco se consideran en la marabunta de juicios y opiniones respecto a la estrategia frente a la pandemia en México, en especial, cuando se hacen estos juicios comparandola con otras naciones.

El primer determinante, que debería ser obvio, cuando se comparan resultados entre naciones para combatir la pandemia es la dimensión de la población de México con los países con los cuáles se compara. Se comparan número de fallecimientos de nuestro país con otros que tienen cinco o diez veces menos habitantes. Lo anterior lleva a señalar que deben establecerse las comparaciones por millón de habitantes, cuántos muertos por millón de habitantes tienen los países a comparar. En este sentido México ocupa el 10° lugar en cantidad de población con 129 millones de habitantes, mientras España tiene 46 millones (30° lugar), Italia 60 millones (23° lugar) o Brasil 212 millones (6° lugar). Así como no es válido comparar a México con España e Italia porque sus poblaciones son mucho menores y es lógico que tengamos un número mayor de fallecidos, tampoco lo es comparar con Brasil porque su población es mucho mayor y sería esperable que pueda tener un mayor número de decesos.

El segundo determinante, tan determinante como el anterior, es el grado de pobreza del país con el que se compara. La pobreza es el indicador de una serie enorme de determinantes sociales de las condiciones de vida y de las posibilidades de responder a una emergencia desde la perspectiva individual, social y gubernamental. Comparar la respuesta entre naciones con altos niveles de pobreza y otras que están catalogadas de ingresos altos, no tiene ningún sentido ya que las estrategias tienen que ser muy diferentes para realmente ser efectivas y la pobreza es un factor de alta vulnerabilidad frente a esta pandemia. En este sentido, México presenta un porcentaje muy alto de su población viviendo en pobreza, más del 40%, mientras otras naciones como Bolivia llegan a 34 por ciento o, en su caso, Chile presenta 8.6 por ciento, y en las naciones de ingresos altos, mucho menores.

El tercer determinante es el estado de salud de la población. Cuando nos referimos al estado de salud de la población sería más preciso referirnos al estado del sistema inmunológica de los individuos de esa nación. Ya sea por edad o por salud, el sistema inmunológico se encuentra sano o deprimido. El caso del norte de Italia fue la primera muestra clara de que una población longeva, allá se habla de la cuarta edad, es altamente vulnerable a la COVID-19, ya que el sistema inmunológico a esas edades se encuentra muy debilitado. Se podría esperar que poblaciones como la mexicana con un promedio de edad de 29 años, la vulnerabilidad sería mucho menor. Sin embargo, la incidencia de obesidad, diabetes e hipertensión, por décadas de mala alimentación, nos hace profundamente vulnerables. En este escenario, México presenta uno de las mayores incidencias de sobrepeso y obesidad (+ del 70 por ciento de su población adulta), diabetes (1 de cada 10 adultos) y muerte por diabetes (+ de 80 muertes anuales por cada 100 mil personas).

El cuarto determinante, muy vinculado a la pobreza, es el alto porcentaje de las personas en la economía informal que en un país viven en la economía formal y las que viven en la economía informal. En México más de 31 millones de personas viven en la economía informal, por lo cual, si se consideran los dependientes, la mayor parte de la población vive en la informalidad. Lo anterior significa falta de seguridad social, imposibilidad mayor de guardar confinamiento y, por lo tanto, dificultad extrema para seguir las medidas de sana distancia, higiene, etcétera. La estrategia contra la COVID-19 en un país donde la economía informal es del doble o mayor que la de otra nación, requiere una estrategia diferenciada y sus resultados no deberían ser comparables. Para dar una idea, América Latina y el Caribe, junto con el África Subsahariana, son las regiones en el mundo con la mayor población en la economía informal.

El quinto determinante: la cohesión social o, su contra partida, el grado de aculturación. La integridad cultural que puede observarse en diversas regiones del mundo ha permitido dar una respuesta organizado desde el interior de las comunidades. Esto puede observarse desde las medidas que han tomado diversas comunidades indígenas del estado de Oaxaca, hasta las prácticas en regiones de la India, donde los comportamientos de cuidado han sido ejemplares. Desgraciadamente, los procesos de aculturación provocan una gran vulnerabilidad en la capacidad de respuesta frente a la pandemia. Con valores ajenos trasmitidos a través de los medios de comunicación y la publicidad, que valoran formas de vida individualistas y se presenta el consumismo como el valor supremo y al cual no se tiene acceso, se da una perdida profunda de los valores comunitarios y la confianza mutua. En los cinturones de miseria y en los grupos sociales que han perdido identidad y carecen de acceso a la educación, la desconfianza es profunda, no se siguen las recomendaciones. La desconfianza se agudiza con las pugnas políticas que se aprovechan de la pandemia, como lo ha alertado el director de la OMS.

El sexto determinante y, uno de los más importantes, es el estado del sistema de salud. Se puede medir por número de médicos por cada mil habitantes, por ejemplo, Alemania tiene 4.2 mientras México 2.; por camas de hospital por cada mil habitantes, México tiene 1.4, China 4.3, España 3. De igual manera el presupuesto a salud en nuestro país está muy por debajo del presupuesto destinado en otras naciones, así la infraestructura hospitalaria, número de enfermeros, etcétera. Todo esto se resume en los siguientes datos que se dan por 100 mil habitantes: mientras las muertes por causas prevenibles en México alcanzaban 212, el promedio en la OCDE era de 133; mientras las muertes por causas tratables en México alcanzaban 155 el promedio en la OCDE era de 75.

Estos seis determinantes no son los únicos, pero si deben ser considerados cuando comparamos entre las estrategias frente a la pandemia de diversas naciones. Esta situación no puede analizarse tomando un solo determinante, se necesita cruzar diversos determinantes, debe partirse de una visión de sistemas complejos.
No califico la estrategia en México, no es esta mi especialidad, pero si destaco que hay una campaña en contra basada en viles intereses políticos de grupos de oposición, y económicos de grandes corporaciones, que se han unido para aprovechar la pandemia y golpear al gobierno en la figura del Dr. López Gatell. Entre estos grupos políticos, exfuncionarios y corporaciones destacan los que son responsables de muchos de estos determinantes, en especial, los referidos al estado de salud de la población, al desmantelamiento del propio sistema de salud, además de haber contribuido a una política económica que agudizó los niveles de pobreza en el país.

El interés principal de estos grupos políticos-corporativos no es la pandemia, es volver al poder. No todas las críticas vienen de ellos, hay críticas que deben ser valoradas, escuchadas, dialogadas, reconociendo que ningún gobierno tiene la “bala de plata” para enfrentar la pandemia, y como ha dicho el director de la OMS, pudiera ser que nadie vaya a tenerla. No sabemos aún si las vacunas serán la solución, cuándo llegarán y si la inmunidad que provocarán durará, tampoco sabemos si la caída en contagios en las zonas donde más impactó la Covid-19 provocó ya ciertos niveles de inmunidad. La incertidumbre es el caldo de cultivo para sacar provecho en la lucha por el poder.