La independencia editorial muestra profesionalismo, ética y una opción definitiva por el interés público. Foto: Graciela López, Cuartoscuro.

La independencia de los medios de comunicación ha sido una característica sumamente cuestionada en los últimos tiempos.

La independencia editorial muestra profesionalismo, ética y una opción definitiva por el interés público. Si embargo, en distintos países del mundo, incluido México, la captura de los medios de comunicación ha sido una regla, más que una excepción. En países como Cuba, la imposibilidad de independencia viene desde la sobre regulación que por un lado prohíbe la existencia de medios de comunicación no oficiales y, por otro, restringe de manera terminante la difusión de información contraria a los principios que promueve el Estado revolucionario. En otros países, la captura viene en la asignación de licencias o concesiones a un grupo determinado de poderosos (la propiedad de los medios se mantiene en unos cuantos, aquellos que determinar qué es lo que la sociedad debe o no saber); también, como en México, se acompaña de fuertes sumas de financiamiento público para comprar las líneas editoriales (en los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto se hizo bajo el concepto de publicidad oficial). Finalmente, existen países en donde poco a poco los intereses del sector privado cooptan aquellos de los medios de comunicación.

De esta manera, como lo señala el documento de la UNESCO publicado en el marco del Día Internacional de la Libertad de Prensa “Journalism: free from fear and favour”, la información se sujeta al poder de los grandes anunciantes públicos o privados; a la intención de introducir propaganda como contenidos informativos y; ahora a las grandes compañías de internet que han provocado impactos financieros en los medios de comunicación y les han orillado a mirar nuevas formas de financiamiento y de anunciarse para mantener o captar otras audiencias.

Ahora en el marco de la pandemia, las fracturas existentes en el desarrollo mediático de los países se ponen en relieve y se vuelven más peligrosas si no se toman medidas decididas para tratar de promover mayor independencia y profesionalismo en los medios de comunicación.

Por ejemplo, en un país como el nuestro, en donde la mayoría de los medios dependen hasta cierto grado del dinero público federal, local o municipal; han tenido que enfrentarse, ante la contracción económica, a despidos masivos y, ahora en la pandemia, a la reducción de salarios. Pero también este periodo ha sido una oportunidad de algunos medios para mostrar el músculo que significa la mala propaganda con la intención de restablecer las prerrogativas con las que gozaban anteriormente. Desde Artículo 19 lo dijimos en múltiples ocasiones, el financiamiento público a los medios de comunicación -vestido de publicidad oficial- generó una relación históricamente perversa entre los medios y el gobierno, pues del dinero depende la buena o mala reputación del funcionario público en turno. También es cierto, que es precisamente en este momento en el que los gobiernos ven oportunidad de cooptar las voces independientes para convertirlas en propaganda.

Con esto no quiero decir que en México no existe el periodismo independiente porque lo hay y ha proliferado de una manera importante en los últimos años. Sin embargo, aún no existen proyectos de financiamiento público o privado nacional que tengan la intención de promover el desarrollo y la independencia de medios, falta solidaridad entre los medios de comunicación y el gremio periodístico y también identificar nuevas formas de financiamiento que les permitan sobrevivir sin el dinero público. El año pasado la UNESCO y le gobierno de México anunciaron la firma de un convenio para el desarrollo mediático. Sin embargo, las autoridades en nuestro país no han señalado cuál es el monto que asignarán para su operación y tampoco las reglas de ejecución.

También es importante reconocer que existen intenciones claras de diversos congresos locales y de algunos diputados a nivel federal para criminalizar la libertad de expresión y de alguna manera sobreregular la actividad periodística. Solamente, la semana pasada, en Puebla se presentó una iniciativa que busca criminalizar la difusión de “noticias falsas”.

Finalmente, la intención de captura siempre estará ahí, mutándose, adaptando nuevas formas cuya única intención es el control y la desinformación de la sociedad. Por esto se vuelve más que nunca relevante que los medios difundan información independiente y verificada; que los periodistas se apeguen a normas éticas y profesionales; que los gobiernos y las organizaciones internacionales piensen en formas de financiamiento que no supongan cooptación (con una asignación objetiva y transparente); que los funcionarios reconozcan la importancia del periodismo y; las compañías de Internet se comprometan a promover el periodismo independiente y el desarrollo mediático.