El equipo del profesor Shattock, del Imperial College, trabajaba en una vacuna contra el ébola y la fiebre de Lassa cuando el virus SARS-CoV-2 comenzó a expandirse por China y, pese a probarse sólo en animales, la vacuna basada en ARN auto-amplificado podría arrojar una luz sobre la reciente pandemia en caso de revelar resultados positivos en humanos, como indica el experto a Sarah Boseley en entrevista al medio británico.

Ciudad de México, 5 de julio (SinEmbargo).- La búsqueda de una vacuna eficiente contra la COVID-19 ha derivado en una carrera contrarreloj alrededor del mundo, revelando una variedad de métodos revolucionarios para combatir la pandemia, pero existe uno que podría determinar la pauta sobre la creación de nuevas vacunas, según informa el investigador Robin Shattock a The Guardian.

El equipo del profesor Shattock, del Imperial College, trabajaba en una vacuna contra el ébola y la fiebre de Lassa cuando el virus SARS-CoV-2 comenzó a expandirse por China y, pese a probarse sólo en animales, la vacuna basada en ARN auto-amplificado podría arrojar una luz sobre la reciente pandemia en caso de revelar resultados positivos en humanos, como indica el experto a Sarah Boseley en entrevista al medio británico.

La potencial vacuna se basa en el código genético del virus, de forma que, al ser introducido en el organismo, éste comience a producir anticuerpos que ataquen al patógeno y sean capaces de identificarle en caso de contagio, explica la reportera de The Guardian.

En el texto, Boseley señala que la potencial vacuna cuenta con varias ventajas, entre las que se encuentran su seguridad, la facilidad para ser fabricada y un uso mínimo de material, además de su precio accesible, que rondaría entre los 2.2 y 3.3 euros por dosis, aunque, explica la reportera, los precios se regularían dependiendo de la riqueza de cada país con el fin de asegurar su acceso a las naciones más pobres.

A pesar de sus ventajas, Shattock dice al medio que probablemente no se encuentren entre los primeros en sacar la potencial vacuna, ahondando en que las financiaciones se dirigirán a quienes la saquen primero, aunque la demanda desencadenará problemas en la producción y su precio.

Según el experto consultado por The Guardian, en el caso de que Estados Unidos sea el primer país en lanzar la vacuna, dará prioridad a sus ciudadanos, por lo que habrá naciones que no podrán acceder a la vacuna con prontitud. “La idea de que una sola vacuna se extienda por todo el mundo me parece muy ingenua”, considera.

El investigador también destaca la improbabilidad de que las primeras vacunas aporten una eficacia del 100 por ciento, además de la posibilidad de que la inmunidad sea sólo temporal, por lo que en el caso de Reino Unido podrían combinar la vacuna de su equipo con la que desarrollan AstraZeneca y la Universidad de Oxford, una práctica que, según Shattock, es común: “A menudo se obtiene una respuesta mejor combinando dos enfoques diferentes, uno para preparar al sistema inmunológico y otro para estimularlo”.

La diferencia entre la vacuna de la Universidad de Oxford y la del Imperial College reside en que, al basar los primeros su investigación en partes de adenovirus, podría reducir su eficiencia luego de la primera dosis, en cambio, la del Imperial College se daría en dos inyecciones a lo largo de un mes y podría ser administrada varias veces.

Esta potencial ventaja, sin embargo, no necesariamente implicaría que una sea mejor que otra, subraya el investigador en entrevista con el medio, aunque su vacuna podría despertar un nivel mayor de respuesta inmunológica, lo que se reflejaría en mayores niveles de anticuerpos, aunque, explica, desconoce si ésto significaría un mayor nivel de protección.

El Imperial College iniciará ensayos en humanos a partir del mes de octubre, por lo que a fin de año se podría saber si la vacuna ha sido exitosa.

En cuanto al desarrollo de las vacunas contra la COVID-19 a nivel mundial, la propuesta de Moderna, basada en ARN, podría parecerse a la del Imperial College, pero las dosis son mucho mayores, por lo que el enfoque la farmacéutica no estaría en los países pobres, puesto que tendrían la necesidad de obtener un buen retorno a su inversión, precisa Shattock.

Finalmente, el experto confía en que su nuevo método permita una mayor producción de vacunas en menos tiempo y con menos recursos, lo que podría revolucionar la industria en algunos años.