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Ricardo Ravelo

05/08/2022 - 12:04 am

Capo de Edomex, refugiado e impune en Veracruz

Con el presunto apoyo de autoridades estatales, en el sur de Veracruz se han afincado delincuentes dedicados al tráfico de drogas que provienen del Estado de México y que ya siembran terror y violencia en esa parte de la entidad.

Junto a Álvaro Sánchez y/o Felipe Sánchez trabaja Lorenzo Sánchez Sánchez, su hermano, quien responde al apodo de “Lencho” o “El Señor de los caballos”. Foto: FGE-Edomex.

Un pleito personal puso al descubierto las operaciones de narcotráfico que Álvaro Sánchez, “La Tía” o “El Tartamudo”, realiza en el sur de Veracruz. La organización que encabeza tiene su asiento en el Estado de México y domina buena parte de Guerrero, Michoacán y Morelos. Desde hace tres años opera en el sur de la entidad veracruzana y, de acuerdo con denuncias e informes de inteligencia consultados, tiene compradas a las autoridades veracruzanas, policía ministerial y Fiscalía del Estado. Tan es así que recientemente ordenó al comandante de la Policía Ministerial, José Wong, irrumpir en el rancho “El Tapatío”, en Jesús Carranza, para detener a dos mujeres que fueron acusadas falsamente de secuestro. Dichas mujeres eran empleadas de Jhovany Aguirre, quien asegura que se echó de enemigo a Álvaro Sánchez por negarse a trabajar con él en el tráfico de drogas. Sánchez quería que Aguirre le facilitara los camiones donde transporta ganado y, por negarse, le fabricó varios delitos fabricando expedientes a base de cañonazos de dinero para las autoridades. Pese a todo, el capo vive impunemente en Veracruz, mientras el Gobernador Cuitláhuac García dice que en el estado no hay cárteles.

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Con el presunto apoyo de autoridades estatales, en el sur de Veracruz se han afincado delincuentes dedicados al tráfico de drogas que provienen del Estado de México y que ya siembran terror y violencia en esa parte de la entidad.

Se trata de personajes que ostentan ranchos con pistas de aterrizaje y que poseen aviones y helicópteros; que lo mismo secuestran que intimidan y cuyo poder se ve reforzado por el respaldo de funcionarios de la Fiscalía de Veracruz y policías ministeriales.

Es el caso, por ejemplo, de Álvaro Sánchez Sánchez y/o Felipe Sánchez Sánchez, conocido en el mundo del hampa como “La tía”, “Pollo” y “Tartamudo, quien, además, está identificado por las autoridades del Estado de México y por la Fiscalía General de la República como un narcotraficante de altos vuelos que ha amasado una fortuna cuantiosa mediante el tráfico de drogas que introduce a México desde Centroamérica a través del estado de Chiapas.

Sánchez Sánchez, de acuerdo con la información consultada, encabeza una célula delictiva que tiene su base en el Estado de México pero también tiene amplios dominios en Guerrero, Michoacán, Morelos y ahora opera en el sur de Veracruz, particularmente en los municipios de Jesús Carranza y otras demarcaciones de esa región.

Junto a Álvaro Sánchez y/o Felipe Sánchez trabaja Lorenzo Sánchez Sánchez, su hermano, quien responde al apodo de “Lencho” o “El Señor de los caballos”.

El nombre de Álvaro Sánchez y/o Felipe Sánchez salió a relucir tras el pleito que enfrenta con Jhovany Aguirre Benitez, un empresario ganadero afincado en el municipio veracruzano de Jesús Carranza que es originario del Luvianos, Estado de México.

Según cuenta Aguirre Benitez en una denuncia de hechos que presentó ante la Fiscalía General de la República (FGR), él conoció a Sánchez Sánchez en 2017 en el municipio de Luvianos, en una fiesta patronal de su pueblo. Se lo presentaron unos vecinos, según dijo, y trabaron una amistad que terminó en conflicto.

Aguirre Benitez dice ser un empresario dedicado a la ganadería desde hace varios años. A través de una red de transporte que posee distribuye ganado por varios estados y de ahí obtiene ganancias cuantiosas que le permiten tener una vida holgada, según declaró.

De acuerdo con su denuncia de hechos, a principios de diciembre de 2020 recibió una llamada en su celular. Era Álvaro Sánchez. Según relató, el presunto capo le dijo: “Mira, Jhovany, este año me ha ido muy mal en mi negocio por la línea de trasiego de Tapachula a Querétaro, y me he dado cuenta que tú tienes varios camiones donde transportas tu ganado, que tu empresa es muy reconocida y las empresas para las que trabajas también gozan de excelente prestigio; me he percatado que la policía no te revisa tus camiones. ¿Por qué no me ayudas a transportar droga, y así me apoyas a recuperarme un poco?

Jhovany Aguirre asegura en su denuncia que no dudó en su respuesta:

“No, viejo, no te confundas, a mi ese tipo de negocios no me interesan, discúlpame pero no te puedo ayudar. Yo tengo una empresa limpia, que me ha costado toda una vida de trabajo y no la puedo exponer por ti ni por nadie”.

Algunos días después Sánchez Sánchez le volvió a llamar para insistirle en que entrara al negocio del tráfico de drogas, pero Aguirre Benítez dice que se negó de nueva cuenta. En un tercer intento, a principios de enero de 2021, según contó, el presunto capo, envalentonado por el alcohol, le volvió llamar y lanzó la amenaza directa: “Mira, hijo de tu reputa madre, si no estás conmigo estás en mi contra, y los que están en contra mía se los carga la chingada. No me quisiste ayudar a pesar de que te lo pedí varias veces y de la mejor manera. Ahora atente a las consecuencias. Te voy a matar, te voy a quebrar hijo de tu puta madre”.

En su testimonio ministerial, Jhovani Aguirre expone: ”Yo le colgué porque tengo entendido que este malandro le paga grandes cantidades de dinero a la Fiscalía de Veracruz, Ciudad de México, Estado de México, Querétaro, así como a la Guardia Nacional, a inteligencia financiera, a Femdo, SEIDO y él hace mucho hincapié en que le paga fuertes cantidades al fiscal regional de Coatzacoalcos” (Claudio Vega Ramos). En el entramado de protección con el que cuenta Sánchez Sánchez en Veracruz  también es mencionado el nombre del José Wong Reyes, delegado regional de la Policía Ministerial con sede en Coatzacoalcos.

Y, en efecto, la negativa de Jhovani Aguirre tuvo consecuencias. Álvaro Sánchez movió sus influencias y preparó varias coartadas para vengarse. La primera andanada fue fabricarle acusación por robo con violencia. Para ello, le pagó a varias personas para que lo acusaran del despojo de 2 mil 500 pesos a una señora. Se integró la carpeta 699/2021, radicada en Tlalnepantla, Estado de México.

De igual forma, mediante sobornos buscó a sus aliados en la policía y agentes ministeriales para enderezar otra denuncia contra Aguirre Benítez por el delito de trata de personas. “Ahí señalan que me dedico a prostituir a mujeres”, dice Aguirre en su denuncia. El caso llegó a la Fiscalía Especializada en Trata de Personas, en el Estado de México, y, pese a la falsedad, se integró la carpeta TOL/FPT/017/127144/21/05

Sánchez Sánchez también presentó denuncias en contra de Yuridia Gallardo Maldonado, esposa de Jhovany Aguirre; su hermano Fermín Aguirre, a quienes acusaron del delito de secuestro –carpetas 23/2021 y 710/2021– y por si fuera poco el 14 de agosto del año pasado Jhovany Aguirre fue acusado de portación ilegal de arma y posesión de cocaína con fines de comercialización.

En su denuncia de hechos cuenta que ese día fue bajado violentamente de su vehículo. Los agentes pagados por Sánchez Sánchez revisaron su automóvil y debajo del asiento del copiloto sacaron una pistola calibre .380 que ellos mismos sembraron, relata.

Jhovany Aguirre fue puesto a disposición del Ministerio Público Federal y dieciséis horas después las autoridades realizaron otra revisión a su vehículo y hallaron un paquete con mil gramos de cocaína. Con base en el “hallazgo” fue acusado de portación de arma sin licencia y posesión de droga con fines de comercialización. El juez de la causa lo vinculó a proceso y desde entonces está preso en el Reclusorio Norte de la ciudad de México.

De acuerdo con la denuncia que Aguirre presentó ante la FGR, poco antes de ser formalmente encarcelado, se presentó ante las autoridades Álvaro Sánchez. Ahí lo encaró y le dijo: “Ya valiste madre por pendejo, por no querer ayudarme, y nada más porque la policía fue grabada cuando fuiste detenido, porque de otro modo, te hubieran entregado conmigo y ahorita ya estuvieras quebrado.

A lo largo de más de un año de encarcelamiento, Jhovany ha demostrado la falsedad de las acusaciones en su contra. Cuando ya estaba por obtener su libertad, vino otro golpe de Álvaro Sánchez.

A través de uno de sus aliados, el comandante de la Policía Ministerial del Sur de Veracruz, José Wong Reyes, la madrugada del 27 de julio hombres encapuchados irrumpieron con violencia en el rancho “El Tapatío”, propiedad de Jhovany Aguirre, y se llevaron a dos mujeres trabajadoras –Madai Hernández y Laura Pedraza–, quienes fueron torturadas para que se declararan culpables del delito de secuestro.

Las mujeres detenidas fueron interrogadas a gritos. Les preguntaban si ellas eran cabecillas de la banda de secuestradores. A una de ellas le dijeron que si no se declaraba culpable iban a violar a su hija menor delante de ella, por lo que vivieron horas de terror y violencia.

Tras ser puestas a disposición de las autoridades, las dos mujeres fueron liberadas por falta de pruebas. Todo fue armado para intimidar y sembrar terror. El objetivo de Sánchez Sánchez, según dijeron las detenidas, era incriminar a su jefe –Jhovany Aguirre– ahora por el delito de secuestro.

El capo impune   

El presunto capo Álvaro Sánchez, conocido como “El Tartamudo”, opera en el estado de Veracruz desde hace tres años. Cuenta con un rancho en Oluta, cerca del municipio de Acayucan, que cuenta con pista de aterrizaje y helipuerto. Además, lugareños consultados afirman que también dispone de bodegas para almacenar drogas. Ante esto, las autoridades de Veracruz han cerrado los ojos, a pesar de que el Gobernador, Cuitláhuac García, sostiene que su gobierno no tolera la delincuencia organizada.

En los reportes de inteligencia de las autoridades del Estado de México se refieren a Álvaro Sánchez como cabeza de “una célula dedicada al tráfico de drogas”, pero en el organigrama criminal que presenta se da cuenta que lo que encabeza el llamado “Tartamudo” es un verdadero cártel.

El presunto capo Álvaro Sánchez, conocido como “El Tartamudo”, opera en el estado de Veracruz desde hace tres años. Foto: FGE-Edomex.

Se trata de toda una empresa –o varias– integradas por familiares, en su mayoría, que aparecen en redes sociales presumiendo ropa cara, autos de lujo y exhibiéndose en fiestas con grupos musicales famosos.

El cártel que desde el Estado de México dirige Álvaro Sánchez, alias “La Tia” o “El Tartamudo” está integrado por varias piezas, entre otras, Gustavo Ortiz, “El Lobo”, y Orfelina Rebollar Castelán.

Al mando, pero en segunda posición, figura Lorenzo Sánchez Sánchez, hermano de Álvaro Sánchez; se le conoce en el hampa como “El Señor de los caballos”. Debajo de Lorenzo Sánchez hay una lista de nueve operadores: Juan Carlos Cienfuegos Vera, Felipe Valero, Sergio Macedo, David Valero, Alexander León, Luis Alberto Benítez, José Manuel Benítez, Óscar Vallejo y Mónica Luna Ángeles.

La organización cuenta con amplios contactos en Centro y Sudamérica para enganchar droga; también disponen una red de distribución en Estados Unidos para el envío de dinero que la conforman nueve personas. Algunos nombres: Dexi Jiménez, Santa Guadalupe Guevara, Moisés Jiménez, entre otros que han sido identificados por las autoridades del Estado de México y la FGR.

Los informes refieren que la organización criminal cuenta con contactos en Honduras, de donde se abastecen de droga. La red también la componen nueve operadores.

El cártel dispone de hoteles, restaurantes, bodegas, red de transporte y, según las investigaciones, el jefe del grupo introduce la droga por Tapachula, Chiapas.

Desde hace unos tres años este capo, que extrañamente ha pasado desapercibido por las autoridades –se sabe que la Fiscalía de Veracruz está comprada– opera desde Oluta pero en todo el sur de Veracruz cuenta con propiedades: ranchos , casas y dispone de amplia red de operadores para la recepción de cargamentos de droga.

Se afirma que suele llegar el aviones privados y helicópteros, pues sus ranchos cuentan con pistas de aterrizajes y helipuertos. Y lo peor es que vive en completa impunidad, pues con cañonazos de dinero ha comprado a la policía ministerial y a altos funcionarios de la Fiscalía de Veracruz que, por cierto, está sumida en el desprestigio.

Así florece el narco en Veracruz.

Ricardo Ravelo
Ricardo Ravelo Galó es periodista desde hace 30 años y se ha especializado en temas relacionados con el crimen organizado y la seguridad nacional. Fue premio nacional de periodismo en 2008 por sus reportajes sobre narcotráfico en el semanario Proceso, donde cubrió la fuente policiaca durante quince años. En 2013 recibió el premio Rodolfo Walsh durante la Semana Negra de Guijón, España, por su libro de no ficción Narcomex. Es autor, entre otros libros, de Los Narcoabogados, Osiel: vida y tragedia de un capo, Los Zetas: la franquicia criminal y En manos del narco.
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